LOS CARTELES DE LA GUERRA

Durante la contienda, ambos bandos utilizaron carteles e hinos para darse ánimos y no caer en el desánimo ante las derrotas, a la vez que para ennaltecerse con sus triunfos. Son carteles de carátrer bélico, muy hirientes hacia el otro bando y con mensajes exaltados. El número de cartles publicados fue inmenso, pero vamos a ver algunos de ellos:

La producción gráfica nacionalista fue casi inexistente. En ello influyó el mapa político que dio lugar el 18 de julio, al dejar el poder de las zonas con industria gráfica en manos de los sublevados. Las contradicciones políticas entre los distintos partidos republicanos se trasladarán también al campo de la gráfica, con el auge consiguiente de la cartelística. Los nacionalistas en cambio, resuelven casi desde el comienzo sus fricciones tácticas y centralizan el mando en el general Franco.
La escasa propaganda gráfica que van a desarrollar es monolítica y unánime en sus objetivos: derrotar a la república. Nada debía perturbar la marcha de la guerra.
El cartel presentado tiene por tanto un carácter especial; muy pocas veces veremos en el bando sublevado una imagen tan directamente partidista como ésta. Demuestra una perfecta coherencia entre el tradicionalismo político y el tradicionalismo artístico.

Por encargo de la Junta de Defensa de Madrid, Cañabate crea uno de los carteles más originales de toda la guerra civil. Frente a una gran mayoría que ataca el fascismo destacando sus aspectos más sórdidos (muertes, bombardeos, su agresividad simbolizada por una fiera…), Cañabate opta por la ironía y el humor, en la línea de la caricatura política que tanto había florecido durante la República. Franco está representado como un rey de bastos de la baraja española, cargado de metrallas y a la vez, gracias al detalle del trabuco, como un salteador y un bandido. Perecida desmitificación sufre su montura, convertida en caballito de tiovivo. Y hasta el rostro del general, llamado irónicamente al pie del cartel “S:E El Generalísimo”, muestra lánguidos rasgos afeminados, resaltados por la presencia de la mariposa ,Las caras que forman la chumbera y las bombas que caen de la nube juegan un expresivo papel de contraste con la aparente inocencia del conjunto.
El mundo cultural republicano se entregó, a partir del 18 de julio de 1936, a la formación del soldado. Hubo campañas de alfabetización en las militancias y después en el ejército regular, dentro de un vasto programa de lecturas realizado a través de bibliotecas itinerantes en los frentes. Se sabe de los concursos de poesía, de recitales y conferencias. Los propios milicianos editaban murales y realizaban dibujos y pinturas. Lo mismo pasaba con el teatro. En el caso de este cartel, el autor anima al guerrillero o al miliciano a no caer en la bebida para que pueda defender a su país. Sino lo hacía, era necesaria su desaparición
En 1937, la república conserva casi intactas sus esperanzas de victoria. Han desaparecido ya el fervor utópico de los primeros momentos y el espontaneísmo, pero el gobierno de la unidad de Largo Caballero mantiene aún vivo el espíritu revolucionario. Todavía no ha llegado el momento de la desunión, de las luchas en Barcelona, del pesimismo. Faltan muchos meses para que las consignas republicanas empiecen a centrarse en convertir la guerra civil en una nueva guerra de la independencia.
Garay es un artista muy poco conocido, pero hizo muchos de los carteles en los que el fascismo aparece convertido y simbolizado en un reptil. Casi podríamos hablar de un subgénero en el que las variantes se reducen al tipo de animal y al rostro de la persona que lo aplasta. En este cartel, la truculencia en un poco teatral.
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Imágenes tomadas del libro "Los carteles de la guerra civil española"
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