| PRIMERA
PARADA:
El guardián entre el centeno o The catcher in the Rye o El catcher borracho, para los obsesos del doble sentido: catcher por el guante lleno de poemas escritos en tinta verde; borracho por su afición al whisky Rye En fin, no hemos pasado del título y ya estamos con los miles de sesudos intentos de explicar lo que Salinger quiso decir, dijo, no dijo, sugirió, supuso y significó. Qué más da. Yo sólo sé que releo las frases subrayadas en el libro, a menudo páginas enteras, y vuelve esa sensación extraña, una emoción que se coloca en el estómago y avanza hasta la cara, cambiándome el gesto. La primera vez que lo leí me resistía a llegar al final, no quería que acabara nunca, pero cuando por fin llegué, me eché a llorar un buen rato ¡más a gusto! Lo más curioso es que no sé qué produjo esa reacción es algo que te viene agarrando desde el principio, y al final ya no aguantas más y estallas. Sé que a mucha gente no le afecta así, ni mucho menos: algunos piensan que Holden Caulfield es un niñato bastante simple por su forma de escribir y por decir "jo" y a mí es precisamente eso lo que me encanta, esa naturalidad, su cercanía ; otros dicen que el prota es un raro sarcástico con mal genio, un mentiroso compulsivo, un cobarde que desprecia a los viejos, los plastas y, sobre todo, a los hipócritas sin olvidar a los tarados a los que les revienta que se lo digan; de todas formas, yo creo que Holden es, en el fondo, un pedazo de pan: idealista, sentimental, gracioso, sincero, observador, sensible, imaginativo, impulsivo, profundo y muy, muy melancólico ¡si es que es más rico, aay!
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