No tienes la navaja, aún así decides enfrentarte a los guardias (basándote en tu larga experiencia en el mundo de la investigación). Lamentablemente los años no pasan en vano, mientras intentas arrebatarle el cuchillo al primer guadia, el segundo te da un golpe detrás del cuello, volteas a ver qué ha sido lo que te ha pegado, grave error, has descuidado lo más importante: el cuchillo.

Sintes como violentamente un trozo de metal se incrusta en tu espalda, caes al suelo, estás muy mal herido, los guardias te dejan ahí, con las fuerzas que te quedan llegas hasta el coche, necesitas un médico...

 

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