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Astrónomo medieval
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Sesión de trabajo sobre el origen del hombre

Pamplona, 13 de marzo de 2007

El día 13 de marzo, el profesor Daniel Turbón acudió desde Barcelona a una sesión de trabajo con los miembros del grupo y con otros profesores de la Universidad de Navarra invitados, para tratar sobre el origen del hombre. El tema corresponde al del libro que, escrito por el prof. Turbón en sus apartados técnicos y por el prof. Artigas en sus aspectos filosóficos, se publicará próximamente. La reunión forma parte de un proyecto financiado por la fundación Templeton

Tras una presentación de la reunión, que corrió a cargo del prof. Collado (1) (2), el Prof. Turbón (3) procuró acercarnos el estado actual de los conocimientos científicos acerca del origen del hombre desde la perspectiva de sus investigaciones en la paleoantropología. Subrayó ya desde el comienzo que varía mucho según la interpretación que que se dé a los datos aportados por la ciencia.

Mencionó que ya hace dos millones de años el australopitecus tuvo la capacidad cerebral para el desarrollo del lenguaje y trabajo con los instrumentos, pero centró su atención sobre todo en los cambios del periodo de gestación y de las etapas de crecimiento de la cría humana. (4)

En los homo sapiens el tiempo de parto acortado y una niñez alargada indican el logro del éxito reproductivo. El Prof. Turbón subrayó que sólo en el hombre aparece el periodo de la adolescencia, que definió como etapa de maduración sexual y del aprendizaje de conductas socio-económicas transmitidas por los padres; este tema constituye el centro de su investigación actual. Estos cambios en la longitud y configuración de los periodos del desarrollo están, por una parte, fuertemente relacionados con la morfología (lo que correspondería a la parte evolutiva del tema), pero demuestran sobre todo diferencias cualitativas con respecto a otros humanoides. (5) (6) (7)

El Prof. Murillo (8) intentó abordar las cuestiones gnoseológicas del tema de la ciencia y del evolucionismo. Recordando el origen común de las ciencias y de la filosofía en la antigüedad, se preguntó por el problema de la biología moderna que siempre actúa sobre la base de unos presupuestos metodológicos y ontológicos, pero nunca se pregunta ni da cuenta de ellos. ¿Se preguntan los biólogos cómo se formulan las leyes de su ciencia y en qué consisten? ¿Qué son los mecanismos que evoca y utiliza? Y todo eso ya pertenece a la reflexión filosófica que, de esa u otra manera, determinará la visión y el alcance de la ciencia.

También subrayó sobre todo el postulado del materialismo metodológico y ontológico de la biología. Del hecho de que los biólogos adviertan el postulado implícito del materialismo metodológico que emplean, lo separen del postulado del materialismo ontológico que muchos utilizan, y de que reflexionen acerca de si estos postulados son los únicos y suficientes que deben ser empleados en sus investigaciones, depende si sus planteamientos acerca del origen del ser humano sean meramente evolucionistas. La ciencia funciona a base de unos postulados que a la vez que le permiten logros, la limitan en el alcance de sus resultados.

Tras la comida en los comedores universitarios y el regreso al aula por el campus (9), el prof. Pardo (10) señaló que, aunque el monogenismo no constituye actualmente una cuestión teológicamente preocupante, sí que lo es en la mentalidad común, que atribuye al género humano un origen en una única pareja.

Sin embargo, aunque el problema se plantea en el origen del hombre, su caso es solamente la extensión de un problema de la teoría sintética de la evolución: si las modificaciones que se van sumando son siempre suaves, no se puede establecer un límite para determinar si un individuo pertenece o no a una especie. La teoría sintética implica una negación del principio de no contradicción, pues unas formas intermedias pertenecerían simultáneamente a dos especies.

Para solventar este problema, adujo una serie de cuestiones recientes que apuntan a que el equilibrio puntuado descrito por Gould y Elredge en los años 70 no es meramente una apariencia de los fósiles, sino que refleja adecuadamente la realidad: tal como describía Grassé, las especies aparecen bruscamente, perfectamente formadas, sin la más mínima pista que apunte sus formas en el registro fósil anterior.

Para explicar este origen brusco, se ha apuntado recientemente, desde la física, la autoorganización de sistemas complejos, que debería aplicarse, no a los genes de los seres vivos, sino al organismo considerado como un todo, incluyendo cuestiones genéticas y no genéticas, así como las interacciones de niveles distintos a los moleculares (celulares, tejidos, etc.).

De este modo, se tendría una imagen de la evolución en que la selección juega un papel muy secundario y en donde el peso lo llevaría la aparición brusca y progresiva de organismos más complejos por autoorganización; esta imagen es más acorde con los datos observados que la teoría sintética. Además, este modo de entender la evolución no cae en contradicción al hablar de especie, y casa sin esfuerzo con la idea corriente del monogenismo.

El prof. Echarte comentó los obstáculos con que se enfrentan las teorías evolucionistas para dar cuenta del fenómeno mental. En primer lugar señaló la dificultad de considerar los eventos mentales bajo descripciones meramente físicas. En este sentido, calificó de error (reificación) el intento de atribuir causas físicas (como las relacionadas con la selección natural) a eventos que no son efectos sino criterios de inteligencia. “Es tan ilógico afirmar que la evolución puede explicar la aparición de la mente como que pueda hacerlo respecto al juego del tenis”.

En segundo lugar, destacó varias dificultades respecto a la propuesta evolucionista defensora del surgimiento accidental del lenguaje. Para Luis Echarte, dicho acontecimiento sólo podría producirse en una sociedad gobernada por reglas. Pero poder seguir una regla exige la posesión de funciones simbólicas, lo que devuelve de nuevo al problema del lenguaje haciéndonos caer en un círculo vicioso. Paralelo al sinsentido anterior, “suponer que el lenguaje sea una capacidad congénita o accidentalmente adquirida es como imaginar que alguien pueda nacer o encontrarse accidentalmente jugando al tenis”. En definitiva, el mayor obstáculo para explicar el origen del lenguaje está relacionado con su naturaleza esencialmente convencional. Una dificultad que no resuelven las teorías acerca de la selección natural.

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