Dar
o darse, tener más o ser más, ser el mejor
o ser mejor, servir o ser servido...
No
solemos pensar mucho en lo que damos, en lo que tenemos, en
lo que somos, en lo que hacemos. Es necesario que nos lo recuerden
mediante llamadas de atención, toques en el hombro, o
del modo más directo que se puede esperar: el golpe directo
al corazón.
Soy
consciente de que este trabajo ha sido para muchos de vosotros
impactante. Os habéis enfrentado, cara a cara, con el
dolor, la soledad, la tristeza, las lágrimas, la enfermedad...
Algunos de vosotros os habéis dado cuenta de que las
vidas de muchas personas no son como las vuestras o la mía,
y eso os ha hecho pensar, meditar en lo que hace que esas vidas
tengan un valor añadido.
Algunos
habéis entrado en la habitación de un hospital
y os habéis visto que hay gente que sufre, que lucha
por seguir viviendo, que muere poco a poco, que necesita de
una sonrisa, de un rato de conversación, de sentirse
acompañado y también querido por alguien. Puede
ser paradójico que en una sociedad en la que valoramos
tanto el tener, olvidemos qué es lo que llevamos en el
corazón, ignoramos quiénes somos, cuál
es el fin de nuestra vida. Sabemos que la riqueza más
importante que un hombre puede tener es la que alberga en los
pliegues más íntimos de su corazón. Se
deposita allí el amor, la comprensión, la generosidad,
en forma de un sutil polvo de oro que solemos llamar "felicidad".
Hace
unos años un profesor me enseñó que el
ser es más importante que el tener, que el amar es más
que el ser amado, que darse es más importante que recibir,
y servir más que ser servido. Muchos habéis aprendido
que las personas que ofrecen su tiempo, su cariño y sus
conocimientos por los menos favorecidos de nuestra sociedad,
reciben más de lo que dan. Habéis descubierto
los corazones de los hombres en una dimensión más
profunda, más humana y a la vez más divina.
Cuando
lleguemos a ancianos nos miraremos las manos, y podremos ver
si están llenas o vacías, si han trabajado lo
suficiente o si se han pasado la mayor parte del tiempo ociosas.
Qué
lástima si al final de nuestros días no tenemos
los "deberes" hechos, y bien hechos. Y no sólo
en un hacer por hacer, ni en un frenético llenar expedientes.
Hacer los “deberes” es poner el corazón en
todo lo que hacemos, trabajar por un mundo más humano,
más libre, más justo.
Por
eso creo que este ejercicio es importante para los alumnos de
Fotoperiodismo, para vosotros. Al informar con vuestras imágenes
de la labor de muchos voluntarios, ayudadáis a que muchos
se animen a ayudar, a darse, a ofrecer sus manos... Gracias
a este trabajo se podrán limpiar muchas lágrimas,
y en definitiva a hacer un mundo un poco más humano,
más digno, más solidario.