FACULTAD DE FILOSOFíA Y LETRAS

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Universidad de Navarra
 DEPARTAMENTO DE EDUCACIóN
 

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Asignatura:  [2006/07]
 

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EL SUBJETIVISMO


El Emilio puede ser interpretado desde El Contrato Social, otorgando el rango de fundamento al pensamiento político y social respecto del educativo. Pero ni aún así se logra salvar la contradicción apuntada.

No obstante, cabe también leer el Emilio desde los escritos póstumos autobiográficos; dicho de otro modo, se trata de entender el pensamiento de Rousseau no sólo desde el nivel de sus ideas abstractas, sino en relación con los hechos de su vida y el balance que de ella hace el propio Rousseau. Como señala L. F. Múgica, "el problema de interpretación del pensamiento rousseuaniano estriba por tanto en establecer un equilibrio entre el hombre y su obra, o si se quiere, entre sus escritos autobiográficos y su sistema."

Así, como resultan decisivas las palabras iniciales del Emilio, lo son también las inciales de las Confesiones: "voy a acometer una empresa que nunca tuvo igual y que tampoco tendrá imitador. Quiero mostrar a mis semejantes un hombre en toda la verdad de la naturaleza; y este hombre seré yo. Yo sólo. Yo siento mi corazón y conozco a los hombres. Yo no estoy hecho como ninguno de los que he visto. Me atrevo a creer que no estoy hecho como ninguno de los qyue existen. Si no valgo más, por lo menos soy otro. Si la naturaleza rompió el molde en el cual me ha arrojado, eso nadie puede juzgarlo hasta después de haberme leído." Rousseau pretende enseñar la realidad en su más profunda verdad, y para ello se enseña sinceramente a sí mismo, a sus acciones, deseos y pensamientos. Esto es más que un subjetivismo, pues es, en rigor, una metafísica de la subjetividad; no intenta mostrar solamente como ve él la realidad, sino que pretende que la realidad se ve tal cual es en él mismo.

La pretensión es ciertamente notable, más que sobrehumana, casi divina. Rousseau considera que esto es posible si se cumplen dos condiciones: vivir intensamente la vida y manifestarla sinceramente, transparentemete. Lo primero lo tiene; el reto que debe afrontar es lo segundo: ser un testigo de la verdad. En la medida en que pueda manifestarse como es, Rousseau conseguirá presentar la verdad, no de sí mismo, sino de toda la realidad. La verdadera y profunda intención que le anima es hablar de sí transparentemente, pues así resplandecerá la verdad. De esta forma, Rousseau se perfila como un pensador existencialista, próximo a Kierkegaard, aunque de modo algo atípico según los parámetros usuales que definen al existencialismo contemporáneo.

El gran mal para el hombre no es la sociedad, ni tampoco el estado primero de miseria y debilidad, ni el afán de poder; éstos no son sino efectos de el mal radical: que el hombre no puede ser plenamente uno, uno consigo mismo y con la realidad. Por eso Rousseau dedica su vida a denunciarlo a través de la crítica pedagógica y política, y, sobre todo, a través de la exposición de su propia vida, que ha podido ser errada -lo reconoce así él mismo-, pero no contradictoria con la naturaleza, con ella misma.

Se hace así especialmente relevante la afirmación rousseuaniana de que la contradicción entre la tres educaciones -la de la naturaleza, la de las cosas y la de los hombres- es la fuente de todos los males pedagógicos, sociales y morales. "Ser un hombre sin contradicción interna, ese es el objetivo educativo del Emilio", ha dicho R. Spaeman. Y esa aspiración, aunque no llega a desarrollarse conceptualmente en una teoría de modo suficiente, quedándose sólo a nivel de intuiciones, es seguramente el más importante legado pedagógico de Rousseau a la posteridad: es la indiscutida finalidad educativa de la autenticidad.



 

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