Érase una vez un rey llamado Tragón que estaba tan gordo y era tan goloso que tenía empleados a trece pasteleros: el jefe, que se llamaba Mazapán, y doce ayudantes. Don Mazapán era grandote como una enorme tarta de bodas, y los otros doce eran cada uno un poco menor que el anterior; en formación parecían un juego de moldes de pastelería.