Un día perfecto para
J.D. Salinger

 

No me voy a acostar, después de todo. Alguien por aquí ha asesinado el sueño.
Se lo tiene merecido.

    Y yo suscribo: no puedo dormir. Evidentemente, esas palabras no son mías, ¡ojalá! Yo lo único que hago es robárselas al autor y recopilarlas en mi libretilla. Y confieso que el tío Salinger es uno de los más afectados por mis arrebatos mangantes. No lo puedo evitar… ni tampoco quiero: estoy tan encantada de conocer a Holden Caulfield, al hombre que ríe, a Daumier-Smith y a toda la familia Glass, que ya no concibo la literatura sin ellos, sin sus rarezas, sus locuras, sus fantasías… sus vidas. Pero qué extraño se me hace hablar de ellos contigo (¡y a sus espaldas!). Total, ¿qué puedo decir yo? Lo mejor que puedes hacer es llegar a conocerlos tú mismo, meterte en su mundo. Yo, si quieres, puedo dibujarte un mapa para que llegues hasta allí. Una vez allí, quémalo. Es lo mejor que puedes hacer.

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   * Emprendamos la marcha:

     Gasolina y provisiones

     Viaje al centro de su obra

     Primera parada

     Segunda parada

     Tercera parada

     Cuarta y quinta parada

     Fin del viaje a ninguna parte