Menú mochileroDía 8: El encierro

 

Hoy ha sido una amanecer surrealista. Cuando el reloj señalaba las siete de la mañana, algunas personas todavía tenían un Katxi en la mano. Pero eso no es lo raro, lo más extraño es que había salido de casa con dos euros y en esos momentos llevaba cuatro en el bolsillo. Además, estaba en un bar con unas chicas con las que había pasado casi toda la noche, aunque ni siquiera sabía sus nombres. Cuando me han dicho que se iban a la Plaza de Toros a ver el encierro, me pensaba ir a dormir, ya que no tenía dinero y estaba cansado.
Claro, que como luego me he enterado de que era gratis, he cambiado rápidamente de idea. Hemos pasado por una tienda de golosinas cerca de la Plaza del Castillo y me he comprado un bocadillo de tortilla de patata, no quedaba lomo con queso. Estaba bueno, pero me he gastado tres euros y pico, qué caro. Nos hemos sentado en la Plaza para las siete y diez o así. No hemos tenido problemas para encontrar sitio, aunque pronto ha comenzado a llenarse. Los mozos han comenzado a cantar “Hola Don Pepito, hola Don José” y toda la Plaza ha acabado en pie. Me ha encantado.

 

Después han seguido otras canciones y ya, cuando el repertorio parecía acabarse, ha venido la banda de música al centro del ruedo. Con el Riau-riau y los clavelitos se han ganado el entusiasmo de todos los del público.

 

Curva de Estafeta
Entonces, es cuando ha saltado un espontáneo al foso. Qué ambiente, parecía que la fiesta acaba de comenzar. La banda de música se ha ido, y pocos minutos después se ha oído un cohete. Las puertas de la Plaza se han abierto y han comenzado a entrar los primeros corredores. Las críticas no han tardado, llevábamos una hora allí, y ellos que entran los últimos se quedan con el mejor sitio. Sin embargo, poco a poco los mozos que entraban iban más y más rápido. Comenzaban a mirar para atrás con miedo. Ahí es cuando ha aparecido el primer toro. Rápidamente se ha metido en el corral, al igual que han hecho los cuatro siguientes. El último ha sido diferente. Ha dado varias vueltas por la Plaza sin que los mansos (que menudos sustos dan a los corredores, es lo mejor) hayan podido llevarlo hasta su nuevo “hogar”. Al final lo han conseguido y el cohete ha sonado. Toda la plaza ha comenzado a aplaudir. Yo creía que había llegado la hora de ir a dormir, pero no, todavía quedaban las vaquillas. El público ha comenzado a saltar al ruedo para correr delante de las vaquillas, qué sustos se daban. Las dos primeras han estado bien, pero después ya he comenzado a pasarlo mal. Los ojos se me cerraban, tiritaba de frío y me parecía todo muy repetitivo, era la hora de irme a casa.

 

 

 

 

 

Día 7
Volver a inicio Kit de supervivencia Dia 8 sanferpijo
Día 9