El cientificismo, hoy
Mariano Artigas
Congreso Mundial de Filosofía Cristiana, Quito,
1989
Texto inédito.
- 1. El
cientificismo en la epistemología
- 2. El naturalismo
cientificista
- 3. Cientificismo
fisicista
- 4. Cientificismo
biologista
- 5. Cientificismo
tecnicista
- 6. Cientificismo y
opinión pública
- Notas
Gerard Radnitzky ha escrito que el cientificismo es
"la creencia dogmática de que el modo de conocer
llamado 'ciencia' es el único que merece el
título de conocimiento, y su forma vulgarizada: la
creencia de que la ciencia eventualmente resolverá
todos nuestros problemas o, cuando menos, todos nuestros
problemas 'significativos'. Esta creencia está
basada sobre una imagen falsa de la ciencia. Muchos e
importantes filósofos, desde Nietzsche a Husserl,
Apel, Gadamer, Habermas, Heelan, Kisiel, Kockelmans y
otros, han considerado el ciencismo como la falsa
conciencia fundamental de nuestra era" 1. Estas
palabras son una buena caracterización del
cientificismo y de su importancia en la actualidad.
Hoy día el cientificismo no se presenta con el
tono agresivo de otras épocas. Los
científicos suelen ser conscientes de las
limitaciones de su ciencia. Los filósofos
consideran el positivismo y el neopositivismo como
ideologías obsoletas. Las relaciones entre ciencia
y filosofía son objeto de estudios detallados, y
existe una conciencia generalizada de su carácter
complementario. Las relaciones entre ciencia y fe
religiosa se caracterizan por un respeto mutuo. Es
fácil advertir, y así suele ser reconocido,
que las perspectivas científica, filosófica
y religiosa no se oponen, sino que se complementan.
Sin embargo, el cientificismo no ha muerto. Su idea
básica constituye uno de los condicionamientos
principales de la vida actual, en la teoría y en
la praxis. Esa idea consiste en considerar a la ciencia
experimental como paradigma de objetividad, racionalidad
y eficacia.
El examen del cientificismo, como es natural, se
sitúa en el plano epistemológico, y por eso
le dedicaré el primer apartado de mis reflexiones.
En el segundo me referiré a las ideas naturalistas
que, en ocasiones, se presentan como si estuvieran
avaladas por la ciencia. En los restantes aludiré
a varias manifestaciones actuales del cientificismo en
algunos ámbitos concretos.
Es fácil encontrar en la epistemología
actual críticas explícitas al
cientificismo. Sin embargo, no suelen proporcionar
soluciones adecuadas. Por ejemplo, se afirma de una parte
que el conocimiento científico es conjetural y que
se encuentra condicionado por factores convencionales,
pero a continuación se concluye que lo mismo
sucede, con mayor razón, fuera de la ciencia. El
razonamiento viene a ser el siguiente: si ni siquiera en
la ciencia experimental, que es el exponente
máximo de la racionalidad, se alcanza la verdad
con certeza, mucho menos podrá alcanzarse en otros
ámbitos que carecen del rigor
característico de las ciencias. En pocas palabras:
se ha pasado de un cientificismo optimista a uno
pesimista. Y ese cientificismo pesimista se encuentra en
la raíz de las ideologías de tipo
convencionalista y pragmatista, tan
características de nuestra época.
Esta situación se hace patente en los debates
acerca de la racionalidad. Frente al verificacionismo del
Círculo de Viena, que representó la
última manifestación del cientificismo
optimista clásico, el popperianismo ha insistido
en que no es posible probar la verdad de ninguna
construcción científica. La ciencia viene
concebida, en esta perspectiva, como una búsqueda
de la verdad, pero la verdad sería solamente una
idea regulativa que guía la investigación:
todo lo que podría hacerse es someter las
teorías a la crítica para eliminar errores
y conseguir teorías mejores. Es obvio que esta
perspectiva no es cientificista en el sentido
clásico. Sin embargo, dado que la ciencia viene
considerada como un tipo de conocimiento especialmente
riguroso en comparación con la metafísica,
la conclusión es que la metafísica, aun
siendo legítima, tiene un carácter
conjetural. En este contexto, la pretensión de
afirmar una verdad definitiva viene calificada como
dogmática 2.
En otros casos, se afirma que la ciencia experimental
posee un valor meramente instrumental. Incluso se
prescinde sistemáticamente del concepto de verdad.
En algún caso extremo, se llega a posiciones
abiertamente irracionalistas. Se trata de reacciones que,
por una parte, denuncian los planteamientos
cientificistas, pero por otra, no superan los
planteamientos racionalistas y empiristas que
están en la base del cientificismo que critican.
Parece que se identifica la posibilidad de alcanzar la
verdad con los procedimientos propuestos por las
posiciones cientificistas, de tal modo que la
crítica del cientificismo equivaldría a
renunciar a la posibilidad de alcanzar la verdad. El
resultado es que, en lugar de formular alternativas
válidas, se añaden nuevas confusiones a las
que ya existían.
Las ideas cientificistas se apoyan en una
extrapolación del método de la ciencia
experimental: se presentan como científicas unas
ideas que van más allá de lo que permite la
naturaleza del método científico. Por
consiguiente, una crítica de fondo de las ideas
cientificistas debe apoyarse en el estudio de la
naturaleza de la ciencia experimental. He expuesto mis
ideas al respecto en otro lugar de modo extenso 3 ;
aquí me limitaré a señalar algunos
aspectos que tienen especial relevancia en
relación con el cientificismo 4.
El cientificismo se apoya en la peculiar fiabilidad de
la ciencia experimental. El conocimiento
científico parece tener una validez
intersubjetiva, permite formular predicciones
comprobables, tiene un carácter progresivo, y
sirve de base para obtener aplicaciones útiles.
Estas características parecen estar ausentes en
otros ámbitos. Por tanto, si se desea superar el
cientificismo, se requerirá una valoración
adecuada de la ciencia que incluya un análisis
riguroso de esos aspectos de su fiabilidad.
Esa fiabilidad es real. Pero se fundamenta en una
restricción deliberada del ámbito
científico. Cada ciencia delimita su objeto
definiendo conceptos básicos que se relacionan con
experimentos repetibles. No puede sorprender que los
problemas filosóficos, que se refieren a la
realidad sin restricciones, sobrepasen las posibilidades
del método experimental. La peculiar fiabilidad de
las ciencias experimentales se consigue pagando un precio
que la filosofía y la teología no pueden
pagar. Puede advertirse, por consiguiente, que el camino
que permite la superación del cientificismo nada
tiene que ver con la negación del valor de la
ciencia.
La historia del cientificismo se ha desarrollado del
modo siguiente: primero se afirmó que la ciencia
moderna venía a sustituir a la antigua
filosofía natural; después se pensó
que la nueva ciencia era capaz de solucionar todos los
problemas por sí sola, y se acabó
denunciando a las demás pretensiones cognoscitivas
como carentes de sentido; finalmente, al advertir que la
ciencia encuentra muchos límites y progresa
gracias a la utilización de construcciones
convencionales, se ha generalizado un relativismo que se
aplica a la ciencia en primer lugar, pero se extiende a
continuación a todo el conocimiento humano.
Aunque parezca paradójico, una crítica
al cientificismo en la actualidad supone, por lo general,
revalorizar el conocimiento científico. La
actividad científica se apoya en unos supuestos
filosóficos que, si bien no son estudiados
temáticamente en las ciencias, son imprescindibles
para que el trabajo y los resultados científicos
tengan sentido. El análisis de esos supuestos
muestra que la ciencia experimental se apoya en un
realismo filosófico que, desarrollado de modo
riguroso, contiene una gnoseología y una
metafísica que permiten mostrar la coherencia
entre la ciencia experimental y la filosofía
realista.
El naturalismo, entendido como la negación de
cualquier realidad que trascienda lo que puede alcanzarse
mediante la ciencia experimental, tiene una larga
historia. Puede decirse que, desde el nacimiento
sistemático de la ciencia experimental, esa idea
ha sido defendida en todas las épocas. La defensa
solía consistir en formular una imagen del mundo y
del hombre en la que no había lugar para
realidades espirituales y sobrenaturales. En la
actualidad, el naturalismo se presenta preferentemente
como si fuese una consecuencia del método
científico.
Esa idea está implícita en algunos
planteamientos epistemológicos a los que he
aludido en el apartado anterior. En efecto, si se niega
que podamos alcanzar un conocimiento verdadero o si ni
siquiera se reconoce que tenga sentido hablar acerca de
la verdad, una consecuencia lógica será que
nada podría afirmarse acerca de las realidades
últimas.
Otra manifestación actual del naturalismo
cientificista coincide con las ideas materialistas, y
consiste en afirmar que el ámbito de lo real
coincide con el objeto de estudio de la ciencia
experimental. Esta idea suele estar relacionada con una
perspectiva evolucionista en la cual, si bien suele
admitirse que se dan realidades emergentes, la emergencia
viene concebida como el resultado exclusivo de las
fuerzas que operan en los niveles más
básicos; se trata de un evolucionismo emergentista
y materialista que, con frecuencia, se presenta como si
fuese el resultado de los conocimientos
científicos, e incluso como la única
ontología compatible con el progreso de la
ciencia.
La crítica de estas ideas no es difícil.
En efecto, en la medida en que la ciencia exige que las
teorías se sometan a control experimental, su
ámbito de estudio queda reducido a lo material;
por tanto, si se afirma que la ciencia experimental es el
paradigma al que deberá imitar toda
pretensión cognoscitiva, el materialismo
aparecerá como la ontología unida a la
ciencia. Pero, al adoptar esa posición, se incurre
en una abierta contradicción, ya que la tesis
cientificista no es una conclusión de ninguna
ciencia y, por consiguiente, carece de validez si se le
aplica el criterio que en ella se establece. De este
modo, el cientificismo aparece en su verdadera
dimensión, o sea, como un postulado injustificable
y arbitrario.
Además, el materialismo debe afrontar serias
dificultades cuando se intenta explicar la realidad de
los fenómenos humanos, entre los cuales se incluye
la actividad científica. En efecto, la existencia
misma de la ciencia supone, como condición de su
posibilidad, admitir que la persona humana tiene una
capacidad de auto-reflexión que le permite
plantearse los problemas relacionados con la verdad, y
esa capacidad se sitúa en en contexto de una
subjetividad que supera los condicionamientos materiales.
Puede decirse que el progreso científico es un
hecho cuya explicación exige superar las ideas
materialistas.
El hundimiento del mecanicismo de la física
clásica fue interpretado por muchos como una
prueba de que el materialismo científico era
inviable. En general, los físicos manifiestan en
la actualidad una posición muy cauta ante las
extrapolaciones filosóficas de su ciencia;
quizá porque cuentan ya con la experiencia de los
fracasos, durante varios siglos, de los intentos
cientificistas.
No obstante, las ideas cientificistas también
se encuentran, en algunos casos, defendidas con
argumentos tomados de la física. El caso
más llamativo es la propuesta de que sería
posible formular una explicación física de
la creación. Se encuentra en escritos de P.W.
Atkins, P. Davies y Q. Smith; por ejemplo, Atkins expone
así su tesis: "pretendo hacer ver que el universo
puede empezar a existir sin ninguna intervención
extraña y que no hay ninguna necesidad de invocar
la idea de un Ser Supremo en ninguna de sus numerosas
manifestaciones". Recientemente, S. Hawking ha publicado
ideas que en parte se encuentran en esa línea, y
ha afirmado que quizá pueda probarse que el
universo existente es el único lógicamente
posible 5.
Los argumentos en que se pretende basar esas ideas
remiten a la gravedad cuántica, teoría que
por el momento se encuentra en estado muy
hipotético; a la afirmación, muy
problemática, de que en el mundo cuántico
existen sucesos sin causa; y a la teoría de las
transiciones topológicas, que igualmente es muy
especulativa. En síntesis, se afirma que las
fluctuaciones cuánticas del campo gravitatorio
producirían estructuras espacio-temporales a
partir de la nada; luego, del espacio-tiempo vacío
se producirían partículas materiales
mediante las fluctuaciones del vacío
cuántico; por fin, el resto del universo se
produciría a partir de esas partículas, de
acuerdo con las leyes de la física.
Estos razonamientos se apoyan en extrapolaciones
manifiestas; por ejemplo, el vacío físico
no puede ser identificado con la nada, y no tiene sentido
afirmar la existencia de estructuras reales
espacio-temporales independientes de la materia. Sin
embargo, el punto principal es que el método de la
ciencia experimental no puede utilizarse para estudiar la
creación de la nada, ya que no se trata de un
proceso entre dos estados físicos 6.
Una de las manifestaciones más
características del cientificismo
contemporáneo es la que pretende fundamentarse en
la biología. El evolucionismo materialista
pretende explicar de modo completo todos los vivientes,
incluyendo al hombre en su totalidad, mediante los
mecanismos biológicos que, a su vez, vienen
reducidos a procesos físico-químicos. Un
exponente típico de esta postura es J. Monod. Por
otra parte, la sociobiología se presenta como un
programa capaz de extender las explicaciones
biológicas al ámbito del comportamiento
humano, con un cierto matiz reduccionista 7.
No hay motivo para que las teorías
evolucionistas entren en conflicto con la
metafísica o con la teología, siempre que
se eviten extrapolaciones que van más allá
de lo que el método científico permite
afirmar. El materialismo no encuentra más apoyo en
la biología que en la física. En ambos
casos, el método experimental sólo permite
estudiar las transformaciones que se dan entre realidades
materiales. La negación de lo espiritual, en ese
contexto, aparece como una extrapolación
injustificada.
Las teorías evolucionistas se exponen, con
frecuencia, acompañadas de cierta dosis de
ideología que es propiamente
pseudo-científica. En algunas ocasiones, como
reacción, algunos grupos fundamentalistas
protestantes han pretendido defender el cristianismo
elaborando explicaciones en las que se supone que la
doctrina cristiana proporciona indicaciones
científicas, y esto ha creado una confusión
todavía mayor; tal es el caso de los creacionistas
científicos en los Estados Unidos.
La mayoría de los científicos,
también desde la perspectiva evolucionista,
reconocen en la actualidad que no existen motivos
objetivos para esos enfrentamientos. Los reduccionismos
materialistas no encuentran justificación en las
teorías biológicas. Sin embargo,
especialmente en el nivel divulgativo se siguen
difundiendo las ideas reduccionistas 8.
La ciencia se encuentra cada vez más
compenetrada con la técnica. Este hecho, junto con
el éxito creciente de la tecnología,
explica que en algunos casos el cientificismo se
encuentre relacionado directamente con los logros
técnicos.
Uno de los ámbitos principales en donde esto
sucede es el de la inteligencia artificial y la
robótica. El desarrollo de las posibilidades de
los ordenadores lleva en ocasiones a afirmar que no
existen límites en la inteligencia humana que no
puedan ser alcanzados mediante el ordenador. El
desarrollo paralelo de la robótica conduce a
plantear una simulación auténtica de la
conducta humana, y algunos afirman que el hombre
será superado por el robot en el plazo de una
generación 9. No se trataría en este
caso de construir un robot semejante al hombre; las
características de esos robots serían muy
diferentes, hasta el punto de que vienen concebidos como
seres que, una vez alcanzado el nivel de auto-conciencia,
superarían al hombre y le someterían a su
dominio, representando un cambio cualitativo en la
evolución.
Aunque estas ideas se encuentran rodeadas de un aire
inequívoco de ciencia-ficción, se
encuentran expuestas, con profusión de argumentos,
en no pocas publicaciones, y parecen responder a la
ideología de un cierto número de
investigadores. En el fondo de esas ideas se encuentra
una concepción del hombre en el que la persona
viene reducida al resultado de un conjunto de fuerzas
físico-químicas. El reduccionismo fisicista
y el biologista conducen, de modo natural, al
tecnologista. Estos reduccionismos postulan definiciones
arbitrarias de la inteligencia y de la persona y niegan
todo lo que no pueda ser sometido al control
técnico; pero, al actuar de ese modo, proponen una
concepción de la persona que, si se lleva a sus
consecuencias lógicas, es incompatible con la
existencia misma de la ciencia y de la tecnología
10.
La función de la ciencia en la sociedad es
ahora mayor que nunca, y su influencia se hace notar de
modo especial en el ámbito de la opinión
pública. En ocasiones, esa influencia es negativa,
debido a la orientación cientificista de algunas
publicaciones divulgativas 11.
El cientificismo no encuentra eco favorable en el
ámbito especializado de las ciencias, ya que uno
de los aspectos principales de la mentalidad
científica consiste en el rigor intelectual, ajeno
a las extrapolaciones injustificadas. No es de
extrañar, por tanto, que el ámbito
principal en el que se manifiesta el cientificismo en la
actualidad sea el de la divulgación. En la
sociedad actual existe una clara conciencia de la
importancia de la ciencia y, por otra parte, resulta
difícil conocer con profundidad los razonamientos
científicos auténticos, pues esa tarea
requiere una dedicación especializada. No es
infrecuente que los temas que son tratados en las
ciencias de modo riguroso y objetivo, vayan
acompañados de especulaciones fantasiosas cuando
se llega al nivel de la divulgación.
Estos hechos no requieren más comentario. En
efecto, no encierran problemas especulativos que no se
hayan considerado en los apartados anteriores. De una
parte, manifiestan una situación que sólo
puede ser contrapesada mediante una divulgación
fiel al rigor científico. De otra, ponen de
relieve la función central que la ciencia
desempeña en nuestra civilización,
así como la importancia de proporcionar una imagen
fiel de los métodos y resultados reales de las
ciencias.
(1)
Radnitzky, G., "Hacia una teoría de la
investigación que no es ni reconstrucción
lógica ni psicología o sociología de
la ciencia", Teorema, 3 (1973), p. 254-255.
(2)
Un análisis crítico de la
epistemología popperiana se encuentra en: M.
Artigas, Karl Popper: Búsqueda sin
término, Magisterio Español, Madrid
1979.
(3)
M. Artigas, Filosofía de la ciencia
experimental, Ediciones Universidad de Navarra,
Pamplona 1989. En las discusiones finales de cada
capítulo se encuentran referencias al
cientificismo.
(4)
Sobre estos temas puede verse también: A.
Pérez de Laborda, ¿Salvar lo real?
Materiales para una filosofía de la ciencia,
Ediciones Encuentro, Madrid 1983; E. Agazzi, Scienza e
fede, Massimo, Milano 1983, p. 104-140; M. Artigas,
Ciencia, razón y fe, Palabra, Madrid 1985;
N. López Moratalla, "Conocimiento
científico", en: N. López Moratalla y
otros, Deontología biológica,
Facultad de Ciencias, Universidad de Navarra, Pamplona
1987, p. 135-151.
(5)
P.W. Atkins, La creación, Labor, Barcelona
1983; P. Davies, God and the New Physics, Dent,
London 1983; Q. Smith, "The Uncaused Beginning of the
Universe", Philosophy of Science, 55 (1988), p.
39-57; S. Hawking, A Brief History of Time: From the
Big Bang to Black Holes, Bantam Books, New York
1988.
(6)
Se encuentran análisis críticos de las
ideas acerca de la auto-creación del universo en:
W.L. Craig, "God, Creation and Mr Davies", The British
Journal for the Philosophy of Science, 37 (1986), p.
163-175; M. Artigas, "Física y creación: el
origen del universo", Scripta Theologica, 19
(1987), p. 347-373; W.L. Carroll, "Big Bang Cosmology,
Quantum Tunneling from Nothing, and Creation", Laval
théologique et philosophique, 44 (1988), p.
59-75.
(7)
J. Monod, El azar y la necesidad, Barral,
Barcelona 1971; E.O. Wilson, "¿Qué es la
Sociobiología?", Teorema, 12 (1982), p.
237-250.
(8)
Se encuentran reflexiones interesantes acerca de esta
temática en: S.L. Jaki, Angels, Apes and
Men, Sherwood Sugden, La Salle-Illinois 1983; M.
Artigas, Las fronteras del evolucionismo, Palabra,
Madrid 1985; A. Llano, "Interacciones de la
biología y la antropología", en: N.
López Moratalla y otros, Deontología
biológica, Facultad de Ciencias, Universidad
de Navarra, Pamplona 1987, p. 153-210.
(9)
Se encuentran las ideas mencionadas, por ejemplo, en:
E.A. Feigenbaum - P. McCorduck, La Quinta
Generación, Planeta, Barcelona 1983; H.
Moravec, Mind Children. The Future of Robot and Human
Intelligence, Harvard University Press,
Cambridge-Massachusetts 1988.
(10) Se encuentran críticas de esas
ideas en: E. Agazzi, "Intentionality and Artificial
Intelligence", en: AA.VV., Le mental et le
corporel, Office International de Librairie,
Bruxelles, p. 195-227; M. Artigas, "Máquinas
pensantes y conocimiento humano", en: Actas del III
Simposio de Teología Histórica,
Facultad de Teología, Valencia 1984, p. 391-397;
M. Artigas, Ciencia, razón y fe, Palabra,
Madrid 1985; S.L. Jaki, Brain, Mind and Computers,
Gateway, South Bend-Indiana 1978.
(11) Un ejemplo típico se encuentra
en: C. Sagan, Cosmos, Planeta, Barcelona 1982.
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