INDIANA GRAFIELD EN BUSCA DE
LA LASAÑA PERDIDA |

Corría el año 1936 (osea, hace un huevo de tiempo; a pesar de a que los papis les guste decir eso de que "fue ayer"). Nuestro joven y horondo amigo, el arqueólogo Indiana Garfield, llevaba cuatro horas delante del televisor. Ya le quedaba poco para acabar la comida del tercer carro de la compra del Superoski, cuando una llamada le sorprendió en su paraíso gastronómico. Buscó un teléfono al que se le oía llorar entre la montaña de despojos de todo tipo de cosas comestibles y sacó un aparato pringado de chocolate derretido y dijo: -
¿Quién osa interrumpirme en mi tentenpié diario
ubicado entre la merienda y la cena? |