Los
Itzaes, quienes vivieron en Tayasal, una isla en el lago Petén
fueron los últimos mayas por conquistar, 170 años
después que cualquier otro pueblo maya. Cada vez que se
intentaba someterlos, ellos respondían agresivamente y
de esta forma conservaron su independencia más tiempo.
Un día, dos sacerdotes, Bartolomé y Juan, deciden
probar suerte para conquistar a los Itzaes. Preparan lo necesario,
consiguen guías y van en busca de los mayas para evangelizarlos.
Llegan a Tayasal, el jefe de la isla Canek los recibe bien, les
da de comer y les explica la organización de la ciudad
y sus costumbres. Les enseña la ciudad y al llegar al templo
más grande les muestra sus dioses.
Entre
ellos se encontraba una figura, de un caballo,
tallada en piedra. Los sacerdotes al ver que adoraban al animal
se enfurecen y rompen la figura del caballo. Los Itzaes se ofenden
y los sacerdotes tienen que huir.