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Universidad Nicolás Copérnico, Torun, 23
de septiembre, 2008
El pasado 23 de septiembre tuvo lugar en la Facultad
de Teología de la Universidad Nicolás
Copérnico de Torun (Polonia) un homenaje
póstumo a la figura de D. Mariano Artigas. En dicho
acto participaron el actual decano de la Facultad
Eclesiástica de Filosofía, el profesor
José Ángel García Cuadrado que
trazó algunos rasgos biográficos y
académicos del profesor Artigas. A
continuación intervino el Arzobispo de Lublin Mons.
Josef Zycinski, profesor de filosofía de la ciencia
y gran amigo de D. Mariano. En sus palabras subrayó
algunas aportaciones del homenajeado a la
epistemología contemporánea, mostrando la
relevancia de sus trabajos en el contexto actual.
Finalmente cerró el acto, el profesor Witold Dorsz,
antiguo alumno de la Facultad, que trató de la
personalidad de D. Mariano Artigas como "maestro".
Intervención del profesor D. José Ángel García Cuadrado
Excmo. Sr. Arzobispo de Lublin, obispo de Torun, Alcalde
de Torun; ilustrísimas autoridades
académicas; estimados antiguos alumnos.
Poco después de la medianoche del sábado
23 de diciembre del 2006 se nos marchó D. Mariano
Artigas a la casa del Padre: tenía 68 años de
edad. Desde hacía poco más de un año
había sido diagnosticado de una grave dolencia a la
que se enfrentó con la serena fortaleza de un hombre
de fe y con la tenacidad propia de su carácter
aragonés.
Muchas emociones confluyen al recordar su figura, pero
hay dos que afloran con más fuerza: la
admiración y el agradecimiento. Al hilo de estos dos
sentimientos quisiera evocar algunos rasgos
biográficos de este sacerdote ejemplar y trabajador
infatigable.
Los años de Zaragoza, Barcelona y Roma
D. Mariano nació en Zaragoza el 15 de diciembre
de 1938 y –como le gustaba recordar-, a pocos metros
de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar.
Se sentía muy vinculado a esta advocación
mariana: de hecho, una de sus últimas publicaciones
se encuentra precisamente un artículo aparecido en
una revista de Mariología, Scripta de Maria.
Sus orígenes aragoneses dejaron en él una
impronta de noble austeridad y sencillez muy
característica de su personalidad, así como
su perseverancia y tesón.
Se trasladó a Barcelona para comenzar la
licenciatura en Ciencias Físicas. Una vez
licenciado, marchó a Roma para completar sus
estudios eclesiásticos. Pudo vivir muy cerca junto
al Fundador del Opus Dei, San Josemaría
Escrivá, madurando allí su fidelidad y amor a
la Sede de Pedro.
De su estancia romana, D. Mariano recordaba los
exigentes exámenes orales, en latín, ante un
verdadero "tribunal" eclesiástico. El tiempo
escaseaba y en los viejos tranvías romanos, D.
Mariano cultivó el hábito de leer y estudiar
aprovechando los largos trayectos que le separaban de la
Universidad Lateranense. Hábito, por cierto, que
mantuvo a lo largo de toda su vida. En Pamplona, no era
infrecuente verle caminar con un libro entre las manos, al
tiempo que estaba pendiente sin gran esfuerzo de las
incidencias del tráfico. De vez en cuando nos
tranquilizaba asegurándonos que tomaba todas las
precauciones para no provocar ningún accidente, ni
ser víctima de ningún automovilista menos
atento. Alguna vez le oí comentar que entre otros
libros, había leído de ese modo –y
puedo afirmar que con aprovechamiento- la Suma contra
gentiles de Santo Tomás. Los que conocimos de
cerca a D. Mariano sabemos ésta era una
manifestación de su pasión por exprimir el
tiempo y trabajar con ilusión. Sólo
así se explica su extraordinaria capacidad de
trabajo intenso que logró desarrollar a lo largo de
su vida.
En julio de 1963 defendió su tesis doctoral en la
Facultad de Filosofía de la Universidad Lateranense;
su investigación llevaba por título "El
problema de la substancialidad de las partículas
elementales: estudio sobre la aplicabilidad de la
noción de substancia en la microfísica". La
tesis doctoral fue dirigida por el profesor Roberto Masi.
El problema elegido en esta investigación no era
sencillo: se trataba de armonizar las modernas
explicaciones físicas con las categorías
filosóficas heredadas de la cosmología
escolástica. Si bien es cierto que esas
categorías cosmológicas podían y
debían ser reformuladas a la luz de las nuevas
perspectivas científicas, no es menos cierto que las
ciencias de la naturaleza no pueden prescindir de unas
bases filosóficas sobre las que se sustentan las
teorías científicas.
De nuevo en Barcelona
En 1964 D. Mariano recibió la ordenación
sacerdotal y regresó a Barcelona. Allí,
durante más de veinte años, fue
capellán del Colegio Mayor Monterols para
estudiantes universitarios. Son cientos los estudiantes que
durante esos años tuvo la oportunidad de tratar
sacerdotalmente. Con su carácter sereno y discreto,
gran deportista y amante de largos paseos de
montaña, supo ganarse la confianza de aquellos
universitarios que encontraban además en D. Mariano
al estudioso que sabía estar al día
también de los principales debates
científicos.
Esos años de Barcelona fueron años de un
intenso trabajo intelectual. Junto a la amplia tarea
sacerdotal que desempeñaba, supo sacar tiempo para
completar su formación académica al
más alto nivel. En octubre de 1968 obtuvo el Grado
de Doctor en Ciencias Físicas por la Universidad de
Barcelona, con una tesis que llevaba por título:
"Relación y estructura en la mecánica
newtoniana". Desde ese año hasta 1972 imparte cursos
ordinarios de Filosofía de la Naturaleza y cursos
monográficos de Epistemología.
En junio de 1979 obtiene el Doctorado en
Filosofía, también en la Universidad
barcelonesa, con una investigación sobre "La
confiabilidad de la ciencia y su impacto
filosófico". Fruto de esa investigación es el
estudio crítico sobre el libro La búsqueda
sin término de Karl Popper. La
relación intelectual con este autor, con el que se
entrevistó personalmente y mantuvo correspondencia
frecuente, puede considerarse paradigmático de su
quehacer intelectual. La crítica a Popper,
científico agnóstico, estuvo siempre
impregnada de respeto y admiración: sin ser
popperiano, D. Mariano supo valorar las interesantes
perspectivas que abrió este autor en la
epistemología contemporánea y sus
aportaciones para determinar la validez de la ciencia
experimental. Así se explica que años
más tarde tuviera el privilegio de editar unos
comentarios inéditos del filósofo austriaco
sobre el racionalismo crítico.
Los años de convivencia con los universitarios
fueron ocasión para dar a conocer los principales
debates sobre ciencia y religión: en ese tiempo
comienza a publicar numerosas recensiones en la revista
"Investigación y ciencia" y en el servicio de
información "Aceprensa" sobre libros y autores de
actualidad científica. Esas amplias recensiones o
reseñas de libros no son un género menor
dentro de sus publicaciones; más bien constituyen un
elocuente testimonio acerca del "humus" del que se
alimentaban sus escritos mayores. Además, D. Mariano
poseía una gran facilidad para divulgar:
tenía muy buena pluma; sabía presentar de
manera muy atrayente y amena, sin perder seriedad
académica, los temas de actualidad
científica. Esa preocupación divulgativa
sería quizás después decisiva para
introducirse con facilidad en el mundo editorial
anglosajón, más directo y didáctico
que el mundo académico continental.
Si dejamos aparte el estudio sobre Popper antes citado,
los primeros frutos editoriales están impregnados de
ese carácter divulgativo. En 1984 publica
Ciencia, razón y fe, libro del que se han
publicado seis ediciones. Pocos meses después
aparece uno de sus libros más conocidos: Las
fronteras del evolucionismo, con prólogo del
premio Nobel de Medicina Sir John Eccles, y un
epílogo en forma de entrevista con el mismo autor al
que le unía una estrecha amistad. Este libro pronto
se tradujo al portugués y al italiano: cuenta en la
actualidad con seis ediciones en castellano. En esas
páginas plantea de modo sencillo y riguroso los
logros de las explicaciones evolucionistas, pero indicando
también de modo crítico los límites de
sus hipótesis al tratar de dar cuenta de la
específica espiritualidad del ser humano.
De esos años son también la breve
Introducción a la Filosofía, y el
manual de Filosofía de la Naturaleza, que fue
posteriormente reelaborado y traducido al italiano.
Los inicios de la Facultad Eclesiástica de
Filosofía
A lo largo de esos intensos años de Barcelona, D.
Mariano ya había adquirido un merecido prestigio
académico internacional. En 1987 es nombrado
Profesor Ordinario de Filosofía de la Naturaleza y
Filosofía de la Ciencia en la Universidad de
Navarra. A los pocos meses es nombrado primer Decano de la
Facultad Eclesiástica de Filosofía que fue
erigida por la Santa Sede en marzo de 1988. Quisiera
detenerme brevemente en este aspecto de su biografía
que tuve la fortuna de vivir más de cerca.
Desde los primeros años de la década de
los sesenta, la Universidad de Navarra ya contaba con la
especialidad de Filosofía, otorgando títulos
de licenciatura y doctorado con plena validez civil. En
pocos años había adquirido una plantilla
docente muy cualificada, organizaba anualmente las
Reuniones Filosóficas de ámbito
internacional, y contaba con una revista especializada
(Anuario filosófico) de periodicidad
semestral. Sin embargo, no se contaba con la facultad de
expedir títulos de validez eclesiástica, y se
vio oportuno proceder a la erección de la Facultad
Eclesiástica de Filosofía para ofrecer la
cualificación académica correspondiente al
grado de Bachiller, Licenciado y Doctor. De esta manera,
muchos sacerdotes podrían habilitarse como
profesores de seminarios y Facultades eclesiásticas
en todo el mundo.
Cuando fue erigida la Facultad, D. Mariano Artigas no
partía de cero, pero era necesario poner en marcha
un plan de estudios que se ajustara a las directrices de la
constitución Sapientia Cristiana, así
como dar los primeros pasos académicos. El marco
institucional y los profesores estaban dispuestos, pero
faltaban los alumnos y había que buscarlos. D.
Mariano, a sugerencia del Gran Canciller, Monseñor
Álvaro del Portillo- emprendió diversos
viajes al extranjero para dar a conocer la Facultad
recién nacida. Estuvo dos semanas en Polonia, donde
tuvo la oportunidad de entrevistarse con obispos y
autoridades eclesiásticas. Durante los veranos
visitó -impartiendo cursos y conferencias- diversas
universidades latinoamericanas y europeas. En los
años sucesivos fueron llegando estudiantes de esos
países y pronto se consolidó un grupo estable
de alumnos de diversas procedencias.
D. Mariano fue Decano de la Facultad Eclesiástica
de Filosofía durante casi diez años:
éste dato manifiesta por sí sólo la
disponibilidad y espíritu de servicio para hacerse
cargo de unas tareas que requieren unas energías que
podrían emplearse en labores más gratas. Con
posterioridad, en dos periodos distintos (desde 1998 hasta
el 2001, y del 2004 hasta su muerte) ocupó el cargo
de Vicedecano en la misma Facultad. Desde luego, para los
que trabajamos junto a él durante esos años
fue siempre una garantía contar con sus puntos de
vista ponderados y certeros.
Docencia y nuevas publicaciones
Las tareas de gobierno de la Facultad no interrumpieron
su ritmo creciente de trabajo, sereno y entusiasta a la
vez. En esos años no abandona su preocupación
por la divulgación de altura universitaria. En 1992
publica el libro Ciencia y fe: nuevas perspectivas,
así como El hombre a la luz de la ciencia.
Éste último libro manifiesta una honda
preocupación humanística. D. Mariano, hombre
de ciencia, es consciente de que los avances
científicos han llegado a configurar también
la imagen que el hombre tiene de sí mismo. Pero la
ciencia experimental no puede dar cuenta de los aspectos
más esenciales y nucleares de la persona humana: la
espiritualidad y la trascendencia. Con palabras de Eccles
le gustaba recordar que el mundo del espíritu es en
última instancia más familiar a nuestra
experiencia que el mundo de "la materia" –concepto
éste, por lo demás, no menos
problemático que el de "espíritu".
En los años transcurridos en la Universidad de
Navarra, las publicaciones del profesor Artigas se
encaminaron principalmente a la Epistemología y
Filosofía de la Ciencia. Así, en el
año 1989, saca a la luz su Filosofía de la
ciencia experimental, que cuenta en la actualidad con
tres ediciones, y una reciente traducción inglesa
(2006). Posteriormente publica diversas monografías
como El desafío de la racionalidad (1994), y
Lógica y ética en Karl Popper (1998);
y en 1999 el texto de Filosofía de la
ciencia. Además, sigue cultivando su
interés por la Filosofía de la Naturaleza: en
1992 publica La inteligibilidad de la naturaleza. En
1995, la Fundación Templeton premia sus estudios
sobre Ciencia y Religión, y le concede una ayuda
para redactar una de sus obras más representativas:
La mente del universo (2000).
Puesta en marcha del CRYF
Cuando D. Mariano dejó la junta directiva de la
Facultad Eclesiástica de Filosofía, un nuevo
reto fundacional le esperaba. La adecuada síntesis
entre los saberes científicos y humanísticos
ha sido y continúa siendo, una de las principales
preocupaciones de la Universidad de Navarra. A este aspecto
se refirió el entonces Cardenal Ratzinger en enero
de 1998 durante su estancia en Pamplona con motivo de su
doctorado "Honoris causa" por esta Universidad.
Para esa síntesis integradora era preciso
establecer unos cauces institucionales que facilitaran el
diálogo interdisciplinar. Desde 1999, un grupo de
profesores de distintas Facultades, aglutinados en torno a
D. Mariano Artigas, tuvieron una serie de encuentros
informales que acabaron fraguando en el 2002 en la
constitución formal del Grupo de
Investigación sobre Ciencia, Razón y Fe
(CRYF). Este Grupo tiene por objeto promover el estudio
interdisciplinar de cuestiones en las que se entrecruzan
las áreas de ciencias, filosofía y
teología.
D. Mariano fue desde el comienzo el director de este
Grupo al que se han ido sumando profesores de otras
universidades. En la actualidad son miembros colaboradores,
entre otros, los profesores Evandro Agazzi (Universidad de
Génova), William Shea
(Cátedra Galileana de Historia de la Ciencia. Universidad de
Padua), Juan Arana (Universidad de Sevilla), David Jou
(Universidad Autónoma de Barcelona), Daniel
Turbón (Universidad de Barcelona), etc. Como ya le
correspondiera hacer en otras ocasiones, D. Mariano supo
mantener la ilusión de todos los miembros, con
realismo pero sin conformismos.
Fe y ciencia: Darwin, Galileo, y los oráculos
de la ciencia
D. Mariano era un hombre de su tiempo, apasionado por
los avances técnicos y científicos. Se
alegraba sinceramente de los progresos científicos.
Era, al mismo tiempo, un hombre de fe recia y honda. En su
vida intelectual ciencia y fe se integraban con
naturalidad, sin complejos ante la ciencia, reconociendo
sus conquistas y señalando sus límites; al
mismo tiempo no cedía ante cómodas posiciones
atrincheradas en el fideísmo. Con el convencimiento
de que la verdad de fe y la verdad científica, si
son ciertas no pueden oponerse se enfrentaba a los puntos
más controvertidos de la filosofía de la
ciencia actual. La fe, y más concretamente el
Magisterio de la Iglesia, no se opone al avance de la
ciencia. Y puesto que Galileo y Darwin han sido presentados
con frecuencia como paradigmas del conflicto entre Iglesia
y ciencia, en sus últimos años centró
su interés en estudiar a fondo a estos dos autores.
Con rigor histórico, sin prejuicios,
investigó en archivos históricos que le
llevaron a descubrir documentos inéditos y a
trabajar con los máximos especialistas en la
materia.
Fruto de sus investigaciones son el libro Galileo in
Rome, en colaboración con William R. Shea,
editado en Oxford University Press (2003): D. Mariano
llegó a ver la edición japonesa de este
libro, que se publicó también en
alemán, italiano y coreano. Uno de sus
últimos libros, editado en colaboración con
el mismo autor (Galileo Observed. Science and the
politics of belief, 2006), se centra en la
exposición y análisis histórico de las
diversas posturas sobre el Caso Galileo. Fruto
también de sus investigaciones en los Archivos
Vaticanos es el libro recientemente publicado en
colaboración con el Subsecretario de la Pontificia
Academia de las Ciencias, Monseñor Melchor
Sánchez De Toca, que lleva por título
Galileo y el Vaticano. Los documentos de la
Comisión Pontificia. Por lo que respecta a
Darwin, en 2005 publicó el libro Negotiating
Darwin. The Vatican confronts evolution, 1877-1902 en
The Johns Hopkins University Press, en colaboración
con el profesor norteamericano Thomas Glick y uno de sus
discípulos, el profesor Rafael Martínez
(Pontificia Università della Santa Croce-Roma).
Ciencia y religión en científicos actuales
es el tema central del último libro que D. Mariano
pudo ver editado pocos días antes de su muerte:
Oracles of science. Celebrity scientists versus God and
religion, escrito en colaboración con el
profesor norteamericano Karl Giberson, publicado
también en Oxford University Press. Se trata de un
análisis crítico del pensamiento de seis
famosos y cualificados científicos, que por su
estilo persuasivo influyen notablemente en el gran
público. Los autores se proponen salir al paso de la
posible incompatibilidad entre religión y ciencia,
con una crítica serena y equilibrada de dichas
posturas.
Durante los últimos años de su vida
recibió el reconocimiento internacional de una
trayectoria investigadora ejemplar. Desde el año
2003 era miembro ordinario de la Académie
Internationale de Philosophie des Sciences.
Además en 2005 fue nombrado miembro de la Sociedad
Internacional para la Ciencia y Religión, con sede
en la Universidad de Cambridge. Sus últimos libros,
editados por prestigiosas editoriales (Oxford University
Press y The Johns Hopkins University Press), avalan
suficientemente la solidez científica y el
reconocido prestigio que el profesor Mariano Artigas gozaba
en la actualidad. Para los que hemos tenido la fortuna de
conocerlo, sabemos bien que esas distinciones y premios no
han sido fruto del azar ni de la improvisación, sino
del buen hacer de toda una vida de trabajo serio y
entusiasta.
Annus mirabilis
A finales del verano del 2005, D. Mariano comenzó
a sentir algunas molestias y los médicos le
aconsejaron someterse a un análisis más
completo y detenido. A mediados de septiembre de ese
año le diagnosticaron un tumor maligno de muy
difícil curación. Desde el primer momento fue
consciente de la gravedad de su enfermedad y se dispuso a
pelear con tesón y serenidad. Comenzó el
tratamiento y el paciente respondió de modo
positivo. En febrero del 2006 le sometieron a una compleja
intervención quirúrgica: su
rehabilitación fue lenta y dolorosa. Pero de nuevo
su fortaleza interior parecía sobreponerse a las
dolencias. Incluso en las fases más duras de la
enfermedad seguía trabajando, si era posible en su
despacho de la Facultad. Fruto del trabajo de estos meses
es la elaboración de libro sobre ciencia y
religión, que pudo terminar pocas semanas antes de
ingresar de nuevo, ya por última vez, en la
Clínica Universitaria. Allí tuvo momentos
críticos, pero de nuevo, ante la perplejidad de los
médicos salía adelante de modo admirable. Una
semana antes de su fallecimiento, el 15 de diciembre
–día de su cumpleaños- recibió
numerosas visitas, atendió correos
electrónicos, llamadas de amigos y alumnos, etc...
El día anterior, había estado trabajando en
otro proyecto de investigación y en la
corrección de un artículo de uno de los
miembros del CRYF.
Su último año ha sido realmente un
annus mirabilis, un año admirable: casi doce
meses de trabajo en los que, de alguna manera, ha visto
coronada su obra intelectual: los últimos libros que
aparecieron en las últimas semanas del año
2006, fueron el fruto de diversos estudios en los que
llevaba trabajando muchos años. Pero no sólo
fueron meses de trabajo: también fueron meses
especialmente ricos en oración y dedicación a
los demás, como lo atestiguan sus horas dedicadas a
la administración del sacramento de la penitencia en
la Clínica Universitaria.
Debo concluir. Son muchos los aspectos que me hubiera
gustado destacar de la rica personalidad de D. Mariano.
Antes de acabar me gustaría al menos
mencionar brevemente un rasgo menos aparente, pero
no menos real de su vida: la magnanimidad.
En el retrato que se encuentra en el Decanato de la
Facultad Eclesiástica de Filosofía, D.
Mariano sostiene en su mano izquierda uno de sus libros
más queridos: La mente del Universo. Cuando
comentábamos con él las excelencias del
retrato no nos faltaba una alusión jocosa a
la gran osadía de presentarse teniendo en sus manos
nada menos que a la mismísima mente del Universo.
Él sonreía ante la broma, pero con el paso
del tiempo me ha parecido que ese atrevimiento para las
cosas grandes, sin hacer ruido pero con tenacidad,
constituía un rasgo característico de su
personalidad.
La magnanimidad y la audacia para acometer empresas
grandes son virtudes que es preciso cultivar constantemente
en la vida universitaria. Ojalá no nos falten a
quienes, de un modo u otro, nos encontramos con el
apasionante desafío de continuar la labor iniciada
por D. Mariano.
Muchas gracias

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