BLAS
Abres el bar un día más. Como todos los días Paul, el borrachín, es el primero que llega. De hecho ya está esperando en la puerta antes de que abras. Te saluda y se sienta en una mesa. Le sirves una botella de vino que paga religiosamente. A lo largo de la tarde le servirás alguna más que no te pagará.
Te sientes sumamente atraído por él y te encantaría hacer algo, pero si algo has aprendido en estos años como camarero es que la gente que vive en estos barrios necesita que la dejen en paz.