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EL EXILIO

 

LA LLEGADA

 

BARRACONES ESPAÑOLES
Panorama exterior de Mauthausen

Vosotros que entráis,
dejad aquí toda esperanza
,
palabras que rezaba la
puerta del Infierno de Dante
y que podían leerse en el
letrero
de bienvenida del campo.

En Agosto de 1940, procedente de un campo de prisioneros de Prusia Oriental, llegó a la estación de Mauthausen un tren de transporte de ganado. Al abrirse las puertas de los vagones, en lugar de animales, cientos de hombres extenuados por el calor, se precipitaron al andén bajo los gritos de ¡Raus, raus! (¡fuera!) ¡Schnell, schnell! (¡rápido!) de los SS. Habían sido tres días de inhumano viaje en esos abigarrados compartimentos, sin comer, sin beber, a oscuras, viajando de noche para que la cruel imagen no fuera vista por las poblaciones, y rodeados de cuerpos inertes por asfixia. A culatazos, y entre mordiscos de perros alemanes, los 300 pasajeros del tren de la muerte fueron conducidos a pie por una senda hacia un alcor en el que se adivinaban unos muros de piedra blanca. No eran judíos, no eran gitanos, ni tan siquiera alemanes contrarios a Hitler. Eran españoles. Republicanos españoles.

 

 

 

 

© José Mª Rodríguez Bravo

Universidad de Navarra
Tecnología de la información-Junio 2005