El hada en cuestión era Rediris y se sorprendió mucho de ver a la princesita sola.

- ¿Qué haces tu sola por estos parajes? ¿Te has perdido? - Preguntó el hada.

- No me he perdido, me he escapado del castillo - contestó Sindila.

- Pero eso significa que tu familia estará muy preocupada por ti.

- Me da igual - contestó la princesa - estoy harta de ellos. Yo lo que quiero es no estar encerrada siempre entre cuatro murallas.

- Te voy a llevar a mi casa porque se está haciendo de noche y empieza a refrescar.

Mañana te llevaré a tu castillo.

Sindila no protestó y se encaminó junto a Rediris a un enorme roble.

- Mientras hago la cena puedes chatear un poco en mi ordenador con los elfos y las ninfas- le comentó el ser mágico.

- ¿Chatear? No se que es eso - contestó Sindila.

- ¿No? Que bien, te voy a poner al día en la informática y en la red - dijo Rediris muy contenta.

De pronto aparecieron los guardias del rey que divisaron a Sindila. El hada pudo camuflarse entre unas flores mientras veía como se llevaban a su nueva amiga que derramaba lágrimas desconsoladamente.