"Alguien por aquí ha asesinado el sueño.
Se lo tiene merecido"
(J.D. Salinger)

Momentos de lucidez, inspiración inoportuna. La noche avanza y el sueño no llega... Un minuto de silencio debería de bastar.
Pero no, él no me lo permite:

Soy la esclava de un cerebro inoportuno. Tiene vida propia y sueño cambiado: dormita durante el día y me incordia durante la noche con un caleidoscopio de ideas extravagantes y dudas metafísicas de todo a cien, con la crisis del "número e" y el porqué de mis peinados...
Se supone que debería cerrar los ojos y caer rendida en un profundo y dulce sueño... Ocho horas, como recomiendan las modelos. Hmm, sí, ocho horas de relajación y descanso. Sencillo...
...Idílico... Todo mentira. Se sorprenderían de lo apasionante que es mirar la oscuridad con los ojos bien abiertos y, mientras, memorizar la lista de la compra, pensar en la diferencia entre mahonesa y salsa fina, o en la forma ideal de pedirle a Juan su martillo...hasta optar por no hacerlo.
Y así, van cayendo los minutos, lentamente. Estoy tan nerviosa como una niña en la víspera de su primera excursión (al país de las maravillas o, en su defecto, al cutre-parque-de-atracciones del
lugar). Tan nerviosa que podría empezar a llorar ahora mismo, pero no se me ocurre cómo. Me duele el cansancio. Y aun así, mi pie izquierdo no deja de menearse bajo la sábana, inquieto. Por no hablar del movimiento demencial de mis ojos bajo los párpados. Creo que siguen el ritmo ensordecedor y desacompasado que les marcan todos los relojes de este cuarto. Dan ganas de estamparlos contra la pared y que se callen. ¡Que no son horas, hombre! Sí amigos: estoy enloqueciendo, no hay duda.

Y la verdad es que, llegados a este punto de desquiciamiento absoluto, no queda nada más que abandonarse a la noche inventada y viajar hasta mi lugar feliz. Y si la ficción también me falla, me rebelaré con la fuerza hiperactiva de la madrugada. Podría hacer tantas cosas... Limpiar el baño, recoger la habitación, fregar el suelo con vinagre, restaurar la consola de la tía Enriqueta, cantarle al amor a la luz de la luna, plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo...

O quizás solo dormir. Cerrar los ojos y caer rendida en un profundo y dulce sueño... Hasta mañana, amigo mío.

 

 

Colección

de

Favoritas

Despedida

y

cierre