Y, después de una breve pausa, Pío Cid comenzó el cuento de la siguiente manera...
 

Hace ya mucho tiempo, en el interior de Arabia, vivía hace ya mucho tiempo un rey llamado Abd-el-Malik, que era un verdadero rey: un hombre de valor, de talento y de humanidad. Juntaba a las más nobles cualidades del espíritu una figura gallardísima, heredada de su madre, la esclava favorita del rey Abd-el-Eddim. Y entre tantos hijos como tuvo aquel buen rey Abd-el-Eddim, ninguno le llegó al tobillo a Abd-el-Malik, que por un feliz cruce de sangre fue un dechado de perfección y modelo de reyes...

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