No me voy a acostar, después de todo.
Alguien por aquí ha asesinado el sueño.
Se lo tiene merecido.
Y yo suscribo: no puedo dormir.
Evidentemente, esas palabras no son mías, ¡ojalá! Yo
lo único que hago es robárselas al autor y recopilarlas
en mi libretilla. Y confieso que el tío Salinger es uno
de los más afectados por mis arrebatos mangantes. No lo
puedo evitar
ni tampoco quiero: estoy tan encantada
de conocer a Holden Caulfield, al hombre que ríe, a
Daumier-Smith y a toda la familia Glass, que ya no
concibo la literatura sin ellos, sin sus rarezas, sus
locuras, sus fantasías
sus vidas. Pero qué extraño
se me hace hablar de ellos contigo (¡y a sus espaldas!).
Total, ¿qué puedo decir yo? Lo mejor que puedes hacer
es llegar a conocerlos tú mismo, meterte en su mundo. Yo,
si quieres, puedo dibujarte un mapa para que llegues
hasta allí. Una vez allí, quémalo. Es lo mejor que
puedes hacer.
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