Ama de los animales (Irán, 1200 a.C.)

- Ahora cuéntenos usted algo -insistió Paca, que sin saber por qué se había empeñado en que Pío Cid era un gran cuentista y debía saber muchas historias maravillosas.

- Puesto que tanto empeño tenéis, os voy a contar un cuento árabe que, no me acuerdo dónde, leí hace muchos años.

Y al decir esto recogió un poco la atención para recordar, aunque no recordaba, sino que inventaba rápidamente la urdimbre de la fábula sin gran esfuerzo, porque su imaginación era felicísima.

- ¿Cómo se llama ese cuento? -preguntó Martina.

- No me acuerdo bien -contestó Pío Cid-; creo que se titula Elección de la esposa de Abd-el-Malik, y que formaba parte de un libro donde se contiene la historia de este famoso rey.

- ¿Y quién era ese rey? -preguntó Martina.

- Abd-el-Malik, el siervo del ángel, fue un rey muy glorioso, aunque yo no sé fijamente si existió, o si el nombre es fingido -contestó Pío Cid-. Pero lo que es cierto es que, con un u otro nombre, el rey existió, y lo que el cuento dice ocurrió puntualmente.

Y después de una breve pausa, lo comenzó de esta manera: 

 

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