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Mariano Artigas (Universidad de Navarra, Pamplona)
Rafael Martínez (Pontificia Università della Santa
Croce, Roma)
William R. Shea (Université de Strasbourg)
Publicado en Anuario de Historia de la Iglesia (Facultad de
Teología, Universidad de Navarra), 12 (2003), pp.
159-179.
Sumario
-
Nueva luz en el caso Galileo
La reinterpretación de Redondi del caso
Galileo
La campaña copernicana de Galileo
El conflicto con Orazio Grassi
El ensayador denunciado
EE 291
El autor de EE 291
La fecha de EE 291
La fecha y la autoría de G3
G3, EE 291 y el caso Galileo
El significado de EE 291
Conclusión
Apéndice I: el documento original latino
EE 291
Apéndice II: versión castellana de
EE 291
Notas
Resumen
Un nuevo documento referente al caso Galileo fue descubierto por
Mariano Artigas en diciembre de 1999 en los archivos del Santo
Oficio. Artigas comunicó su descubrimiento a William R.
Shea. Entonces acudieron a Rafael Martínez y le pidieron que
se uniera al equipo. Martínez transcribió el
documento y realizó una extensa investigación en
archivos italianos, que ha permitido la identificación del
autor. Esto ha permitido relacionar el documento con el trabajo de
la Comisión especial designada por el Papa Urbano VIII en
agosto de 1632 para decidir si Galileo debía ser llamado a
comparecer ante el Santo Oficio en Roma. En este artículo se
describe el nuevo documento (llamado por Artigas EE 291), se
discute su autoría, y se examinan algunas consecuencias para
nuestro conocimiento del caso Galileo.
Palabras clave: caso Galileo, Santo Oficio, Urbano VIII, Roberto
Belarmino, geocentrismo.
Abstract
In 1999, a new document related to the Galileo affair was
discovered by Mariano Artigas in the archives of the Holy Office.
Artigas communicated his discovery to William R. Shea. Afterwards,
them asked Rafael Martínez to join the team. Martínez
transcribed the document and conducted extensive research in the
Italian archives. This allowed the researchers to identify the
author of the document. This result led to establish a link between
the document and the work of the Special Commission designated by
Pope Urban VIII in August 1632. The Commission was created in order
to decide whether Galileo ought to appear before the Holy Office in
Rome. In this article, the new document (named EE 291 by Artigas)
is described, its authorship is discussed, and its implications for
our knowledge of the Galileo affair are examined.
Keywords: the Galileo affair, Holy Office, Urban VIII, Robert
Bellarmine, geocentrism.
Un nuevo documento referente al caso Galileo fue descubierto por
Mariano Artigas en diciembre de 1999 en los archivos del Santo
Oficio, que se encuentran en el palacio del Santo Oficio, al lado
de la plaza de San Pedro en Roma. Rafael Martínez
transcribió el documento y realizó una extensa
investigación en archivos italianos, que ha permitido la
identificación del autor. Esto, en su vez, ha permitido
relacionar el documento con el trabajo de la Comisión
especial designada por el Papa Urbano VIII en agosto de 1632 para
decidir si Galileo debía ser llamado a comparecer ante el
Santo Oficio en Roma.
El Papa Paulo III instituyó la congregación de la
Inquisición romana, conocida generalmente como el Santo
Oficio, en 1542, para defender a la Iglesia católica de las
herejías, que en ese momento significaba la reforma
protestante. Cuando el Papa Paulo VI transformó la
Congregación en 1965, la llamó Congregación
para la Doctrina de la Fe. El Santo Oficio colaboraba con la
Congregación del Índice de libros prohibidos, creada
en 1571, que publicaba sucesivas ediciones de un
Índice o lista de libros prohibidos hasta 1917, fecha
en que fue absorbida por el Santo Oficio. Ambas congregaciones
desempeñaron un papel central en el caso Galileo. Nuestra
historia se ocupa de los años 1610-1633, en un momento en
que Roma estaba ocupada en la Contrarreforma, subrayando los
aspectos de la doctrina católica que ayudaban a
contrarrestar los efectos de protestantismo. Dos de ellos son
particularmente relevantes al caso Galileo. El primero es el
énfasis en la lectura de las Escrituras de acuerdo con la
tradición representada principalmente por los Santos Padres
y los doctores de la Iglesia. El segundo es la afirmación de
la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, explicada
mediante el concepto de "transustanciación". Este segundo
aspecto tiene implicaciones directas con relación al nuevo
documento.
En este artículo describimos el nuevo documento (llamado
por Artigas EE 291 por las razones que se indican más
adelante), discutimos su autoría, y examinamos algunas
consecuencias para nuestro conocimiento del caso Galileo 1 . El texto original
latino y su traducción al castellano se encuentran en los
apéndices I y II. Debemos comenzar examinando G3, otro
documento descubierto en 1982, porque el nuevo documento es una
continuación de G3.
Los volúmenes que contienen los expedientes
(Protocolli)de la Congregación del Índice
están numerados con las letras mayúsculas A, B, C...
AA (o A2), BB (o B2), etc. El nuevo documento
descubierto por Artigas está encuadernado en el volumen EE
(o E2). En ese mismo volumen Pietro Redondi
encontró en 1982 otro documento de tres páginas,
desconocido hasta entonces, que se identifica generalmente por la
sigla "G3" que aparece en la parte superior de la primera
página (nadie sabe qué significa "G3").
G3 es una denuncia del atomismo que Galileo defendió en
su libro Il Saggiatore (El Ensayador) de 1623 2, donde afirma que las
cualidades sensibles no tienen una realidad objetiva, sino que son
simplemente el resultado de la manera en que los átomos
afectan a nuestros órganos de los sentidos. Los colores, el
gusto, los olores, o las características táctiles
existen, como tales, sólo en las personas que las
experimentan, no en los objetos mismos. El autor anónimo de
G3 creyó que esta interpretación de las cualidades
sensibles estaba en desacuerdo con la doctrina de la
Eucaristía expresada mediante el concepto de
transustanciación, término utilizado para
indicar que, después de la consagración en la Misa,
ya no se encuentran la sustancia del pan y del vino, sino el cuerpo
y la sangre de Jesucristo. Del pan y del vino solamente permanecen
las características accidentales (color, olor,
apariencia general), sostenidas milagrosamente por el poder de
Dios. No sería necesario ningún milagro si esas
características fuesen puros nombres.
Tomando como base el documento G3, Redondi propuso una
reinterpretación del caso Galileo, según la cual el
Papa Urbano VIII, amigo y admirador de Galileo desde años
atrás, manipuló el proceso de tal manera que Galileo
tuviera que hacer frente "solamente" a la acusación de
copernicanismo, y no a la acusación más seria
contenida en G3 3 .
Pocas personas han aceptado esta interpretación, pero el
nuevo documento exige que se vuelva a examinar significado y uso
del G3.
Galileo utilizó el telescopio, recientemente inventado,
para observar los cielos en el otoño de 1609. Publicó
sus espectaculares observaciones en 1610, y en 1611 fue a Roma,
donde los jesuitas del Colegio Romano le recibieron como un
héroe. Los descubrimientos que le lanzaron a la fama
incluían la superficie rocosa de la luna, la existencia de
nuevas estrellas, la naturaleza de la Vía Láctea, los
satélites de Júpiter y las fases de Venus.
Galileo ya era entonces un copernicano, pero presentó sus
opiniones de manera cautelosa. Sus descubrimientos amenazaban la
opinión tradicional según la cual la Tierra
está en reposo en el centro del universo, pero no
constituían una prueba definitiva del sistema de
Copérnico. Algunos profesores aristotélicos primero,
y luego un par de frailes, pensaron que el heliocentrismo de
Galileo estaba en desacuerdo con una interpretación literal
de las Escrituras, y lo denunciaron al Santo Oficio de Roma. En
1615 Galileo decidió adoptar una posición más
firme y fue a Roma para defender el movimiento de la Tierra. El
resultado no fue nada feliz. El libro de Copérnico Sobre
las revoluciones fue prohibido por la Congregación del
Índice el 5 de marzo de 1616, y Galileo fue amonestado en
privado, pero no obstante oficialmente, para que no enseñara
el copernicanismo de ninguna manera. Aunque de mala gana, Galileo
aceptó.
En 1623 el cardenal Maffeo Barberini, un florentino que
había elogiado los logros de Galileo, fue elegido Papa bajo
el nombre de Urbano VIII. Galileo había ayudado
recientemente a su sobrino, Francesco Barberini, a obtener su
doctorado en la Universidad de Pisa, y el cardenal había
escrito para expresar su agradecimiento. La posdata de su carta
está escrita por su propia mano, y no deja ninguna duda
sobre sus sentimientos. "Tengo una gran deuda", escribe el 24 de
junio de 1623, "con Vuestra Señoría por su continuada
afección hacia mí y los miembros de mi familia, y
deseo tener oportunidad de corresponderle. Le aseguro que
encontrará en mí una prontísima
disposición para servirle, en consideración a su gran
mérito y a la gratitud que le debo" 4 . Los acontecimientos se sucedieron
rápidamente, y menos de dos meses después de escribir
esta letra, Maffeo Barberini se había convertido en Urbano
VIII, y estaba a punto de designar a su sobrino, que solamente
tenía 27 años, como miembro del colegio de
cardenales. Francesco se convirtió en el brazo derecho del
Papa.
Asimismo, dos buenos amigos de Galileo, Giovanni Ciampoli y
Virginio Cesarini, ocupaban puestos importantes en la curia
vaticana. Cesarini fue designado camarero secreto, y Ciampoli
secretario para la correspondencia con los príncipes.
Contando con estos auspicios favorables Galileo pensó que
había llegado el momento de renovar su campaña en
favor del copernicanismo, y en 1624 partió para Roma, donde
tuvo el raro privilegio de ser recibido por el Papa seis veces en
seis semanas. Aunque el decreto de 1616 del Índice contra la
obra de Copérnico no fue suspendido, Galileo pensaba que
ahora podría discutir el movimiento de la Tierra, con tal de
no declarar que fuera el único sistema que se ajustaba a las
observaciones astronómicas.
Pero existía el peligro de un serio malentendido. Maffeo
Barberini, mientras era cardenal, había aconsejado a Galileo
que tratara el copernicanismo como una hipótesis, no como
una verdad confirmada. Pero "hipótesis" significaba dos
cosas muy diversas. Por una parte, se suponía que los
astrónomos se ocupaban solamente de hipótesis, es
decir, de conjeturas sobre los movimientos de las estrellas y de
los planetas que no se pretendía que fueran
auténticas verdades. Las teorías astronómicas
eran simples instrumentos para el cálculo y la
predicción, una opinión que a menudo se llama
"instrumentalismo". Por otra parte, una hipótesis se
podía también entender como una teoría que
todavía no había sido probada pero que estaba abierta
a una eventual confirmación. Esta era la posición del
"realismo". Galileo pensaba que el copernicanismo era verdadero. Lo
presentaba como una hipótesis, es decir, como una idea
provisional que era potencialmente verdadera en el mundo
físico, y discutió los pros y los contras, dejando el
asunto pendiente de decisión. Esto no correspondía a
la opinión instrumentalista sobre el copernicanismo tal como
lo veían Maffeo Barberini y otros. Pensaban que el sistema
de Copérnico era un simple instrumento conceptual, y Maffeo
Barberini estaba convencido de que nunca podría ser probado.
Esta ambigüedad dominó todo el caso Galileo.
Lamentablemente, Galileo se había embarcado en aquellos
tiempos en un conflicto con el jesuita padre Orazio Grassi, algo
que no ayudó a su relación con los jesuitas.
Polemizó con Grassi en su libro El ensayador (Il
Saggiatore), una obra ingeniosa y devastadora que fue aclamada
enérgicamente, no tanto por los científicos como por
los escritores y los hombres de letras.
El ensayador era una parte de un conflicto largo entre
Galileo y Grassi. Tres cometas habían aparecido en 1618, y
Grassi los había discutido en una conferencia en el Colegio Romano5. Galileo respondió con el Discurso sobre los cometas 6, pronunciado por Mario Guiducci, su discípulo y fiel amigo.
Galileo emprendió probablemente esta polémica porque
le parecía que las ideas de Grassi se podrían
utilizar para apoyar el geocentrismo de Tycho Brahe contra el
heliocentrismo de Copernico. A su vez, Grassi respondió con
su Libra 7 ,
publicada bajo el seudónimo de Lothario Sarsi. Escribir bajo
un seudónimo no era inusual entre los jesuitas cuando
discutían temas no teológicos, pues no deseaban
implicar a su orden religiosa en esas discusiones. Los amigos de
Galileo le animaban a replicar, cosa que él hizo con El
ensayador en 1623. En esta obra encontramos el célebre
pasaje donde Galileo ataca paso celebrado en el cual Galileo se
burla del jesuita porque piensa
que la filosofía es un libro de la ficción creado
por un hombre, como La Ilíada o El Orlando
Furioso, libros en los cuales lo que menos importa es si lo que
se escribe es verdad. Señor Sarsi [seudónimo de
Grassi], las cosas no son de esta manera. La filosofía
está escrita en ese gran libro que se encuentra siempre ante
nuestros ojos -quiero decir el universo-, pero nosotros no podemos
entenderla si primero no aprendemos el lenguaje y comprendemos los
símbolos en los cuales está escrita. Está
escrita en lenguaje matemático, y los símbolos son
triángulos, círculos y otras figuras
geométricas, sin cuya ayuda es humanamente imposible
comprender una sola palabra, y sin los cuales uno vaga
inútilmente en un oscuro laberinto 8 .
Urbano VIII, a quien agradaba que alguien le leyera durante las
comidas, escuchó un número de pasajes de la obra tan
pronto como fue publicada en octubre de 1623, y el que acabamos de
citar sería probablemente uno de los escogidos. En cualquier
caso, al Papa le agradó tanto el libro que se lo
llevó para leerlo en sus ratos de ocio.
No todos en Roma eran tan entusiastas como el Papa, y Galileo
sospechó que sus enemigos (una amplia categoría)
tramaban algo contra él. Cuando volvió a Florencia en
junio de 1624, oyó rumores según los cuales su
teoría de las calidades sensibles estaba siendo criticada, y
pidió a Mario Guiducci, que estaba en Roma, que investigara.
El 21 de junio de 1624, Guiducci le daba las siguientes
noticias:
Oigo por todas partes rumores de la guerra con la que Grassi nos
está amenazando, al punto que me inclino a creer que
él tiene su contestación lista. Por otra parte, no
puedo ver donde puede atacarnos, puesto que el conde Virginio
Malvezzi está virtualmente seguro que no puede dar ni un
paso contra su opinión [de Galileo] sobre la naturaleza del
calor, gusto, olor, etcétera. El conde dice que usted debe
haber escrito eso para dar lugar a una discusión para la
cual usted deba estar armado hasta los dientes 9 .
Durante los meses siguientes, Guiducci mantuvo sus oídos
abiertos pero el rumor pareció desvanecerse. El 18 de abril
de 1625, sin embargo, tenía un nuevo chisme para enviar. Se
lo había proporcionado Federico Cesi, el fundador de la
Academia de los Linces, y se refería a "una persona piadosa"
que había pedido al Santo Oficio que prohibiera El
ensayador porque defendía el movimiento de la Tierra. El
sobrino del Papa, el cardenal Francesco Barberini, había
decidido investigar el asunto y había confiado al padre
Giovanni Guevara la tarea de examinar la obra. Guevara no vio
ninguna razón para condenar la "doctrina referente al
movimiento" que se encontraba en el libro, y el Santo Oficio
dejó de lado el asunto. Pero Galileo no discutía el
movimiento de la Tierra en El ensayador, y este incidente
desconcertó a los historiadores hasta que Pietro Redondi
descubrió el documento G3, que arroja luz sobre el problema.
La "doctrina referente al movimiento" en G3 no se refiere al
movimiento de la Tierra sino al de los átomos, que es
precisamente lo que se menciona en El ensayador.La
información que Guiducci había pasado a Galileo era
no solamente de segunda mano, sino que estaba equivocada. Él
mismo, o su informador, había entendido mal el "movimiento"
como referido a la Tierra, cuando en realidad se refería a
los átomos. Galileo no discute en El ensayador el
movimiento de los planetas, sino cómo causan los
átomos el calor, y en ese contexto niega la objetividad de
las cualidades sensibles:
Tan pronto como pienso en un objeto material o una sustancia
corpórea, siento inmediatamente la necesidad de concebir que
está limitado y tiene esta o aquella forma, que es grande o
pequeño en comparación con otros, que está en
este o aquel lugar en un momento dado, que se mueve o permanece
quieto, que toca o no a otro cuerpo, y que es uno, pocos, o muchos.
No puedo separarlo de estas condiciones mediante ningún
esfuerzo de mi imaginación. Pero mi mente no siente ninguna
obligación para entender como acompañamientos
necesarios que deba ser blanco o rojo, dulce o amargo, ruidoso o
silencioso, de buen o mal olor. De hecho, sin los sentidos para
guiarnos, la razón o la imaginación solas
quizás nunca llegarían a tales calidades. Pienso que
el gusto, los olores, los colores y cosas similares no son
más que nombres en cuanto se refiere al sujeto en el que
parecen residir, y que existen solamente en el cuerpo que los
percibe. Así, si se quitaran todas las criaturas vivientes,
todas estas calidades también serían quitadas y
aniquiladas 10
.
Alguna gente, tal como el autor de G3, pudo, de buena fe,
considerar este pasaje como incompatible con la permanencia de
verdaderos accidentes en la Eucaristía, pero el Santo Oficio
no vio razón para proceder contra Galileo. La Iglesia
había usado durante siglos el concepto de '
"transustanciación" al formular la doctrina de la
Eucaristía, pero sin dar a esa palabra un significado
técnico. La Iglesia declara que el pan y el vino se
transforman en el cuerpo y la sangre de Jesucristo, mientras que
permanecen las apariencias de pan y de vino. Es digno de notar que
en las definiciones del Concilio de Trento no se utiliza el
término "accidente". En cambio, el Concilio habla de
"especies", o sea, apariencias, y ordinariamente de "la especie de
pan" o "la especie de vino", en singular. Aunque el concepto de la
sustancia fue tomado en préstamo de la filosofía
aristotélica, el Concilio no se prepuso entrar en una
discusión filosófica, tal como lo hizo notar
explícitamente. Las apariencias del pan y del vino
después de la consagración son las mismas cualquiera
que sea la explicación científica o filosófica
que se ofrezca sobre la realidad de calidades sensibles. El padre
Guevara, consejero del cardenal Francesco Barberini, tenía
razón cuando decía que la teoría de Galileo
sobre el movimiento de los átomos no contradecía la
doctrina de la Iglesia. Si la acusación se hubiera referido
al movimiento de la Tierra, Guevara habría precisado
seguramente que esta materia no era tratada en El ensayador.
La denuncia contenida en G3 permaneció tranquilamente en los
archivos durante varios siglos, hasta que Redondi la
descubrió y la utilizó para reinterpretar el caso
Galileo. Volveremos a ella después de examinar el nuevo
documento descubierto por Mariano Artigas.
El 9 de diciembre 1999 Artigas estaba trabajando en los Archivos
de la Congregación del Índice de libros prohibidos,
buscando documentos relacionados con la postura de la Iglesia
acerca de la teoría de la evolución. Pero
también preparaba un libro sobre Galileo en
colaboración con William Shea, y se le ocurrió que
podía ser útil echar una ojeada al documento G3.
Pidió el volumen EE, en el cual el documento de Redondi
ocupa los folios 292 (recto y verso) y 293
(recto). Cuando le dieron el volumen recordó que
Redondi, en su libro, contaba que a él no se le
permitió mirar más que ese documento. Los archivos
todavía no habían sido abiertos al público y
el acceso era muy restringido. Sin embargo, diecisiete años
después los archivos habían llegado a ser
completamente accesibles a los investigadores y Artigas
podía examinar el volumen a su gusto.
El documento que se encuentra inmediatamente antes del G3
resultó ser otro documento anónimo y sin fecha que se
ocupa del mismo tema. Ocupa el folio 291 recto y la mitad
del verso. Esta es la razón por la cual Artigas lo
llamó EE 291 11 . Mientras que el G3 de Redondi
está en italiano, EE 291 está en latín. No
menciona a Galileo por su nombre, pero el texto comienza con las
palabras: "Vi el discurso del Lince", una referencia
inequívoca a Galileo, que había sido admitido en la
Academia de los Linces en 1611, y estaba orgulloso de poner
Lince en el frontispicio de sus libros, como lo hizo en el
caso de El ensayador, la obra que se considera en G3. El
hecho de que EE 291 se encuentra inmediatamente antes de G3
confirma que la discusión de la supuesta incompatibilidad de
la interpretación de Galileo de las cualidades sensibles con
la doctrina de la Eucaristía se relaciona con lo que
había escrito en El ensayador. Artigas se dio cuenta
inmediatamente de que había encontrado un documento
desconocido e inédito, y sospechó que podía
ser relevante para el caso Galileo.
EE 291 está escrito con menos cuidado que G3, y tiene un
cierto número de correcciones manuscritas. Esto
parecería indicar que el autor de EE 291 estaba
familiarizado con la Congregación del Índice, y se le
había pedido que escribiera un informe interno sobre
cómo proceder con la acusación hecha en G3. EE 291
consta de un párrafo introductorio, ocho secciones
numeradas, y una conclusión. El autor es crítico
respecto a las opiniones de Galileo sobre el atomismo, y concluye
que la Santo Oficio podría proceder con una
investigación formal.
Artigas comunicó su descubrimiento a Shea, y ambos
encontraron difícil de interpretar EE 291 sin determinar
primero el autor y de la fecha de composición. Entonces
acudieron a Rafael Martínez y le pidieron que se uniera al
equipo.
Rafael Martinez emprendió un estudio sistemático
del volumen en que aparece EE 291, y encontró dos documentos
con la misma letra firmados por el jesuita Melchior Inchofer. Hijo
de un oficial del ejército imperial, Inchofer nació
en Köszeg en Hungría alrededor de 1585, y murió
en Milán el 28 de septiembre 1648. Fue a Roma a estudiar en
el Colegio Germano-Húngaro en 1605, y entró en la
Compañía de Jesús como novicio el 26 de marzo
de 1607. Pasó el resto de su vida principalmente en Italia,
a excepción de un breve período en Graz en Austria
12 .
Inchofer fue probablemente miembro de la Comisión
preliminar designada por Urbano VIII para examinar el
Diálogo sobre los dos principales sistemas del mundo
de Galileo en el verano de 1632 13 . El año siguiente le pidieron,
junto con A. Oregio y Z. Pasqualigo, dictaminar el trabajo para el
Santo Oficio, y determinar si Galileo había desobedecido al
mandato de no escribir sobre el copernicanismo que había
recibido en 1616. Los tres fueron unánimes al decir que
Galileo había contravenido la orden, pero Inchofer fue
particularmente incisivo en su informe y, en el mismo año,
publicó en Roma un libro titulado Tractatus
Syllepticus contra el movimiento de la tierra 14 .
Otros dos documentos escritos por Inchofer que fueron
identificados por Martínez en la Casanatense, otra
biblioteca romana, consolidan nuestra afirmación de que
Inchofer es el autor de EE 291. Las ligeras diferencias en la
escritura de los otros dos documentos de Inchofer en el volumen EE
se pueden explicar por circunstancias especiales. Por ejemplo, en
un caso, él indica que se ve obligado a cesar de escribir
porque le tiembla la mano.
Artigas, Martinez y Shea bosquejaron un artículo en el
año 2000 pero no lo habían publicado cuando supieron,
en enero del 2001, que otros dos otros investigadores que actuaban
independientemente también habían encontrado el
documento. El historiador italiano Ugo Baldini, a quien
habían pedido las autoridades del Vaticano que dirigiera una
investigación sistemática para identificar los
documentos sobre ciencia y religión en los archivos del
Santo Oficio hasta el siglo XIX, encontró, con la ayuda de
varios colaboradores, muchos documentos, incluyendo EE 291, que
parecía ser el único documento importante relacionado
con Galileo descubierto hasta la fecha. Han encontrado algunos
otros documentos relacionados con Galileo, pero se refieren a
aspectos de menor importancia. Baldini y su equipo han publicado
esos textos con algunas notas explicativas 15 . Otro investigador, Thomas Cerbu, de
la Universidad de Georgia, también encontró EE 291, y
ha publicado un artículo sobre Inchofer, en el que reproduce
EE 291 con algunos comentarios 16 . El hecho de que EE 291 se haya
encontrado independientemente tres veces en un corto período
de tiempo prueba que el acceso libre a los archivos del Vaticano ha
producido ya excelentes resultados.
Estamos de acuerdo con Cerbu acerca de la autoría de EE
291, y podemos tomar como algo establecido que EE 291 fue escrito
por Inchofer. Esto, a su vez, permite que establezcamos,
también de acuerdo con Cerbu, cuándo fue escrito EE
291.
Las circunstancias personales de Inchofer proporcionan una pista
fiable para establecer cuándo fue escrito EE 291. En 1617 le
enviaron a Mesina para enseñar matemáticas,
filosofía y teología. Era un escritor
prolífico, muy interesado en controversias
históricas. En 1629 publicó un trabajo que apoyaba la
autenticidad de una carta escrita presuntamente por la Virgen
María a la gente de Mesina, que habían sido declarada
como apócrifa por el Santo Oficio. Esto le causó
algunas dificultades con la Congregación del Índice,
e Inchofer fue a Roma a defenderse. Lo hizo tan bien que se le
permitió no solamente imprimir una publicación
revisada del libro, sino además permanecer en Roma. Se
convirtió en un confidente del dominico Niccolò
Riccardi, Maestro del Palacio Apostólico, uno de los cargos
principales en la Curia Vaticana. Riccardi era el encargado de
autorizar las publicaciones de libros, y tenía estrechos
lazos con el Santo Oficio y la Congregación del
Índice.
La colaboración de Inchofer con Riccardi no habría
podido comenzar antes de que se hubieran resuelto los cargos contra
él. Un informe positivo en favor suyo fue presentado por
Riccardi en 23 de abril de 1630, y fue aprobado por el Santo
Oficio. En diciembre de 1630 Riccardi notificó al Santo
Oficio que las correcciones al libro de Inchofer habían sido
hechas, y los cardenales aprobaron la publicación de la
edición revisada. Pronto después de eso, Inchofer
comenzó a ser consultado por la Congregación del
Índice, a excepción del período en que
volvió a Sicilia entre 1634 y 1636. En 1640 fue designado
oficialmente consultor, título que conservó hasta su
muerte.
De estas circunstancias podemos deducir que el final de 1630 o
el principio de 1631 es el límite inferior absoluto para la
colaboración inicial de Inchofer con Riccardi y la
Congregación del Índice. Es verosímil que no
fuera consultado todavía inmediatamente después de
quedar libre de acusaciones, hasta algún momento de 1631 o
comienzos 1632. Por otra parte, EE 291 no se habría podido
escribir después de 1642, el año de la muerte de
Galileo, porque la crítica del "Lince" se dirige contra una
persona viva. La sugerencia de que se examine el asunto con mayor
detalle no tendría ningún sentido si Galileo ya
hubiera muerto. Puesto que no hay ninguna referencia a la
condenación de Galileo el 22 de junio de 1633 (el autor la
habría mencionado si el documento hubiera sido escrito
después de esa condena), podemos conjeturar que EE 291 fue
escrito antes de esa fecha. La conclusión de Inchofer de que
la denuncia proporcionaba una base para examinar la materia en el
Santo Oficio no tendría ningún sentido después
de que se decidió, el 23 de septiembre de 1632, llamar a
Galileo ante el Santo Oficio; a no ser que el documento fuese
utilizado entre esa fecha y el comienzo del juicio el 12 de abril
de 1633, cuando se estaba "montando" el proceso, viendo de
qué y cómo se acusaba a Galileo.
Podemos concluir, por tanto, que el documento fue escrito en
algún momento de 1631 o 1632, pero no después del 12
de abril de 1633. Esto es consistente con la evidencia
proporcionada por la semejanza entre la escritura de EE 291 y la
que se encuentra en los documentos que sabemos que fueron escritos
de propia mano por Inchofer antes de 1634 17 . Es también consistente con
el hecho de que Inchofer fuera miembro de la Comisión
preliminar designada en el verano de 1632 para examinar si Galileo
debía ser llamado ante el Santo Oficio. Pero, antes de
desarrollar este argumento, debemos plantear algunas preguntas
referentes a G3.
Para comprobar por qué Inchofer escribió EE 291,
primero nos preguntamos por la fecha de G3. Redondi
conjeturó que fue escrito después de la
publicación de El ensayador en 1623, y antes de que
el padre Grassi le respondiera con su Ratio Ponderum de
1626. En esa época es cuando Galileo oyó el
desagradable rumor de que su teoría del "movimiento"
había sido denunciada. No podemos excluir que G3 fuese
escrito algunos años después de la publicación
de El ensayador. Ha habido casos de ataques retrasados en
épocas más recientes. Por ejemplo, al final del siglo
XIX, un libro sobre la evolución escrito por el padre Leroy
fue denunciado al Índice varios años después
de que fuera publicado. No existían reglas para la llegada
de denuncias a la congregación del Índice o la del
Santo Oficio. Sin embargo, parece más razonable suponer que
G3 fue escrito en 1624, poco después de la
publicación de El ensayador. Esta fecha está
de acuerdo con lo que sabemos sobre las circunstancias, sobre todo
el malestar manifestado por Galileo cuando volvió a
Florencia en junio de 1624, y con la denuncia mencionada por Mario
Guiducci en su carta a Galileo del 18 de abril de 1625 18 . El único
detalle que no se ajusta tan bien es la referencia de Guiducci al
movimiento de la Tierra como causa de la denuncia, pero como hemos
visto, esto era seguramente un error, porque no hay ninguna
mención del movimiento de la Tierra en El ensayador.
Que la persona que informó a Cesi tuviera dificultades para
advertir que el verdadero asunto era el movimiento de los
átomos es absolutamente comprensible, y Cesi mismo, o
incluso Guiducci, habría podido engañarse sobre esto.
La segunda vez que Guiducci se refiere a la denuncia en su carta
habla solamente del "movimiento", no de "el movimiento de la
tierra". Una vez que se clarifica esta materia, la denuncia que
divulgó Cesi y transmitió Guiducci se ajusta
perfectamente a la preocupación de Galileo: una
teoría referente a cualidades sensibles es un tema que
él había tratado en El ensayador.
Nuestra conclusión es que G3 fue escrito y enviado a la
Congregación del Índice o a la del Santo Oficio en
1624. Como Guiducci dice en su carta, el cardenal que
declaró que él examinaría la materia
pidió que el padre Guevara leyera el libro e informara. Poco
después el padre Guevara fue a Francia con el cardenal
legado, que era precisamente el cardenal Francesco Barberini. Todo
coincide si suponemos que el cardenal que tomó cartas en el
asunto era Francesco Barberini, sobrino del Papa y amigo de
Galileo. Él tenía un interés genuino en el
asunto. Cuando el padre Guevara informó que las opiniones de
Galileo sobre las cualidades no se oponían a la doctrina de
la Iglesia, G3 fue archivado y permaneció inactivo hasta que
fue descubierto por Inchofer.
Pero, ¿quién escribió G3? Es difícil
identificar al autor porque la copia de G3 que está en el
archivo es, con bastante verosimilitud, obra de un copista. Redondi
conjeturó inicialmente que el autor era nada menos que el
padre Orazio Grassi, pero Sergio Pagano ha mostrado que esto es
bastante inverosímil 19 . Varias personas en Roma sentían
aversión hacia Galileo, por motivos personales o
doctrinales, pero ninguna de las que hemos estudiado parece ser
autor de G3. Una posibilidad es Francesco Ingoli (1578-1649) con
quién Galileo había mantenido una polémica en
Roma en 1616. Ingoli fue en gran parte responsable de que se
efectuaran las revisiones al De Revolutionibus de
Copérnico tal como el Índice había solicitado,
y tuvo su parte en la prohibición del Epitome Astronomiae
Copernicanoae de Kepler. Varias de sus notas manuscritas
están en los archivos de la Congregación para la
Evangelización de los Pueblos (antes Propaganda
Fide), de la que él fue el primer secretario, y Rafael
Martínez ha podido determinar que él no
escribió G3. Martínez también examinó
el trabajo de varios copistas que trabajaron en la Propaganda
Fide en aquellos tiempos, pero sus caligrafías no
corresponden a la de G3.
Sergio Pagano ha llamado la atención hacia otra pista: la
filigrana de G3. Es un escudo de armas eclesiástico,
probablemente del cardenal Tiberio Muti, obispo de Viterbo entre
1611 y 1636 20 .
Martínez encontró varias variantes de esta filigrana
en documentos del archivo diocesano de Viterbo. Los Muti eran una
noble familia romana y Galileo conoció al cardenal Tiberio
Muti, a su hermano Giacomo, y a su sobrino Carlo. Cuando Galileo
fue a Roma en 1611, llevó una carta de recomendación
de Antonio de’ Medici para Tiberio Muti 21 . Encontró de nuevo
a Tiberio en 1616 22 , pero él estaba más cercano
a Carlo Muti, que fue miembro de la Academia de los Linces, y con
quien tuvo correspondencia hasta la muerte de Carlo en 1621 23 . El cardenal Tiberio
Muti era miembro de la Congregación del Índice, y
asistió a sus reuniones por lo menos hasta 1633 24 .
Es muy poco verosímil que el cardenal Muti estuviera
implicado en el bosquejo de G3, no solamente porque su
caligrafía es diferente, sino a causa del tono del
documento. No es el que esperaríamos de un cardenal que
pertenecía a la Congregación del Índice.
Varias personas en el entorno del cardenal habrían podido
tener acceso al papel con su filigrana, pero hasta el momento no
hay pistas en esta dirección 25 .
La evidencia que hemos examinado sugiere fuertemente que G3 fue
escrito en 1624. Fue archivado, y después descubierto en
1632, en el contexto de la primera fase del proceso a Galileo. El
autor de G3 menciona que él ha experimentado
"escrúpulos doctrinales" después de leer El
ensayador, lo cual habría sido interesante para quienes
deseaban inculpar a Galileo después de que publicara su
Diálogo sobre los dos grandes sistemas del mundo. El
proceso a Galileo fue precedido por varios meses de
investigación. En agosto de 1632 Roma intentó frenar
la difusión del Diálogo, y en aquellos
momentos el Papa designó una Comisión de
investigación que probablemente incluía a Inchofer
entre sus miembros.
Sabemos que la Comisión se reunió en agosto y
septiembre de 1632, pero no conocemos qué órdenes
recibió, cómo las puso en práctica, o
qué informes produjo. Una cosa está clara: la
Comisión recomendó que se llamara a Galileo ante el
Santo Oficio. También tenemos otra información
importante: una prescripción muy perjudicial hecha a Galileo
en 1616 fue descubierta en los archivos del Santo Oficio. El 11 de
septiembre de 1632 el embajador de Toscana en Roma, Francesco
Niccolini, escribió a Andrea Cioli, Secretario de Estado de
Toscana, que el padre Riccardi, el Maestro del Palacio
Apostólico, mencionó que un jesuita confidente suyo
(seguramente Inchofer) era uno de los miembros de la
Comisión. Riccardi agregó que la famosa
prescripción de 1616 había sido encontrada en el
Santo Oficio. El 26 de febrero de 1616 el cardenal Belarmino,
poniendo en práctica las órdenes del Papa,
amonestó a Galileo para que abandonara el copernicanismo.
Esto había sido registrado en los archivos, y ahora
salió a la luz.
Una vez que le informaron sobre el contenido del
Diálogo en 1632, el Papa Urbano VIII tomó el
asunto directamente en sus manos. Se buscó en los archivos
cualquier cosa referente a los antecedentes de Galileo, con toda
probabilidad siguiendo instrucciones del Papa, ya que Urbano VIII
recordaba que el Santo Oficio se había ocupado de Galileo en
1616. Como cardenal miembro del Índice, pero no del Santo
Oficio, Urbano VIII (en aquellos momentos cardenal Maffeo
Barberini) no tenía acceso directo en 1616 a los
procedimientos de la Santo Oficio, que eran secretos. Ésta
es la razón por la cual, en una conversación con
Piero Dini, amigo de Galileo, en abril de 1615, había
declarado que nada se estaba haciendo en Roma entonces contra
Galileo, aunque la verdad es que el dominico padre Lorini ya lo
había denunciado a las autoridades romanas, y otro dominico,
Tommaso Caccini, ya había declarado contra Galileo en el
Santo Oficio 26 .
Más en concreto, Urbano VIII no sabía nada sobre la
amonestación que, por orden del Papa Paulo V, fue
transmitida a Galileo por el Cardinal Belarmino el 26 de febrero de
1616. Ahora resultaba (en 1632) que dos documentos (no sólo
uno) en el Santo Oficio registraron ese acontecimiento. La
autenticidad del primer documento, que contiene una
descripción muy explícita de la prescripción,
ha sido cuestionada, pero el segundo documento no es
polémico y se encuentra en las actas del Santo Oficio, donde
se registraba cada reunión con el tema y las decisiones
tomadas. Este documento dice claramente que Belarmino, actuando
bajo órdenes del Santo Oficio, amonestó formalmente a
Galileo para que abandonara la opinión de Copérnico,
y que Galileo aceptó 27 .
Cuando los documentos de la Santo Oficio salieron a la luz,
Urbano VIII descubrió, ante su sorpresa, que su amigo
Galileo, a quien admiraba mucho, no le había dicho nada
sobre esa amonestación. Sin embargo, eso es lo que
debería esperarse en circunstancias normales. En 1616 el
Santo Oficio deseaba proteger la reputación de Galileo, y no
había razón por la que Galileo debiera haber
manifestado la amonestación a otras personas. Galileo
incluso había obtenido un certificado del cardenal
Belarmino, que era un hombre que respetaba la confidencialidad. El
secreto del Santo Oficio era tan estricto que Belarmino no
podía referirse en su propio escrito a los procedimientos
del Santo Oficio, ni explicar detalladamente las órdenes
recibidas del Papa. No obstante, cuando Galileo llevó a Roma
el manuscrito de su Diálogo en 1630 para que se
permitiera su publicación, debería haber mencionado
que él había recibido esa amonestación. El
descubrimiento de la amonestación se volvió en su
contra, y se convirtió en el foco del proceso. La
única defensa de Galileo era pretender que, en el
Diálogo, él no argumentaba en favor del
copernicanismo. Pero los tres expertos que leyeron el trabajo
pronto advirtieron que lo defendía el movimiento de la
Tierra del modo más persuasivo que podía, y
así lo comunicaron al Papa.
G3 fue descubierto probablemente cuando se buscaba en los
archivos información sobre Galileo. La acusación
contenida en G3 no se refería al copernicanismo, y era
necesario elaborar un informe sobre su relevancia. Inchofer era la
persona adecuada para preparar tal informe; él sabía
algo de ciencia y había sido miembro de la Comisión
preliminar. Él pensó que la acusación
contenida en G3 estaba justificada y que la materia merecía
ser investigada con más detalle por el Santo Oficio.
La violación de la amonestación de 1616 con
respecto al copernicanismo era suficiente para llamar a Galileo
ante el Santo Oficio. Se relacionaba directamente con el
Diálogo, y proporcionaba suficiente base
jurídica para un proceso. EE 291 y G3 no eran necesarios.
Podemos imaginar que ambos documentos fueron guardados
cuidadosamente, sin perder de vista cómo se desarrollaba el
asunto. No fueron olvidados. Después de todo, el proceso
podía no ser tan fácil.
Galileo no llegó a Roma hasta el 13 de febrero de 1633.
Para su sorpresa, tuvo que esperar mucho tiempo antes de que lo
convocaran ante el Santo Oficio. El 26 de febrero el embajador
Niccolini pidió al Papa un proceso rápido, pero
Urbano VIII le dijo que no sabía cuánto tiempo
podía durar, porque el caso todavía se estaba
investigando 28 .
Puesto que el Papa era la cabeza del Santo Oficio, está
claro que el asunto fue tomado muy seriamente. Solamente el 12 de
abril, dos meses después de su llegada a Roma, Galileo
compareció ante el Santo Oficio para hacer su
declaración. Podemos suponer que todos los documentos
relevantes fueron examinados en ese tiempo, incluyendo G3 y EE 291.
Sabemos el resultado. El proceso se centró en el
Diálogo,y no había duda de que Galileo
había desobedecido a la amonestación de 1616. Desde
un punto de vista legal parecía que se podía mantener
la acusación. Las opiniones filosóficas acerca de las
cualidades sensibles parecían poco relevantes, y G3 y EE 291
fueron archivados, y han pasado inadvertidos hasta hace poco
tiempo.
Existe la posibilidad que G3 no fuera depositado en los archivos
del Vaticano, sino que lo conservara el cardenal Francesco
Barberini, que lo recordó en 1632 e hizo que fuera
reexaminado por Inchofer. Cerbu sugiere que EE 291 era "un
memorándum estrictamente personal, bosquejado en
relación con las reuniones de la Comisión especial...
Los dos documentos [G3 y EE 291] pudieron haber permanecido en su
posesión [de Inchofer] durante varios años
después de que él bosquejara su opinión, y
pudieron ser depositados en el Índice en relación con
sus ulteriores obligaciones [de Inchofer] como consultor
allí" 29 .
Sin embargo, parece difícil admitir que un miembro de la
Comisión preliminar, tal como Inchofer, pudiera guardar G3
para sí, a menos que el cardenal Barberini cardinal se lo
diera. Pero en este caso todavía sería difícil
entender por qué Inchofer habría depositado G3 y EE
291 en los archivos algunos años más tarde.
Los historiadores lamentan la existencia de dos lagunas en los
expedientes del proceso de Galileo. La primera se refiere a las
discusiones que ocurrieron antes de que fuera convocado a Roma
(agosto-septiembre de 1632), la segunda a la preparación del
proceso después de que Galileo hubiera llegado a Roma
(febrero-marzo de 1633). Sabemos muy poco de la primera, y casi
nada sobre la segunda, pero EE 291 proporciona pistas que pueden
ayudarnos a reconstruir esos acontecimientos.
Los documentos oficiales no nos dicen quién acusó
a Galileo y si alguien se acercó al Papa con este motivo.
Tampoco sabemos si sólo fue examinado el
Diálogo o si se tomaron en consideración otros
escritos de Galileo. Sabemos, sin embargo, que la situación
era muy tensa en Roma en 1632, porque el Papado estaba implicado
profundamente en las consecuencias de la Guerra de los Treinta
Años. En un consistorio, el cardenal pro-hispánico
Borgia, acusó al Papa de favorecer a los protestantes sobre
la base de que su apoyo a Francia favorecía a los intereses
de Suecia, aliada de Francia. El Papa no deseaba aparecer
débil en materias doctrinales y se sentía obligado a
actuar firmemente. El Diálogo de Galileo podía
fácilmente ser presentado como una fuente de errores
doctrinales, y los adversarios de Galileo incluso sugirieron que
podía representar una afrenta al Papado. Se dijo que los
tres delfines en la cubierta del libro eran una crítica
implícita al nepotismo del Papa que había colocado a
tres miembros de su familia en puestos importantes. Una
acusación más seria era el hecho de que el argumento
del Papa sobre la imposibilidad de demostrar las teorías
científicas había sido puesto al final del libro en
boca de Simplicio, el pedante aristotélico que se comportaba
de un modo perfectamente ridículo. Visto bajo esta luz, G3
se podía utilizar para acusar a Galileo de desviarse de la
doctrina católica en otros campos, además del
movimiento de la Tierra. Aunque G3 y EE 291 no fueron mencionados
en el proceso, habrían podido desempeñar un papel
importante durante el período en que se estaba acumulando
evidencia contra Galileo.
Thomas Cerbu se refiere a la persecución de los jesuitas.
Galileo los consideró la causa de su desgracia. Pero,
según Cerbu, "los apuros de Inchofer con sus
compañeros jesuitas, comenzando con sus dos escritos contra
el heliocentrismo, el Tractatus y las Vindiciae, y
siguiendo hasta el final de su vida, hacen difícil de
contarlo entre los jesuitas que presuntamente habrían
perseguido a Galileo en 1632" 30 . Sin embargo, en 1632, los problemas de
Inchofer con los miembros de su orden no eran tan grandes, y en su
informe de 1633 sobre el Diálogo Inchofer llega a
escribir que "la finalidad principal de Galileo era combatir al
padre Christopher Scheiner, un jesuita que había escrito muy
recientemente contra los copernicanos" 31 . Esto muestra que en 1633 Inchofer estaba
en el lado de Scheiner.
Otros escenarios son posibles. Aunque pensamos que Inchofer
escribió EE 291 entre 1631 y septiembre 1632, y que hay una
alta probabilidad de que G3 fuese escrito alrededor de 1624, no
podemos excluir que fuese escrito en 1632, poco antes de EE 291.
Pero esto no afectaría a nuestra conclusión, que es
que G3 y EE 291 fueron utilizados durante el trabajo de la
Comisión preparatoria en el verano de 1632, o cuando se
estaba preparando el proceso en 1633, o en ambas ocasiones.
Quizás un día sabremos quién escribió
G3 y cuando lo presentó al Índice o al Santo Oficio.
Es posible que se conozcan otros documentos que arrojen nueva luz
sobre las circunstancias que condujeron al proceso de Galileo. No
creemos, sin embargo, que los hechos bien conocidos sobre el caso
Galileo puedan cambiar. Lo que estaba en juego era que Galileo no
había cumplido con una prescripción formal de no
enseñar que la Tierra se mueve. Los problemas
teológicos de fondo eran la autoridad de las Escrituras en
cuestiones científicas, y las repercusiones del geocentrismo
para la doctrina cristiana. Muchos católicos, también
entre los que ocupaban cargos de importancia en la Iglesia, eran
conscientes de esos problemas y pensaban que se les podía
hacer frente. Cuanto más aprendemos sobre las circunstancias
del proceso, se consolida nuestra convicción de que la
condenación de Galileo no era inevitable.
Archivo de la Congregación para la Doctrina de la Fe,
Índice,Protocolli, vol. EE, f. 291r
(nuevo 301r-v) 32
[f. 291r] Vidi discursum Lyncei et agnovi philosophiam
esse eius hominis qui nunquam non verae philosophiae imposuit, sive
errore, sive ignorantia, semper temerarie.
Errat in primis negando qualitates primas et secundas etiam in
iis corporibus quae agunt in materiam externam, velut cum negat
calorem inesse igni qui in nos agit calefaciendo.
2. Errat dicendo non posse conceptu separari a substantiis
corporeis accidentia modificantia, velut quantitatem et quae ad
quantitatem consequuntur. Quae opinio est absolute contra fidem,
exemplo Eucharistiae, ubi quantitas non solum realiter distinguitur
a sua substantia, sed etiam separata existit.
3. Errat cum dicit saporem, odorem, colorem, esse pura nomina,
et quasi denominationes extrinsecas a corporibus sentientibus,
quibus sublatis ipsa quoque huiusmodi accidentia tolli et
annihilari, praesertim si sint distincta a primis veris et realibus
accidentibus. Ex quo errore duo alii consequuntur: 1. Corpora
eandem quantitatem et figuram habentia habere eosdem sapores,
odores etc. 2. Corpora amittentia odorem et saporem, amittere etiam
quantitatem et figuram a quibus sapor, odor etc. non distinguuntur
in phantasia Lyncei.
4. Errat quod sensationes in corpore animalis vocet actiones,
cum patitur ab obiecto extrinseco, velut cum titillatur a penna aut
alio corpore. Sed hoc condonandum ruditati Philosophi.
5. Errat cum eandem velit esse rationem odoris et saporis, ac
titillationis causatae ab agentibus extrinsecis; haec enim sentitur
in passo iuxta dispositionem corporis organici, ad cuiusmodi
sensationem per accidens se habet hoc vel illud agens in individuo:
at sapores et odores etc. oriuntur ex qualitatibus obiectorum,
ratione mixtionis hoc vel illo modo temperatae; ad quod viceversa
per accidens se habet hoc vel illud organum sensationis in
individuo, unde iuxta varias dispositiones, unus altero plus vel
minus sentit.
6. Errat cum dicit, ferrum v.g. candens tantum calefaceret
animalia sensu praedita; nam quodvis corpus appositum igni, dummodo
sit mixtum et non quintae alicuius essentiae recipit calorem.
[33 Idem dico si
iuxta ponatur quodvis aliud corpus cuivis agenti per species
sensibiles, a quo recipit easdem qualitates.
[f. 291v] 7. Recte deducitur ex opinione huius authoris,
non manere accidentia in Eucharistia sine substantia panis. Patet,
agunt enim in organum sensationis resolutione minimarum partium,
quae cum sint heterogeneae a quantitate, alioqui[n] non afficerent
nisi sensum tactus, erunt substantiae, non nisi ex substantia
panis, quae enim alia potest assignari, proinde habetur intentum.
Idemque sequitur non minus evidenter in ea sententia quae ponit
partes substantiae entitativas, distinctas a quantitate dimensiva,
nec distinctas realiter a substantia.
8. Recte etiam deducitur non manere alia accidentia in
Eucharistia nisi quantitatem, figuram etc. nam sapor odor, sunt
pura vocabula si non habeatur relatio ad sensum, in opinione
scilicet erronea Lyncei; proinde absolute non sunt distincta
accidentia a quantitate figura etc.
Si author per partes minimas intelligat species sensibiles,
habebit patronos quosdam ex philosophia Aboriginum, sed plura
cogetur asserere absurda nec salva in fide. Interim sufficiant ista
ex quibus ulterior inquisitio fieri potest coram S. Officio.
Archivo de la Congregación para la Doctrina de la Fe,
Índice,Protocolli, vol. EE, f. 291r
(nuevo 301r-v)
[f.291r] He visto el discurso del Linceo y he reconocido
en él la filosofía de un hombre que siempre ha
tergiversado la verdadera filosofía, ya sea por error o por
ignorancia, pero siempre temerariamente.
Yerra en primer lugar negando las cualidades primeras y segundas
incluso en aquellos cuerpos que actúan sobre la materia
externa, como cuando niega que el calor inhiera en el fuego, que
sobre nosotros actúa calentando.
2. Yerra diciendo que no es posible separar conceptualmente de
las sustancias corpóreas los accidentes que las modifican,
como la cantidad y lo que de la cantidad se sigue. Una tal
opinión es absolutamente contraria a la fe; véase el
ejemplo de la Eucaristía, donde la cantidad no sólo
se distingue realmente de su substancia, sino que incluso existe
separada.
3. Yerra cuando dice que el sabor, el olor o el color son puros
nombres, y como denominaciones extrínsecas derivadas de los
cuerpos que sienten, eliminados los cuales también se
quitarían y aniquilarían los mismos accidentes de tal
género, sobre todo si son distintos de los primeros,
verdaderos y reales accidentes. De tal error se siguen otros dos:
1. Los cuerpos que tienen la misma cantidad y figura tendrán
los mismos sabores, olores, etc. 2. Los cuerpos que pierden el olor
y el sabor perderán también la cantidad y la figura,
de las que el sabor, el olor, etc., no se distinguen en la
imaginación del Linceo.
4. Yerra llamando acciones a las sensaciones en el cuerpo del
animal cuando padece por causa de un objeto extrínseco, como
cuando se le hace cosquillas con una pluma o con otro cuerpo. Pero
esto debe ser condonado a la impericia del filósofo.
5. Yerra cuando pretende que la razón del sabor y del
olor sea la misma que la del cosquilleo causado por agentes
extrínsecos. Éste es sentido por el paciente
según la disposición del cuerpo orgánico, y a
una tal sensación se relaciona accidentalmente este o aquel
cuerpo que actúa sobre el individuo. Pero los sabores y los
olores, etc., provienen de las cualidades de los objetos en
razón de la mezcla [de los elementos] proporcionada de un
modo u otro, a lo que [a este tipo de sensación], viceversa,
se relaciona accidentalmente este o aquel órgano de la
sensación en el individuo, de donde según las varias
disposiciones, uno siente más o menos que otro.
6. Yerra cuando dice que el hierro incandescente, por ejemplo,
sólo calentaría a los animales dotados de
sensibilidad. Cualquier cuerpo puesto junto al fuego recibe calor,
con tal de que sea mixto y no de alguna quinta esencia. Lo mismo
digo si se pone otro cuerpo cualquiera junto a uno cualquiera que
actúa por medio de especies sensibles, del que recibe esas
mismas cualidades.
[f.291v] 7. De la opinión de este autor se deduce
directamente que los accidentes no permanecen en la
Eucaristía sin la substancia del pan. Es evidente, pues
actúan en el órgano de la sensación por
resolución en las partes mínimas, que siendo
distintas de la cantidad —de otro modo no influirían
sino sobre el sentido del tacto— serán substancias; y
de ninguna otra sino de la sustancia del pan —¿a
qué otra se podrían asignar?— con lo que se
obtiene lo que se intentaba. Y lo mismo se sigue no menos
evidentemente de esa sentencia que afirma que las partes de la
sustancia son entitativas, distintas de la cantidad dimensiva y no
realmente distintas de la substancia.
8. También se deduce directamente que no permanecen otros
accidentes en la Eucaristía sino la cantidad, la figura,
etc., pues el sabor o el olor son puros términos si no se
relacionan con los sentidos, según la errónea
opinión del Linceo. Por tanto los accidentes no son
distintos de modo absoluto de la cantidad, figura, etc.
Si el autor entiende por partes mínimas las especies
sensibles, encontrará algunos valedores en la
filosofía de los antiguos, pero se verá obligado a
afirmar muchas cosas absurdas y contrarias a la fe. Por el momento
basten éstas, de las que se puede hacer una ulterior
inquisición en el S. Oficio.
(1) Hemos publicado cuatro estudios sobre los aspectos científicos, filosóficos y teológicos del documento en Acta Philosophica, revista de la Facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma: M. Artigas, "Un nuovo documento sul caso Galileo: EE 291", Acta Philosophica, 10 (2001), pp. 199-214; Rafael Martínez, "Il Manoscrito ACDF, Index, Protocolli, vol. EE, f. 291 r-v", ibid., pp. 215-242; Lucas F. Mateo-Seco, "Galileo e l'Eucaristia. La questione teologica dell'ACDF, Index, Protocolli, EE, f. 291 r-v", ibid., pp. 243-256; William R. Shea, "Galileo e l'atomismo", ibid., pp. 257-272.
(2) Galileo Galilei,
Il Saggiatore, en A. Favaro (ed.), Le Opere di Galileo
Galilei (Firenze: G. Barbèra, 1890-1909), vol. VI, pp.
197-372. Se citarán en lo sucesivo como Opere,
seguido por el número latino del volumen y el número
árabe de las páginas.
(3) Pietro Redondi,
Galileo Eretico (Turín: Einaudi, 1983).
(4) Maffeo Barberini a
Galileo, 24 de de junio 1623: Opere, XIII, 119.
(5) De tribus
cometis anni mdcxviii Disputatio
Astronomica publice habita in Collegio Romano Societatis
Iesu ab uno ex Patribus eiusdem Societatis (Roma:
Iacobi Mascardi, 1619): Opere, VI,
19-35.
(6) Discorso delle
comete di Mario Guiducci, fatto da lui nell’Accademia
Fiorentina nel suo medesimo consolato (Firenze:
Stamperia di Pietro Cecconcelli, 1619): Opere, VI,
39-105.
(7) Libra
Astronomica ac Philosophica qua Galilæi Galilæi
Opiniones de Cometis a Mario Guiducio in Florentina Academia
expositæ, atque in lucem nuper editae, examinantur a Lothario
Sarsio Sigensano (Perugia: Typographia Marci Naccarini, 1619):
Opere, VI, 111-180.
(8) Opere, VI,
232.
(9) Mario Guiducci a
Galileo, 21 de junio de 1624: Opere, XIII, 186.
(10) Opere, VI, 347-348.
(11) Hay una
paginación a lápiz, al parecer más reciente,
donde los folios 291, 292 y 293 se indican como 301, 302 y 303.
Preferimos la paginación más antigua que Redondi
utilizó en su libro. El nuevo documento EE 291 ocupa el
folio 291 recto-verso (301 en la paginación a
lápiz), y el G3 ocupa el 292 recto-verso y 291 recto
(302 y 303 en la paginación a lápiz).
(12) Cfr. L. Szilas,
"Inchofer", en: Dictionnaire d’Histoire et de
Géographie Ecclésiastiques, vol.
XXV (Paris: Letouzey et Ané, 1995), col. 979-980;
Catalogi personarum et officiorum provinciae
Austriae S.I., editado por L. Lukács, vol. II: Monumenta
Historica Societatis Iesu, 125 (Roma: Institutum Historicum S.I,
1982); D. Dümmerth, "Les combats et la tragédie du
Père Melchior Inchofer S. J. à Rome (1641-1648)",
Annales Universitatis Scientiarum Budapestinensis, Sectio
Historica, 17 (1976), 81-112.
(13) Francesco
Niccolini a Andrea Cioli, 11 de septiembre de 1632: Opere,
XIV, 389.
(14) W. Shea,
"Melchior Inchofer’s Tractatus Syllepticus: A Consultor of
the Holy Office Answers Galileo", en: P. Galluzzi (ed.),
Novità celesti e crisi del sapere (Florencia:
Barbèra, 1983), 283-292; F. Beretta, "«Omnibus
Christianae, Catholicaeque Philosophiae amantibus». Le
Tractatus syllepticus de Melchior Inchofer, censeur de
Galilée", Freiburger Zeitschrift für Philosophie und
Theologie,48 (2001), 301-325.
(15) U. Baldini y L.
Spruit, "Nuovi documenti galileiani degli Archivi del
Sant’Ufficio e dell’Indice", Rivista di storia della
filosofia, 56 (2001), 661-699.
(16) T. Cerbu,
"Melchior Inchofer, «un homme fin & rusé»",
en: José Montesinos y Carlos Solís (eds.), Largo
campo di filosofare. Eurosymposium Galileo 2001 (La Orotava,
Tenerife: Fundación Canaria Orotava de Historia de la
Ciencia, 2001), 587-611.
(17) Es muy similar
especialmente a EE f. 125r-v, que parece de 1630, y a FF f.
521r-v, de la primera mitad de 1634.
(18) Mario Guiducci a
Galileo, Opere, XIII, 265.
(19) Ver: S. Pagano
(ed.), I documenti del processo di Galileo
Galilei (Città del Vaticano: Pontificia Academia
Scientiarum, 1984), 43-48.
(20) P. Gauchat, Hierarchia catholica
medii et recentioria aevi (Münster, 1935), 12. Existe otra
posibilidad, a saber, que el escudo de armas fuera el de uno de los
cardenales Gondi, que en los siglos XVI y XVII ocuparon la sede de
París: Pietro (1533-1616), embajador en Roma desde 1595, su
sobrino Enrico (1572-1622), y Giovanni Francesco (1572-1622), que
sucedió a su hermano.
(21) Tiberio Muti a
Antonio De’ Medici, 9 de abril de 1611: Opere, XI, 87.
Hay un error en la edición de Favaro, donde la carta
está firmada "Il Car. Muti". En 1611, Tiberio Muti
todavía no era cardenal, pero era miembro del
capítulo de San Pedro. En lugar de Car. (Cardenal) se
debería leer Can. (Canónigo).
(22) Ver:
Opere, XII, 240-241 y 411-412.
(23) Ver:
Opere, XX, 491. Carlo Muti nació en 1591.
(24) La última
reunión a la que asistió tuvo lugar el 19 de
septiembre de 1633 (véase el Archivo de la
Congregación para la Doctrina de la Fe, Index,
Diari, vol. IV, p. 68).
(25) Encontramos a
veces variantes de filigranas en escritos aparentemente sin
relación con el original. Por ejemplo, hay diferentes
versiones de la filigrana con el escudo de armas de Muti en el
manuscrito de Th. Ameyden Elogia Summorum
Pontificum et S.R.E. Cardinalium suo aevo
defunctorum (Bibl. Casanatense, ms. 1336). Eso se explica por
la amistad entre Muti y Ameyden, que tenía acceso a su papel
de escribir.
(26) Piero Dini a
Galileo, 18 de abril de 1615: Opere, XII, 173.
(27) S. Pagano (ed.),
I documenti del processo di Galileo Galilei,
op. cit., 223 (documento nº 7). Ahí se recoge otro
documento sobre el mismo asunto, que fue encontrado por Pagano en
la Stanza Storica en los Archivos (documento nº 6, pp.
222-223), pero no sabemos si es el original o una copia
posterior.
(28) Francesco
Niccolini a Andrea Cioli, 26 de febrero de 1633: Opere, XV,
56.
(29) Cerbu, "Melchior
Inchofer, «un homme fin & rusé»", op. cit.,
598.
(30) Ibid
(31) S. Pagano (ed.),
I documenti del processo di Galileo Galilei, op. cit.,
143.
(32) o la
puntuación original, que no siempre es constante. Otros
detalles también han sido normalizados, por ejemplo,
substituyendo "ij" por "ii", o escribiendo palabras completas en
vez de abreviaturas.
(33) Después
de calorem, y antes de cuivis agenti, el autor
había escrito iuxta positum igni, aut, que ahora
está tachado. Entre las líneas, la misma mano
añadió el texto corregido: Idem dico si iuxta
ponatur aliud corpus.
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