El pasado sábado 18 de abril se celebró en la Universidad Austral de Buenos Aires la primera reunión Internacional de Antiguos Alumnos del Instituto Empresa y Humanismo.
Con la presencia de Rafael Alvira, Montserrat Herrero y Belén Moncada por parte del Instituto, alrededor de 20 alumnos de las cinco promociones que han pasado por el Máster y Doctorado en Gobierno y Cultura de las Organizaciones volvieron a verse las caras.
Compartimos un momento de reflexión y debate intelectual con la conferencia inaugural del encuentro y que fue dictada por el Director del Instituto de Empresa y Humanismo, el profesor Rafael Alvira, sobre “Salvar la empresa desde la Sociedad; salvar la sociedad desde la Empresa”, y una mesa redonda posterior sobre la crisis, vista por una filósofa de la política (Montserrat), un economista (Ricardo Crespo) y un empresario (Javer Riuz, Gerente General de Laboratorios Andrómaco).
La conferencia convocó a todas las promociones de antiguos alumnos, como también a académicos y empresarios argentinos. La exposición comenzó con el análisis que Hans Blumenberg realiza en su libro Naufragio con espectador, donde explica que el mar simboliza lo que nos pasa en la vida, ya que “existen momentos de tranquilidad, de viento a favor, se intenta elegir la tripulación adecuada, se procura tener la maestría para orientar bien el rumbo, y uno intenta llegar a buen puerto”.
En su análisis de la crisis actual, ubicó la discusión en la profundidad del problema que nos aqueja como sociedad y que repercute en cómo se entiende hoy la empresa. “Es imposible construir sociedad sin generar confianza”, ya que sin un mínimo de ella es hasta difícil vivir en comunidad, precisa. Lo difícil a su juicio es generarla. Y para ello recomendó a los empresarios la puesta en marcha de ciertos principios “bastante difíciles de poner en práctica”, pero no imposibles, puntualiza enérgicamente.
“Dar un cheque en blanco”. Este sería el punto de partida para generar la confianza que necesita el mundo de la empresa hoy. Para ser confiable hay que primero ofrecerla a alguien, arriesgando incluso a que a uno lo traicionen, explica Alvira. Si un empresario no puede confiar en sus proveedores, en sus clientes, en su entorno o en sus accionistas, es difícil poder darle una continuidad a la empresa. Esto porque no se puede establecer un sistema económico en base a la desconfianza de los demás. Sólo es posible para que la empresa funcione la confianza con todos sus stakeholders, que defiendan públicamente sus valores y que puedan ser socialmente responsables.
Otro elemento –añade Alvira- está en aprender a servir a los demás, ya que no hay sociedad sin servicio en las personas, “debido a que la sociedad es un sistema de servicios mutuos que se manifiesta en dos dimensiones: diálogo y propiedad”, y agrega, que cómo sea este sistema de diálogo y propiedad será la fiel fotografía de cómo es realmente esa sociedad. Y por último, la confianza se logra con dedicación de tiempo, lo que se contrapone con lo que algunas empresas pretenden hacer a través de la red. La inmediatez de internet no genera confianza, ya que ella se genera en el trato por medio del tiempo y “dedicar tiempo implica un sacrificio”, precisa Alvira.
En busca de un humanismo moderno
El trabajo genera trabajo. Eso está claro. Pero la fórmula -explica Alvira- pasa por tres ámbitos: el trabajo sin tenerle miedo; procurar trabajar con personas de confianza; y, tener claro que trabajamos en sociedad, no solos.
Según él, la crisis actual deriva de que esta sociedad presume de ser hiperactiva, pero en realidad “es una sociedad vaga”, comenta el profesor y director del Instituto Empresa y Humanismo. Y hoy un claro ejemplo es el caso de la crisis suprime que “ocurrió por un tema de pereza”. Lo que pasó es que se ahorró esfuerzo en pos de aumentar las ganancias, dice.
Para el gerente general de Laboratorios Andrómaco, Javier Rodríguez, lo que en realidad marca el rumbo de la empresa son las decisiones que toman los empresarios o directivos y que “la calidad de la decisión depende de la calidad de persona que toma esa decisión”. Su reflexión apunta a que cualquier respuesta en economía es una opción humana, de criterio, que termina marcando el futuro de esa empresa.
Otra variable que ha influido en el tema de la crisis tiene su causa en la misma revolución. Una de las cosas más graves que ella provocó fue construir una nueva sociedad en base al individuo “y no en la familia, que es el lugar donde se aprenden los básicos fundamentales”, explica Alvira.
Para la Doctora Montserrat Herrero, Vicedecano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, fue la clase política la que dejó paso a la clase empresarial, esto porque “desde ahora todos los valores pasaron a ser utilitaristas, arraigados en conceptos económico”, precisa. En cambio, explica que, antiguamente, las empresas vivían de las rentas y de la relación con la familia y de otras comunidades pequeñas. Es por esta razón, que para Alvira “la crisis actual no es suprime, es una crisis de falta de familias”. Actualmente las personas se forman de un modo diferente, y “no todos conocen los radicales fundamentales que se conocen dentro de una familia, que es la síntesis de conservar y progresar”. Explica que una sociedad sin familia pierde el sentido de esa síntesis: hay gente que por un lado quiere conservar y otras que quieren cambiar.
La doctora Herrero es optimista frente a la crisis actual y plantea que “desde la propia empresa se puede regenerar la sociedad”. Esto por que la empresa une a las personas en una práctica común que tiene que generar algo común y “pone a las personas a hacer algo juntas, por lo que pasa a ser una organización del bien común”, y con ello la empresa se entiende como una síntesis entre propiedad, trabajo y diálogo, recalca.
El profesor Alvira, al finalizar su clase magistral, hizo un llamado a los empresarios: “si la empresa tiene claro la finalidad para la que está, ella subsistirá”.
Mens sana in…
Después de alimentar el intelecto, el Instituto Empresa y Humanismo invitó a los antiguos alumnos a un tradicional “asado” argentino, con carne de primera y vino de no menos calidad. En el asado, que hicimos en la casa de Raquel Sastre -antigua alumna- pudimos disfrutar, además del bife de chorizo y otras exquisiteces no aptas para el colesterol, de un maravilloso espectáculo de tango argentino de cortar la respiración. Entrelazados como en un beso, dos bailarines nos deleitaron con el singular baile tradicional, chulesco y elegante a la vez. Probamos suerte –con mucha menos fortuna que los profesionales- varios de los presentes. Especialistas como Montserrat Herrero se estrenaron en el arte del tango, quien demostró ser tan diestra con la danza como con la pluma. No sabremos nunca, claro está, si opina lo mismo el argentino que la invitó a bailar…). |

Belen Moncada bailando el Tango
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La jornada acabó divertidamente hacia las 6 de la tarde, donde el grupo se dispersó (chicas a ver tiendas, chicos a… ¿dormir la siesta?).
Fue, en definitiva, un gran encuentro, donde pudimos recordar, reflexionar y compartir. Esperamos que se repita.
Noticia escrita por Josefina Lamas Undurraga, Periodista y Licenciada en Comunicación Social, Universidad de los Andes, Chile. Máster en Gobierno y Cultura de las Organizaciones, Universidad de Navarra (promoción 2006-2007). Actualmente es coordinadora del Departamento de Extensión en la Universidad de los Andes
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