Hoy
ha sido una amanecer surrealista. Cuando el reloj señalaba
las siete de la mañana, algunas personas todavía tenían
un Katxi
en la mano. Pero eso no es lo raro, lo más extraño
es que había salido de casa con dos euros y en esos momentos
llevaba cuatro en el bolsillo. Además, estaba en un bar con
unas chicas con las que había pasado casi toda la noche,
aunque ni siquiera sabía sus nombres. Cuando me han dicho
que se iban a la Plaza de Toros a ver el encierro, me pensaba ir
a dormir, ya que no tenía dinero y estaba cansado. |
Claro,
que como luego me he enterado de que era gratis, he cambiado rápidamente
de idea. Hemos pasado por una tienda de golosinas cerca de la Plaza
del Castillo y me he comprado un bocadillo de tortilla de patata,
no quedaba lomo con queso. Estaba bueno, pero me he gastado tres
euros y pico, qué caro. Nos hemos sentado en la Plaza
para las siete y diez o así. No hemos tenido problemas
para encontrar sitio, aunque pronto ha comenzado a llenarse. Los
mozos han comenzado a cantar “Hola Don Pepito, hola Don José”
y toda la Plaza ha acabado en pie. Me ha encantado. |
Después
han seguido otras canciones y ya, cuando el repertorio parecía
acabarse, ha venido la banda de música al centro del ruedo.
Con el Riau-riau y los clavelitos se han ganado el entusiasmo
de todos los del público.
|
|
Entonces,
es cuando ha saltado un espontáneo al foso. Qué ambiente,
parecía que la fiesta acaba de comenzar. La banda de música
se ha ido, y pocos minutos después se ha oído un cohete.
Las puertas de la Plaza se han abierto y han comenzado a entrar
los primeros
corredores. Las críticas no han tardado, llevábamos
una hora allí, y ellos que entran los últimos se quedan
con el mejor sitio. Sin embargo, poco a poco los mozos que entraban
iban más y más rápido. Comenzaban a mirar para
atrás con miedo. Ahí es cuando ha aparecido el primer
toro. Rápidamente se ha metido en el corral, al igual que
han hecho los cuatro siguientes. El último ha sido diferente.
Ha dado varias vueltas por la Plaza sin que los mansos (que menudos
sustos dan a los corredores, es lo mejor) hayan podido llevarlo
hasta su nuevo “hogar”. Al final lo han conseguido y
el cohete ha sonado. Toda la plaza ha comenzado a aplaudir. Yo creía
que había llegado la hora de ir a dormir, pero no, todavía
quedaban las vaquillas.
El público ha comenzado a saltar al ruedo para correr delante
de las vaquillas, qué sustos se daban. Las dos primeras han
estado bien, pero después ya he comenzado a pasarlo mal.
Los ojos se me cerraban, tiritaba de frío y me parecía
todo muy repetitivo, era la hora de irme a casa. |
|
|