El aprendiz de detective   por Alberto Sánchez  

Cuando entras en el salón apenas puedes contener una arcada. 
El olor de la sangre coagulada inunda la estancia. Además hay algo 
más, extraño, irreconocible, en el ambiente. El gran ventanal está 
abierto. Las cortinas ondean con el  viento de la tormenta. Elevas el 
candil, preparándote de antemano para lo que vas a ver...

El desorden reina en el cuarto. A pesar del refinamiento de la decoración, la 
escena bien podría pertenecer a una cacería en pleno bosque. Un 
charco de sangre seca cubre parte del suelo, como si brotara de la 
boca de la piel de oso que está tendida ante la chimenea. Algunos 
troncos ennegrecidos  se desparraman sobre el suelo de madera. Y en 
el centro de la escena, en una postura imposible, yace el Doctor Smith. 


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