FACULTAD DE FILOSOFíA Y LETRAS

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Universidad de Navarra
 DEPARTAMENTO DE EDUCACIóN
 

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Asignatura:  [2006/07]
 

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EL PENSAMIENTO DE ROUSSEAU


Es riguroso hablar de Rousseau como del inspirador de ideas pedagógicas que fructifican en la modernidad y la caracterizan: la tarea educativa como facilitadora del desarrollo espontáneo y libre; la adecuación de los contenidos instructivos a las exigencias de los períodos evolutivos del niño; la importancia concedida a la actividad y a la experiencia en el proceso de aprendizaje; la motivación del interés.

Sin embargo, no puede decirse que esto sea fruto de una teoría coherente y sistemática, sino más bien de intuiciones y observaciones psicológicas agudas, pero aisladas y muchas veces erróneas. Una gran parte de la fuerza de Rousseau está en su insistencia en algunos principios de fondo que conjuga para explicar los hechos inmediatos de la vida social.

  1. EL NATURALISMO

    La existencia del mal es muy posiblemente la fuente de las preocupaciones y de la temática rousonianas. El mal existe en el mundo, y su experiencia es la causa de la infelicidad humana. Pero Rousseau afirma que el mal no está en la naturaleza humana: tal es el sentido de la bondad original del hombre, fundamento del naturalismo de Rousseau, que aparece en sus vertientes antropológica, político, pedagógica, moral y religiosa. El hombre natural no es la causa de los males; aunque, sin embargo, puede ser ocasión de que aparezcan, debido a su estado originario de miseria y debilidad. Esta es una visión de fondo en Rousseau, un postulado implícito sin el que es imposible entenderlo.

    La naturaleza humana es buena, pero adviene en un estado de debilidad, que no es considerado positivamente por la necesidad que conlleva de pedir ayuda -fundando así la sociabilidad como dimensión natural de la existencia-; sino que es valorado negativamente, pues, lejos de pedir ayuda, el individuo trata de dominar a los otros para salir de su debilidad. Así se originan las instituciones sociales: en el intento de las "voluntades particulares" por imponerse a otras; y así debe llegarse al "contrato", forma de las leyes y las costumbres, y remedio a la tiranía de unos respecto de otros.

    El concepto de naturaleza humana, real y verdadera, no llega a estar claro, ni a ser precisado sistemáticamente. Rousseau no piensa que haya un modelo en el pasado ni en el presente -en su época empiezan a aparecer noticias del Nuevo Mundo que apuntan a perfilar el tipo del "buen salvaje", que acogió Voltaire, entre otros, y que incluso hoy sigue teniendo una cierta vigencia-; tampoco piensa Rousseau que se pueda proyectar hacia el futuro. El hombre natural está dentro de nosotros, y se revela en los impulsos espontáneos. Rousseau lo va a mostrar contraponiendo continuamente los impulsos y movimientos espontáneos -naturales- con las normas y costumbres sociales -culturales-.

    Sentimientos y deseos surgidos de las necesidades primarias biológicas y del desarrollo psicológico ofrecen la imagen real del hombre natural; afectos y afanes provenientes de necesidades ficticias son los que pervierten el natural bueno del hombre. La espóntaneidad es la clave para encontrar la senda perdida de la naturaleza.

  2. EL INDIVIDUALISMO

    El respeto a las inclinaciones y a los impulsos espontáneos orienta el quehacer educativo. A esto se opone la vida social, que con sus instituciones y costumbres trata de refrenar dichos impulsos, desnaturalizándolos. Esta oposición tiene un sentido único en todas sus formas: intensificar la dependencia del individuo respecto, en general, de la cultura de la civilización. Así se perpetua el estado primero de miseria y debilidad, y todo lo que tiene, piensa y hace el hombre, llega a estar viciado.

    Para que la vida natural llegue a ser efectiva, el individuo precisa fomentar eficazmente su autonomía e independencia. Esta es la otra gran finalidad de la acción pedagógica. En el Emilio se insiste constantemente en esto: la mínima instrucción posible, las menores necesidades que puedan tenerse, el aprender a sufrir, la vida en el campo y no en la ciudad; incluso, la menor relación personal y educativa: Emilio dependerá sólo de su preceptor Juan Jacobo.

    En Rousseau, la libertad se concibe como autonomía, como independencia isolativa del individuo: tanto más libre se es, cuanto menos se necesita de algo o de alguien. La felicidad misma es un bien inferior a la libertad, pues es entendida negativamente, como estado de mínimas penas y dolores, y este estado sólo es posible en cuanto que son mínimas las necesidades; pero esto requiere la autosuficiencia e independencia del sujeto, o sea, la realización de la libertad en plenitud. La negatividad de la noción de felicidad lleva al reduccionismo de la noción de libertad.

    De esta forma, toda la educación se orienta por la pauta del individualismo. Toda acción socializadora es nefasta y funesta, pues pervierte la naturaleza humana.

    Aquí radica la más profunda y grave contradicción en la pedagogía de Rousseau, pues según esto, se está educando a un ser antisocial, y, sin embargo, la meta del proceso educativo es la constitución de una sociedad fuerte que prevalezca sobre toda "voluntad particular" -término que forja Rousseau-: ésta será una sociedad realmente humana. En la sociedad, dice Rousseau, hay que "sustituir el hombre por la ley, y armar las voluntades generales con una fuerza real superior a la acción de toda voluntad particular. Si las leyes de las naciones pudieran tener como las de la naturaleza una inflexibilidad que ninguna fuerza humana pudiera vencer, la dependencia de los hombres vendría a ser entonces la de las cosas, se reunirían en la República todas las ventajas del estado natural y el estado civil, se juntaría la libertad que mantiene al hombre exento de vicios con la moralidad que lo eleva a a la virtud"

    ¿Individualismo o colectivismo? Los dos, dirá Rousseau: primero uno y luego otro. Se pretende educar en un radical individualismo, de modo que la voluntad particular pueda realizarse sin cortapisas. Así, y sólo así, cuando se haya logrado el pleno autodominio mediante la plena autonomía, podrá entregarse la voluntad particular a la "voluntad general". Pues la sociedad que desea Rousseau, no es un conglomerado de individualidades radicales, donde prevalezcan las voluntades particulares, sino al contrario, un ámbito de vida donde se anule toda afirmación y deseo individual. De esta forma, se está educando con un sentido que luego deberá subvertirse completamente. Rousseau no dice nada de cómo se realizará esto.



 

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