LA ETICA OBJETO DE ESTUDIO

en Anales de Economía y Administración de Empresas, Facultad de CC. Económicas y Empresariales, Universidad de Cantabria, Santander 1995, pp. 137-147. 


Alfredo Rodríguez Sedano
                                                         Universidad de Navarra 

 

Asistimos, como espectadores de excepción, a un cambio que afecta todas las estructuras de la sociedad. El logro de la modernidad, consistente en la recuperación de la razón, como vehículo de diálogo en el que se desea expresar la realidad, haciendo del hombre centro y protagonista de su mismo actuar, ha abocado a una pérdida del sentido mismo de realidad. Clausurado en su propia conciencia, tiñe de subjetivismo su ser y su actividad, desvinculándole de toda proyección constructiva de lo social, a la que el hombre por naturaleza ha sido llamado.

Dicha ruptura se plasma en los diversos órdenes en los que se circunscribe el quehacer humano. A ello no es ajeno el comportamiento ético en uno de los campos que en los últimos años han determinado con mayor fuerza, por el deseo de bienestar, la actividad humana: la economía. No es de extrañar, por tanto, que el interés por redescubrir en el proceso económico una visión del hombre y de la sociedad, se convierta en interés prioritario. La necesidad del bienestar material confirma precisamente el carácter social por naturaleza de la persona. Como ha señalado con acierto Millán Puelles, todo individuo humano necesita la ayuda de otros individuos de su especie para poder vivir y no de cualquier manera, sino precisamente como hombre.Dicha visión abarca aspectos tan radicales como la dignidad de la persona, el ejercicio de la virtudes en las tareas de dirección, los fundamentos morales de la labor del directivo y la responsabilidad inherente a su trabajo, etcétera.

El hombre que, por propia naturaleza busca en el trabajo el modo de realización plena y su propia autodeterminación, como fruto de la libertad que le es inherente a su ser persona, se cuestiona, sin embargo, sobre lo que le es natural. Los valores propios de la economía no sustituyen los valores del ser humano, ni constituyen su propio fin. La tela de araña que la sociedad del bienestar ha provocado en el comportamiento del hombre, como individuo y ser sociable por naturaleza, conllevan un vacío y pérdida de valores, que desorientan todo comportamiento humano anulando el sentido de finalidad. ¿Qué queda por hacer? Recuperar desde el fin, que nos proporciona un saber antropológico, la ciencia ética que regula el comportamiento humano en todas sus facetas. El aprendizaje y desarrollo de la ética como saber normativo, en su vertiente práctica, augura la excelencia de la persona y con ella el logro de la empresa virtual1.
 

La ética económica objeto de estudio

Señala Spaemann2, en su obra Etica: cuestiones fundamentales , la paradoja que supone decir que cada uno debe hacer lo que quiera, pues quien eso afirma no hace sino moverse en un círculo vicioso. En esa afirmación se ignora el hecho de que el hombre no es un ser acuñado de antemano por los instintos, sino alguien que debe buscar primero y encontrar después la norma de su comportamiento. Efectivamente, aspectos tan básicos y primarios como puede ser el lenguaje, no es poseído por naturaleza sino que es preciso aprenderlo. La vida humana no puede ser vivida como pura espontaneidad, al modo como se vive la vida animal. Deseos e impulsos contrapuestos presiden el comportamiento humano. La afirmación: haz lo que quieras, presupone que uno sabe lo que quiere hacer, pues de lo contrario no haría nada; ha de existir un aprendizaje previo, en la medida que la experiencia nos hace ver que toda acción se encamina a un fin.

Se sitúa la ética en el contexto de una ciencia y no en un mero conjunto de opiniones o creencias. El comportamiento humano advierte de la existencia de una verdad que debe dirigir las acciones hacia un fin, justamente a aquello que se quiere hacer, y los medios para lograrlo. El conocimiento ético se enmarca dentro del ejercicio de la razón práctica; por lo que dicho conocimiento actúa, al mismo tiempo, como normativo, es decir, de aquello de lo que se debe hacer, o debe ser hecho.

Desde esta perspectiva, el estudio de la ética proporciona una oportunidad que nos permite valorar la conducta personal y ajena, llegar a acuerdos que permitan una mejor convivencia y salir del conflicto interior en el que con frecuencia se instala el individuo. En otro sentido la ética desvela el talento creativo de la persona, que evita orientar a ciegas su propia existencia de modo caprichoso, o al son de lo que otros señalen.

En este contexto la respuesta del hedonismo que afirma que lo que propiamente y en el fondo deseamos es el placer, hace perder validez al conocimiento ético. La pérdida del sentido de la realidad ya fue reconocida por Freud, cuando señala cómo el principio del placer encuentra su límite en el de la realidad. Lo que se pretende es justamente realidad, salvo que por enfermedad o falsa situación, se busque una salida eufórica que sustituya la realidad que se ha perdido. Como conocimiento práctico, la ética es una ciencia que reclama, no sólo unos principios teóricos que sirvan de coordenadas para el desarrollo de unas acciones, sino que justamente reclama la realidad como ámbito en el que ha de desarrollarse y aprenderse. Es más, el proceso debe ser inverso: la teoría sigue a la práctica. Es claro, que en el comportamiento humano "yo hago lo que quiero"; la cuestión no se centra en hacer lo que uno quiera, sino en saber ¿por qué quiero yo algo? Por eso la ética se enseña primero en su vertiente práctica, y sólo después se hace la reflexión teórica.

La formación ética, algo que se aprende, consistirá en un proceso de sacar al hombre del encierro en sí mismo, enseñándole a objetivar y diferenciar los intereses. Pero esta enseñanza dista del aprendizaje de la defensa de los propios intereses. Cuando se dice que hay que sacar al hombre del encierro en sí mismo, se quiere significar que hay que enseñar a interesarse; pues cuando la persona se limita a la defensa exclusiva de sus propios intereses, en realidad no hace sino curvarse sobre sí misma. La creación de intereses objetivos, que tienen en cuenta no sólo al individuo sino también el carácter social que encierra el individuo, permiten un acabamiento más cabal del fin de la persona. Llano3, en su obra Análisis de la función directiva, ha mostrado cómo las insuficiencias del modelo moderno de gestión de las organizaciones provienen del intento de transferir el racionalismo cartesiano al análisis de la acción práctica, desatendiendo sus esenciales dimensiones éticas y culturales.
 

La razón del ser ético del empresario

Una vez vista, someramente, la conveniencia de una enseñanza ética, sería una presunción por nuestra parte encontrar ahí la razón del ser ético del empresario. El paso siguiente, que fundamentaría la necesidad de esa enseñanza deontológica, vendría a formularse en los siguientes términos: conviene una enseñanza ética porque hay que ser ético en la empresa. Cuando nos referimos a que hay que ser ético en la empresa, queremos expresar un modo de ser que comporta unas pautas, según las cuales el individuo, inmerso en una actividad laboral, logra el perfeccionamiento para el que ha sido llamado de acuerdo con su naturaleza. Las dotes del directivo, en la medida en que necesita estar al tanto de la información y motivación de los trabajadores, de la comunicación entre los diversos niveles, de la delegación de responsabilidades, del impulso de los diferentes equipos de trabajo, de la toma de decisiones que afectan no sólo al ámbito personal, sino también social en la medida que existe una interacción en el entorno en que se desenvuelve, esas dotes no son sólo psicológicas, sino éticas4.

¿A qué nos queremos referir con la necesidad de unas dotes éticas? Sencillamente a que la resolución de las alternativas que se presentan diariamente en un medium como es la empresa, exige un marco que no es otro que la libertad. Intentar resolver las alternativas sin la libertad, es un fracaso. La ética no asegura el éxito en la resolución de las alternativas, como más adelante veremos, pero eso mismo nos debe llevar a entender que si no fuese a sí, la ética quedaría desconectada de la libertad, y el empresario quedaría a merced del puro acontecer económico, social, etc. Pero en realidad el directivo está relacionado con la empresa, en la medida en que pone una alternativa o no la pone. La empresa, como cualquier organización de marcado carácter social, está constituida por alternativas, pero esas alternativas no se estructuran consistentemente sin la ética. El empresario es un ser ético porque es un ser libre. En este sentido el por qué hay que ser ético en la empresa podemos verlo desde dos perspectivas: a) de un lado el empresario frente a la empresa; b) de otra parte el empresario como directivo de la empresa. 

Respecto a la primera cuestión5 habría que señalar tres razones, sin ánimo de ser exhaustivos, por las que parece conveniente no ya tener, sino poseer, a modo de hábito, un comportamiento ético:

1. Las reglas de juego propias de los negocios no se rigen por una ética distinta a la que comúnmente denominados ética, pues en ambos casos el sujeto sobre quien recae la acción es el mismo: la persona humana.

2. El comportamiento ético, aquel que es acorde con unos valores y normas de conducta que emanan de dicho comportamiento inherentes a la persona humana, está íntimamente unido y no contradice el fin de la empresa: maximizar beneficios. Esta consideración supone reconocer jerárquicamente a la persona como valor supremo, pues de lo contrario estaríamos tratando de una ética utilitarista, que niega, precisamente en su consecuencionalismo, todo saber práctico-prudencial.

3. La conducta ética abarca toda actividad, en cuanto a medios y fines, que se lleva a cabo en la empresa. Lo contrario aboca a un reduccionismo, que fijaría su atención en aspectos legales y normativos, deslindados de toda actividad perfectiva del individuo.

Respecto a la segunda cuestión6, se encuentran tres razones, sin ánimo de agotar todas las posibilidades, por las que un empresario debe ser ético, de acuerdo con lo señalado hasta ahora:

1. Por una razón estrictamente personal. Si el hombre debe ser ético en todas las actividades que realiza, como medio para lograr el fin, también deberá serlo en su actividad laboral, ámbito en el que proyecta su ser persona.

2. Por una razón de tipo social. El hombre es un ser sociable por naturaleza y su cabal perfeccionamiento lo lleva a término justamente en la medida en que se adapta al medio social en que se desenvuelve. Parece lógico que la actividad laboral, forme parte y parte importante de ese medio social al que no es ajeno. La responsabilidad social de los actos que se deriven de dicha actividad repercutirán no sólo respecto de sí mismo, sino en aquellos que forman parte de la comunidad social en la que lleva a cabo su actividad.

3. Por una razón profesional. La toma de decisiones, el impulso de los equipos de trabajo, el fomento de la creatividad, el logro de los fines, son aspectos que forman parte del quehacer del directivo. La profesionalidad, entendida como una adecuada preparación personal que facilite el desarrollo de los objetivos tanto personales como colectivos, es sin duda un deber moral ético del directivo. La conducta ética del directivo debe reflejarse en quienes componen ese colectivo y en los efectos derivados de la toma de decisiones. No nos referimos exclusivamente al mero cumplimiento externo de la legalidad vigente que marca las pautas en las que ha de moverse, sino también a la intencionalidad ética con que se toman las decisiones y se busca el perfeccionamiento de quienes de él dependen.

En las dos perspectivas consideradas se aprecia, como señala el propio Argandoña, que la ética es ante todo una responsabilidad, un compromiso, una obligación de cada persona consigo misma, que implica tanto su conducta personal como las actividades externas derivadas de su conducta personal7: el efecto no puede ser ajeno a la causa; o dicho de otro modo, toda causa, todo comportamiento ético, tiene unos efectos, que también han de ser éticos.
 

Necesidad de una enseñanza de ética económica

De lo dicho hasta ahora, hemos de concluir un primer aspecto que creemos es importante: no sólo es posible una enseñanza de ética económica, sino que si el empresario ha de ser ético, es necesaria una enseñanza de esa conducta. Parece claro que esto deba ser así, o al menos así puede derivarse de la necesidad del ser ético tanto en la empresa, como en la dirección.

La enseñanza de unos conocimientos, que comportan unas reglas de juego y técnicas que han de aplicarse, inhieren directamente en el sujeto portador de dichos conocimientos y receptor de los efectos que puedan producirse, fruto de las decisiones libremente tomadas en orden al logro de unos fines. La disfunción entre sujeto y fin, conlleva la reducción de los conocimientos a unas meras fórmulas donde lo que prima es la eficacia, invirtiéndose de este modo la jerarquía de valores en la que se absolutiza como valor supremo lo pretendido, sin apreciar justamente que en esa pretensión las variables de los diversos sujetos que intervienen, pueden no hacer viable determinada "fórmula eficaz".

Visto desde un punto de vista de eficacia, como en última instancia pretende una ética utilitarista, es bueno para la economía y la buena marcha de la empresa una correcta y adecuada enseñanza del comportamiento ético, que sirva para desvelar las múltiples variables que se presentan en el mundo de los negocios. Aun siendo verdad este modo de ver utilitarista, hay que entenderlo como una consecuencia o derivación del buen actuar ético y no como un servirse de la ética para el logro de unos fines. Indudablemente una decisión acertada, por la aplicación de una recta conducta ética, conlleva unos efectos positivos derivados de la decisión afectada por ese modo de comportarse, pero en ningún caso suponen un manual de mayor eficacia económica, aunque en sus resultados se compruebe su eficacia.

Dicho de otro modo, la ética no garantiza el éxito. No se trata, por ello, de renunciar al triunfo, sino de evitar erigirlo en criterio al que el juicio ético se subordine. Concebir la ética como sistema que garantiza el éxito en la empresa, es lo mismo que decir que todo el mundo actúa según las mismas pautas de comportamiento en la búsqueda del bien. Pero esto realmente no es así. Ser ético es algo que se pretende pero no se es, es algo que se busca pero no se tiene.

Es en este sentido en el que apuntan las tendencias de una empresa virtual, en donde ha de favorecerse el principio del stake holder, que señala que el fin de una empresa reside en la satisfacción de los intereses de todos los grupos (empleados, accionistas, acreedores) frente al del share holder, que afirma que el único objetivo de una empresa es maximizar el valor de sus acciones. Sin embargo la cultura postmoderna no brinda los medios para la consecución de dicho fin. Efectivamente Doz8 ha señalado, acentuando la crisis de la postmodernidad, que el declive de la Iglesia, los sindicatos e incluso del Estado significa que los empresarios van a tener un papel central en la formación de la ética de los ciudadanos. Hasta, sin embargo, han sido preparados para aumentar el valor de las acciones de sus compañías.

Como apunta Argandoña, la enseñanza de una ética económica, no fuerza la libertad del individuo a ser más ético. Una persona realiza el bien ético si quiere, y si no quiere, no. Nadie es ético necesariamente. La conducta ética se derivará, en última instancia de las decisiones libres y personales que se adopten ante cada situación, en definitiva de las alternativas de que realmente goce. El ser perfectivo es exclusivo de cada individuo. El aprendizaje puede ayudarles a plantearse la necesidad de ser más éticos, a conocer el modo de serlo y a disponer de los criterios necesarios para ello. El fin que se persigue con la ética no es que la persona actúe bien, sino que esté capacitada para ello9. Negar una enseñanza de este tipo, es excluir la oportunidad de mejorar su formación ética: no conviene olvidar que en una toma de decisiones10, raramente hay una única solución a los problemas planteados.

Enseñar ética no cabe duda que no es sencillo, la aritmética es incapaz de encasillar el actuar humano, rico y valioso en sus múltiples manifestaciones. Pero, no cabe duda que es un deber intentarlo: poner a cada alumno ante la oportunidad de desarrollar al máximo su capacidad de tomar decisiones técnica y éticamente correctas, en las difíciles y diversas situaciones que se plantean en la vida. En definitiva, la Universidad no puede abdicar de su papel humanizador. La persona como sujeto y portador de valores debe presidir todo avance técnico que la ciencia nos proporcione.

Sin embargo, como ya pusiéramos de manifiesto, la enseñanza de la ética ha de llevarse a cabo con el máximo respeto a la libertad personal del individuo; integrando esa enseñanza en un proceso de toma de decisiones, pues de otro modo no estaríamos hablando de una decisión correcta; con un enfoque multidisciplinar en la medida en que afecta a la dirección; con un contenido eminentemente práctico; pero con un cuerpo teórico dedicado a la ética, enseñado en un curso, porque la ética es una ciencia con sus reglas propias, cuyos principios hay que entender para poder asimilar y vertirlos posteriormente en un saber práctico.
 

La empresa y el Estado primeros interesados en esta enseñanza

De todo lo dicho hasta ahora, podemos deducir que el primer interesado en que se enseñe una ética económica, ha de ser la empresa11. Ello porque la empresa aspira a la excelencia. Pero la excelencia no se logra sino en la medida en que el individuo se perfecciona. El perfeccionamiento lo logra en la toma de decisiones, y éstas son eminentemente éticas. La actividad humana al estar asentada sobre la base de decisiones -las alternativas que ofrece la libertad-, no deja indiferente al individuo, mejorándolo o no. No cabe indiferencia en el proceso de autodeterminación de la persona, del mismo modo que no cabe indiferencia en la repercusión de las acciones que realiza.

Sin embargo existe una tendencia a concebir la ética como algo que ya se sabe, o se debe de saber. Esta tendencia lleva a reducir la ética a una cuestión de sentido común, como si el actuar humano fuese una mera cuestión lógica. El entramado humano es tan complejo, como su mismo actuar. Las tendencias humanas son tan amplias, que hace que las circunstancias modifiquen el actuar sobre un mismo hecho en una persona u otra. No existen parámetros que midan un actuar ético. El verdadero parámetro reside en la persona que actúa. No entender esto es considerar la ética como una cuestión de azar y mala suerte, en algunos casos. Con frecuencia se oye comentar: "era buena persona". Todos somos buenas personas, sobre todo una vez muertos. El entorno social lleva a expresiones tan vacías de contenido, que sobre una misma persona y sobre hechos iguales, somos capaces de cambiar el juicio, dependiendo de si está vivo o muerto, si ocupa este puesto u otro, si asume responsabilidades o no. La facilidad con la que se beatifica y se condena es tan vertiginosa que hace pensar si realmente estamos hablando de ética, y en ese caso qué entendemos por ética.

La empresa es efectivamente la primera interesada en este tipo de formación por varias razones:

1. Le es útil para el trabajo que posteriormente debe realizar el directivo o trabajador en la empresa. Si la tendencia que nos impone la competencia en el mercado, es la excelencia, como medio de supervivencia; lo primero que debe buscarse es la excelencia en quien produce -directa o indirectamente- el producto. La marca de la excelencia se dejará notar en lo producido, en la medida en que previamente se de en el que lo produce.

2. Al hacer referencia la ética al conjunto de las virtudes, es más fácil adquirir un comportamiento ético a temprana edad. El desarrollo evolutivo de la personalidad, hace del ser humano un ser moldeable. De lo que se siembre se recoje. Difícilmente podemos exigir algo que previamente no haya sido enseñado. El hombre es un ser que lejos de moverse por los instintos, posee entendimiento y voluntad. Es, si se nos permite usar esta expresión: un diamante en bruto. Pero existe una peculiaridad: la persona es única e irrepetible. No es un objeto que podamos usar y tirar a nuestro antojo, si no ha salido bien. Siempre hay un tiempo, un momento, en el que se puede y se debe aprender a ser persona.

3. Habitualmente la empresa no dispone de personal adecuado y capacitado para este tipo de enseñanza. No es éste el fin de la empresa. En cambio es el marco idóneo en el que el individuo puede realizarse como tal. Realizándose también se aprende, pues el aprendizaje es constante, en la medida, como ya hemos apuntado, que las acciones afectan a la persona mejorándola o no. Es una escuela la empresa, pero de ejercicio de lo ya aprendido. Es una escuela, donde se conjuntan teoría y práctica. Es una escuela, donde la persona, mediante el trabajo, se realiza como tal. Es una escuela, donde se perfeccionan las virtualidades. La asunción de funciones primarias, que no son propias de la empresa, abocarían a la misma a su defunción. Cada cual ha de cumplir su cometido. 

4. El compromiso que adquiere la empresa con la Universidad en investigación científica, como es el caso de la ciencia ética, repercutirá notablemente en la mejora y apertura de nuevos campos. El ser ético no se reduce simplemente a ser bueno o malo. La ciencia económica ha experimentado en estos dos últimos siglos una abrumadora evolución, como evolutivo es el hombre desde que nace hasta que muere. Toda ciencia está abocada a la apertura. Pero esta apertura no es posible sin la investigación al saber, descubriendo la verdad que sobre el mismo saber se encuentra en los diferentes ámbitos de las ciencias. El estancamiento no es bueno. La experiencia que la humanidad ha sufrido desde la modernidad, estancada la razón a un saber subjetivo -en la medida que se da desde el sujeto, al margen de la realidad-, no puede ser satisfactoria. Los interrogantes se multiplican y el saber pierde su unidad en aras de la complejidad. La ciencia económica, conocedora de estas experiencias, ha de saber pasar por alto toda ruptura con la realidad, sin renunciar a su mismo origen. La única salida posible no es sino una mayor y mejor profundización de todo el entramado económico, que necesariamente pasa por el entramado humano, que esencialmente es ético.

Pero como en todos los terrenos que afectan al entorno social, la empresa no debe hacerse cargo de todo. El hecho de que esté interesada en una buena formación ética de sus directivos y trabajadores, no le obliga a asumir con exclusividad ese cometido. El papel subsidiario del Estado juega aquí un papel primordial. Un Estado rico, desea empresas que generen riqueza, para lo que ha de capacitar a las personas en el logro de esos fines. El interés del Estado en una buena formación en todos los ámbitos, y en este caso en el ético, ha de ocupar un papel prioritario de su propia riqueza. No olvidemos que un país es rico porque es capaz de generar riqueza. La clave se centra no en las posibilidades naturales de que disponga, sino en la capacidad de sacarlas todo el jugo posible. Recientemente el Secretario General de la UNESCO apostaba por una inversión del PIB en torno al 6% en educación en todos los paises y especialmente en los desarrollados. Ahí va el futuro. El sistema económico puede ser todo lo rico y variado que se quiera. Puede adquirir las cotas de poder que se deseen. En última instancia quien hace posible que las cosas funcionen son las personas que dirigen y gobiernan, trabajan y hacen fructificar el bien primario en beneficio de los demás. En esto estamos de acuerdo: un país es más rico, cuanta mayor capacidad tenga de producir. Pero la producción se basa en decisiones y la necesidad de una conducta ética, aparece en todo momento como la base necesaria para una buena decisión.
 

Contenido de un curso de ética económica

Un curso de ética económica no pretende sustituir la reflexión personal. Cada individuo debe realizar, construir su propia vida y para ello no existen recetas prefabricadas. La dignidad a la que toda persona aspira consiste en constituir su propio futuro, en la medida en que la actuación es considerada a la vez como una aventura y una conquista. Se trata de llegar a ser el tipo de personas que se quiera ser. Ahora bien para la consecución de ese fin necesitamos un medio que debe ser construido. Pero no podemos considerar que el medio sea el mismo para todos, pues de lo contrario la libertad sufriría uno de los peores ataques: la intolerancia. Sin embargo el trayecto si es común. En un curso de ética se trata de examinar las cuestiones objeto de estudio y considerar las razones que se ofrecen.

A modo de ejemplo, y sin pretender atomizar la cuestión, sugerimos, de acuerdo con Argandoña12, el modo en el que la ética económica puede y debe estar presente en los planes de estudio de una Facultad de Económicas. La mayor flexibilidad que permiten los planes de estudio en la LRU13, hacen viable lo expuesto hasta ahora. Como optativa o libre elección, esta asignatura responde a las espectativas que se esperan de una persona al acabar sus estudios universitarios. Además el carácter opcional que presentan estas dos alternativas, hacen que el alumno adquiera el protagonismo que esta asignatura reclama como punto de partida, necesario para una mejor asimilación. El mismo carácter interdisciplinar que adquiere la asignatura, en el marco indicado, facilita que alumnos de otras licenciaturas, con clara vocación empresarial, puedan beneficiarse de esta formación que le será imprescindible en su quehacer profesional. Nos referimos a alumnos de Derecho, Ingeniería, Humanidades, Médicos que deseen dedicarse a la gestión hospitalaria...

1. La ética presente en todo el curriculum

La identificación de los problemas éticos y el uso de los principios teóricos y prácticos para resolverlos deben estar presentes en las diversas disciplinas y cursos, aunque en diverso grado. Pero esto no es suficiente.

2. El curso de ética de la empresa

Es conveniente un conjunto de clases dedicadas especificamente a explicar por qué es necesaria e importante la ética en la empresa, cuáles son sus grandes principios, sus fundamentos antropológicos y las reglas prácticas de actuación.

3. La ética de la empresa

En un curso de este tipo los principios y criterios éticos deben estar relacionados con los problemas de dirección: conviene no caer en un curso de ética general. Los problemas éticos deben estar determinados por la actividad específica de la empresa, su organización, su dinámica y los roles que las personas tienen dentro de la misma. A modo de ejemplo, el deber de lealtad del empleado para con la empresa, y los límites de esa lealtad, deben analizarse en función del papel de la tarea de ese empleado en la empresa, de sus relaciones con las tareas de los demás y con los fines de la empresa, etc.14 La ética social debe primar sobre la ética privada, sin que ello suponga que las reglas de la ética personal o individual son distintas de las reglas de la ética empresarial o social.

Debiera lograrse un saber unitivo, que intente armonizar los derechos y deberes de la persona con los de la empresa, los intereses personales con los de la institución, el fin individual con el objetivo de la empresa, los beneficios y la eficiencia económica con la buena conducta, el bien de la empresa con el bien común.
 

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NOTAS:

1 Utilizamos aquí el término "virtual" en sentido "virtuoso", como lo reconocen William H. Davidow y Michael S. Malone en su libro The Virtual Corporation, Business Week, 8.II.1993. Para una mayor profundización en este tema, cfr. M. HAUSMAN, Daniel y S. MCPHERSON, Michael, Taking Ethics Seriously: Economics and Contemporary Moral Philosophy, Journal of Economic Litterature, vol. XXXI (Junio 1993), pp. 671-731. También puede ser útil, STEVE COUNELIS, James, Toward Empirical Studies on University Ethics. Journal of Higher Education, Vol. 64, nº 1 (Enero-Febrero 1993), pp. 74-92. Ambos artículos aportan una amplia bibliografía sobre la cuestión tratada.
2 Cfr. SPAEMANN, R., Etica: cuestiones fundamentales, Eunsa, Pamplona 1987.
3 Cfr. LLANO CIFUENTES, C., Análisis de la función directiva, México D. F., Limusa, 1979.
4 Cfr. ORTIZ IBARZ, J. Mª., Ser el mejor: Hacer que otros también lo sean, Cuadernos Empresa y Humanismo, nº 36, Pamplona 1992.
5 Cfr. CORTINA, A., Etica de la empresa. Claves para una nueva cultura empresarial. Trotta, Madrid 1994.
6 ARGANDOÑA, A., La enseñanza de la ética en la empresa, Anuario Filosófico, XXVII (2), 1994, pp. 745-762.
7 Ibid.
8 Yves Doz es catedrático de Técnología e Innovación de INSEAD.
9 ARGANDOÑA, A., ibid.
10 Para una mayor profundización en esta cuestión, cfr. MOSKOWITZ, H., Decisión analysis in contemporary organizations: problems and perspectives, en HOROWITZ, I., (ed.) Organization and Decision Theory, Kluwer Academic Publ., Boston, 1989. Cfr. también HOWARD, T., Implementing decision analysis: problems and opportunities, en la misma obra. 
11 ARGANDOÑA, A., La etica en la empresa en España. Una breve historia, y su estado en los años noventa, Business Ethics: A European Review, enero 1995. En este artículo el profesor Argandoña pasa revista a la situación actual de la ética en la empresa española, los factores sociales que influyen negativamente y la necesidad de dar una respuesta a esa situación. Aporta una amplia bibliografía actual sobre esta cuestión.
12 Cfr. ARGANDOÑA, A., La enseñanza de la Etica en la empresa, Anuario Filosófico, XXVII (2), 1994, pp.745-762.
13 Ley de Reforma Universitaria.
14 SOLOMON, R. C., Corporate Roles, personal Virtudes: An Aristotelean Approach to Business Ethics, Business Ethics Quarterty, 1992 (2).