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- Ahora cuéntenos usted algo -insistió Paca, que sin
saber por qué se había empeñado en que Pío Cid era un gran
cuentista y debía saber muchas historias maravillosas.
- Puesto que tanto empeño tenéis, os voy a contar un cuento
árabe que, no me acuerdo dónde, leí hace muchos años.
Y al decir esto recogió un poco la atención para recordar,
aunque no recordaba, sino que inventaba rápidamente la urdimbre
de la fábula sin gran esfuerzo, porque su imaginación era
felicísima.
- ¿Cómo se llama ese cuento? -preguntó Martina.
- No me acuerdo bien -contestó Pío Cid-; creo que se
titula Elección de la esposa de Abd-el-Malik, y que
formaba parte de un libro donde se contiene la historia de este
famoso rey.
- ¿Y quién era ese rey? -preguntó Martina.
- Abd-el-Malik, el siervo del ángel, fue un rey muy
glorioso, aunque yo no sé fijamente si existió, o si el nombre
es fingido -contestó Pío Cid-. Pero lo que es cierto es
que, con un u otro nombre, el rey existió, y lo que el cuento
dice ocurrió puntualmente.
Y después de una breve pausa, lo comenzó de esta manera:

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