Por
su interés incluimos el artículo de J. M. Casasús
publicado en La Vanguardia:
Las
fotos pueden ser revulsivas, no repulsivas
JOSEP M. CASASÚS - 09/11/2003 – LA VANGUARDIA
Una
fotografía, la publicada el sábado 1 de noviembre
en la página 38 de “La Vanguardia”, motivó
esta semana protestas de lectoras y lectores. Al día
siguiente, el pasado domingo, ya me llamó la lectora
Esperança Figueras para expresar su desacuerdo con la
publicación aquí de imágenes morbosas como
aquella.
En
el correo electrónico leí aquella misma noche
los primeros mensajes de queja de otras personas. Reproduzco
sus argumentos, que el defensor ha hecho suyos en las gestiones
realizadas en la redacción.
El
lector Jordi Jordán expone: “Soy miembro de una
familia en la que se lee ‘La Vanguardia’ cada día
desde hace 40 años. El pasado sábado día
1 de noviembre vimos una fotografía en la página
38 que excede todo lo que a nuestro juicio debe ser publicable.
Se trata de la foto inferior en la que aparece un cadáver
tendido en la playa con la cabeza, o lo que queda de ella, en
forma de calavera. Nos hemos angustiado todos en casa (somos
seis miembros) pensando si esto era un montaje o qué.
Desde luego es de muy mal gusto. No nos enteraremos mejor de
la noticia por ver semejante fotografía”.
Este
lector me pide lo siguiente: “Por favor, le ruego investigue
sobre esta fotografía y si resulta ser verídica
haga saber a la persona indicada que no por publicar semejante
imagen se es mejor informador. Me gustaría que un diario
que para nosotros es toda una institución no cayera en
los vicios que se están instalando actualmente en los
medios de comunicación de enseñarnos los muertos
a todas horas y de cualquier manera”.
El
lector Daniel Rodríguez también expone en su carta
dudas sobre la autenticidad de la foto. Lo hace en estos términos:
“Ni en la noticia ni en el pie de foto se indica si la
instantánea se consiguió a través de un
montaje o si realmente en la playa de El Buzo abundan los cadáveres
con cráneos descarnados. A primera vista todo apunta
a que se trata de un juego de perspectivas, ya que el cadáver
en primer plano parece estar adelantado al cráneo. Sin
embargo, un examen detenido de los dos cadáveres que
se encuentran al lado de los policías nos lleva a la
conclusión de que parece probable que los inmigrantes
llegaran a la playa con el cráneo descarnado, algo bastante
improbable”.
Más
dudas sobre la autenticidad de la imagen: la lectora Aida Tarragó
me llamó el pasado jueves para preguntar también
si la realización de la foto era o no un montaje.
Consulté
primero sobre el origen y veracidad de la imagen. La agencia
Efe difundió varias fotos de aquellos cuerpos en la playa.
Casi toda la prensa las publicó. Muchos diarios incluso
las dieron en portada. La delegada de Efe en Catalunya, Esther
Grávalos, explica: “De las tres fotos difundidas
por Efe ésa era la única con un primer plano.
Evidentemente, la imagen es tan verídica que Efe pudo
optar por digitalizarla y distorsionar la visión del
cráneo. Entendemos que la imagen puede dañar la
sensibilidad, pero Efe no debe por ello enmascarar la realidad,
en este caso unos hechos que muestran el horror de quienes mueren
en el intento de alcanzar la libertad y mejorar sus condiciones
de vida”.
A
parte de las dudas sobre la autenticidad de la foto, los otros
requerimientos de los lectores se refieren a la dimensión
ética de la publicación de esta imagen. Quienes
me han llamado o me han escrito consideran, literalmente, que
la imagen es morbosa o “repulsiva en exceso”, o
que publicarla roza el “sensacionalismo gratuito”.
El
lector Jaume Casamitjana subraya que la foto atenta a la dignidad
de la víctima. El lector Daniel Rodríguez apostilla:
“La foto en cuestión no sólo no aporta nada
a la noticia en sí (el titular ya basta para concienciar
al lector con un mínimo de sensibilidad)”. El titular
rezaba así: “Fallecen 18 personas en el peor naufragio
en patera del Estrecho”.
Las
imágenes lacerantes, como la que hoy nos ocupa, mueven
a deliberar desde dos perspectivas distintas: 1) desde una perspectiva
que podemos denominar “deontología de la contención”
o “deontología restrictiva”; y 2) desde la
perspectiva que podemos denominar “ética de la
concienciación” o “ética activa”.
¿En qué consiste esto?
Una
deontología de la contención impone a los periodistas,
entre otras cosas, renunciar a la difusión de una imagen
si puede causar los siguientes efectos: 1) faltar al respeto
que merecen la intimidad o el honor de las víctimas;
2) acentuar la aflicción de las personas que les son
más allegadas; 3) provocar repulsión en cualquier
persona aunque no sea allegada a la víctima o a su familia.
Una
ética de la concienciación, por su parte, impone
a los periodistas inclinarse por la publicación de una
imagen si puede causar los siguientes efectos: 1) actuar como
un revulsivo sobre algunas conciencias; 2) generar movimientos
de solidaridad; 3) desencadenar iniciativas humanitarias.
No
olvidemos que la ética y la deontología no deben
ser estrictamente pasivas, restrictivas o represivas. Por el
contrario, desde posiciones regeneradoras y exigentes del periodismo,
la ética y la deontología deben ser activas, motivadoras
y movilizadoras.
En
algunos casos, como el que hoy nos ocupa, estas dos categorías
de valores, estas dos dimensiones éticas, entran en conflicto.
En el marco de la ponderación de estos valores, difíciles
de conciliar, la publicación aquí de la citada
foto fue poco afortunada.
Pero
no debe apretarse la autocensura hasta que salte la cuerda del
deber profesional. Los lectores no debemos desmotivar a los
fotógrafos y a los periodistas. Es ético que expliquen
la realidad, por más dura que sea.
Los
códigos deontológicos son restrictivos: enumeran
pecados pero no proclaman virtudes. No suelen recordarnos que
también es un deber de los periodistas contribuir activamente
en favor de valores de verdad, libertad, justicia, paz y solidaridad.
Los
periodistas no deben ser neutrales cuando están en juego
estos valores vitales.
En
este orden de cosas, algunos reportajes, fotos o textos, son
revulsivos: despiertan conciencias, afinan sensibilidades, y
movilizan voluntades generosas y altruistas.
Éste
es también el caso de la entrevista en “la contra”
que Ima Sanchís mantuvo con Arati, la niña de
12 años que vende postales a orillas del Ganges para
sostener a su familia. Explicaré en otra crónica
las reacciones de solidaridad que motivó esa entrevista
publicada el 9 de octubre en “La Vanguardia”.