Situado en el risco más alto, es el compañero y guarda infatigable de la ermita, de la cual sólo le separan unas decenas de metros. Construido en el siglo XI, y disputada avanzadilla en los tiempos de la reconquista , cambió numerosas veces de bando a causa de todas las batallas que ha visto pasar por sus desgastadas piedras. Se dice que fue determinante para la comunicación con el Castillo de Bédmar, que se realizaba por medio de espejos y señales luminosas. Hay una leyenda sobre este torreón que obliga a los lugareños a evitar utilizar el pasadizo de la ermita, aunque sea el más corto, e ir por el sendero exterior.