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Todo sigue igual.
He gritado con todas mis fuerzas, pero, en vano, aquí no
viene nadie. Estoy comenzando a desesperarme. Todavía me
queda comida, pero sé que algún día se me terminará.
Espero que esto se arregle, esto no puede acabar así. No
puedo acabar de este modo.
No paro de fumar como un poseso, pues no me queda otra cosa que
hacer durante la mayoría del día. Me paso el tiempo
por las habitaciones sin hacer nada o navegando por internet. Me
leo los periódicos digitales de arriba abajo y juego a varios
programas de un CD de juegos que me paso un amigo, pero al rato
tengo que parar por el dolor de espalda. Nunca me había pasado
antes, pero estar mucho tiempo delante del ordenador me produce
dolores en la espalda y en el brazo izquierdo. En la articulación
del codo siento un pinchazo agudo, no sé de qué. Supongo
que el derecho no me molestará porque es que utilizo para
el ratón. No sé.
He intentado entrar en contacto con el exterior, pero es imposible.
Creo que algo está haciendo de cortafuegos con el mundo exterior
y puedo recibir todo pero no puedo enviar nada.
Menudo
destino. Encerrado en mi casa sin poder salir.
Pero no puede acabar así, mi novia tiene que darse cuenta
de que falto. Aunque permanecemos varios días sin vernos,
se tiene que dar cuenta. El otro día discutí con ella,
espero que no me lo tuviera en cuenta. Se llama Isabel.
He decidido escribirle un email, lo pego aquí.
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