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Cuando
llegó al castillo su padre estaba muy enfadado con ella y decidió
darle una lección: la encerró en una habitación para
que no pudiera huir.
Sindila
estaba muy triste encerrada en esa habitación. Tenía una
gran sensación de claustrofobia. Se apoyó en la cama y se
estaba quedando dormida cuando vio una luz resplandeciente que entraba
por la ventana: era el hada Rediris.
La
princesa le pidió por favor que le ayudara a salir de allí.
Rediris tuvo una idea:
-
Dile a los guardias que te traigan un ordenador con conexión a
Internet porque estas muy aburrida y quieres entretenerte con algo - le
dijo el hada.
Así
hizo Sindila. Los guardias se quedaron extrañados pero accedieron
a la petición de la princesa porque, al ser la princesa más
pequeña, le tenían mucho aprecio.
Instalaron
el ordenador y en cuanto se fueron Rediris cogió de la mano a la
princesita y de un saldo se metiron en el ordenador. Fue un viaje de lo
más emocionante navegando por la red hasta llegar al ordenador
del hada que siempre lo dejaba encendido por si las moscas. Salieron del
ordenador y tomaron un té antes de echarse a dormir.
Al
día siguiente Rediris tenía que ir al río porque
tenía que arreglar el ordenador de la sirena Ariel. Sindila le
acompañó y mientras el hada se introducía en el río,
se acostó en una roca. Allí estaba tomando el sol cuando
le sorprendieron de nuevo los guardias de su padre.
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