Son
las víctimas inocentes de la violencia que desencadenan
los adultos y sufren de forma pasiva sus consecuencias. Atrapados
en medio de la pesadilla que asola España, sus juegos infantiles
y sus recuerdos quedarán señalados con una marca
que arrastrarán durante el resto de sus vidas: la huella
de los niños de la guerra.
“Desde los comienzos
de la Historia, los niños han sido víctimas de la
violencia. Sin tener conciencia del por qué, han sufrido
de forma pasiva las consecuencias que toda guerra lleva aparejadas.
Ser niño o niña de la guerra no significa únicamente
haber nacido y vivido la niñez en un país inmerso
en un conflicto bélico, su verdadero sentido viene del
hecho de que ese fenómeno va a suponer un cambio decisivo
en sus vidas, cambio que en otras circunstancias no se habría
producido. Es una generación marcada y la sensación
de algo trágico que les ocurrió en su infancia,
la guardarán dentro de sí o la compartirán
con otros hombres y mujeres que, como ellos, tuvieron similares
experiencias. A la hora de enfrentarse a las consecuencias hay
que ver si los niños son hijos de vencedores o de vencidos,
y si han permanecido junto a sus familias durante la guerra o
fueron separados. En la Guerra Civil se produjo por primera vez
el fenómeno de las evacuaciones oficiales de los niños
solos con el fin de alejarles de los escenarios bélicos.
Los niños fueron llevados a la región mediterránea
de Levante y Cataluña o al extranjero. Los viajes a estas
zonas se hacían en trenes y camiones y los viajes resultaban
peligrosos e incómodos. Cabe preguntarse por qué
se tomó la decisión de evacuar a estos niños
y si fue necesario y conveniente. En cualquier caso la guerra
rompió la infancia de estos niños, les hizo adultos
antes de tiempo y convirtió a muchos de esos “ángeles
perdidos” que nos retrató el cine en la emotiva película
de Fred Zinnermann (1948)”
Las Navidades del año
1937 son probablemente las primeras que los niños españoles
pasan alejados de sus padres. Éstos han decidido separarse
de ellos, con el único objetivo de protegerlos. Los bombardeos
en las ciudades se van haciendo cada vez más continuos
y temen por la vida de sus pequeños. En sus nuevos hogares,
en países extraños y con gente que jamás
han visto, esperan ansiosos alguna llamada o noticia de sus padres.
Pero son muchos los que no reciben esa ansiada carta que tanto
esperan.
.Los padres de estos niños
que abandonan España militan en su mayoría en partidos
políticos y tienen compromiso activo con la causa republicanas
en cuyas filas muchos se encuentran luchando convencidos de las
ideas que defienden.
Las evacuaciones desde
Madrid tienen como principal destino la costa mediterránea
y sobre todo, valencia. En muchos casos, los menores van acompañados
por sus familiares. Otros no tendrán tanta suerte, porque
la guerra ya los ha convertido en huérfanos. Éstos
y otros niños reciben entonces los ciudados de las distintas
oorganizaciones de ayuda. A pesar de que el trayecto no suele
ser muy largo, los viajes se hacen muy pesados. Pese a todo, muchos
padres deciden no separarse de sus pequeños, aun sabiendo
el peligro que eso puede traer para sus vidas. Son incapaces de
ver cómo se alejan sus hijos sabiendo que probablemente
no los vuelvan a vernunca más.
Por otra parte, la vida
de los niños una vez llegados a sus países de destino
no fue tan mala. Con el recuerdo de los padres siempre en la mente,
eran recibidos con los brazos abiertos por sus padres adoptivos,
y agasajados con flores, música, caramelos y aplausos.
Recibieron una atención médica y un cariño
inmensos por parte de sus acogedores, algo por lo que les deberán
estar agradecidos toda su vida, pues los cuidaron como a sus propios
hijos.
En las fotos que acompañan
a esta sección se pueden observar los rostros de los niños
que sufrieron la guerra. En algunos parecen ajenos a la desgracia
que está ocurriendo a su alrededor, pero en otros se aprecia
el cansancio y el miedo ante los bombardeos que asolan las ciudades,
como es el caso de la niñita fotografiada por Robert Kappa
mientras descansaba tras un bombradeo. A pesar de los esfuerzos
de sus familiares por alejarlos del peligro, muchos de estos niños
nunca se recuperaron de las secuelas que deja cualquier guerra,
las bombas y gritos resonaron en su cabeza el resto de sus vidas.
La historia se repite para
32.000 menores que abandonan España, son ellos los que
se convierten en víctimas de un conflicto que no acaban
de comprender. Las imágenes de niños y padres que
se despiden son escalofriantes, y por desgracia cada vez mas frecuentes
durante la guerra. Esta es la parte más amarga de las contiendas;
el tener que ver a menores que sufren sin tener ninguna culpa
de lo que ocurre a su alrededor, de tener que romper su infancia
por un hecho que ni siquiera entienden.