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María Iraburu
Conferencia pronunciada en Pamplona, el 29 de Agosto de 2006, en el Curso de actualización para profesorado "Ciencia, Razón y Fe" organizado por el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Universidad de Navarra.
Índice
- 1. En qué consiste la
clonación.
- ¿Qué es clonar?
- ¿Por qué es posible la
clonación?
- ¿Qué dificultades
presenta?
- 2. Cómo se hizo Dolly
- 3. La clonación animal: aplicaciones e
implicaciones éticas
- 4. La clonación humana y sus
implicaciones éticas
- La clonación con fines
reproductivos
- La clonación humana con “fines
terapéuticos”: el descubrimiento de las células
madre embrionarias.
- 5. Algunas alternativas a la clonación
humana con fines terapéuticos
La clonación puede definirse como el proceso por el que
se consiguen copias idénticas de un organismo ya
desarrollado, de forma asexual. Estas dos
características son importantes:
§ Se parte de un animal ya desarrollado, porque la
clonación responde a un interés por obtener copias de
un determinado animal que nos interesa, y sólo cuando es
adulto conocemos sus características.
§ Por otro lado, se trata de hacerlo de forma
asexual. La reproducción sexual no nos permite
obtener copias idénticas, ya que este tipo de
reproducción por su misma naturaleza genera diversidad.
La posibilidad de clonar se planteó con el descubrimiento
del DNA y el conocimiento de cómo se transmite y expresa la
información genética en los seres vivos.
Para entender mejor esto hace falta recordar brevemente
cómo “está hecho” un ser vivo. Un
determinado animal está compuesto por millones de
células, que vienen a ser como los ladrillos que forman el
edificio que es el ser vivo. Esas células tienen aspectos y
funciones muy diferentes. Sin embargo todas ellas tienen algo en
común: en sus núcleos presentan unas largas cadenas
que contienen la información precisa de cómo es y
cómo se organiza el organismo: el ADN. Cada célula
contiene toda la información sobre cómo es y
cómo se desarrolla todo el organismo del que forma parte
.

Esto es así por una razón muy sencilla: todas las
células de un individuo derivan de una célula
inicial, el embrión unicelular o zigoto. Esta célula
peculiar, que es ya una nueva vida, se obtiene de forma natural por
la fusión de las células reproductoras, óvulo
y espermatozoide, cada una de las cuales aporta la mitad del
material genético (la mitad de los planos). En el zigoto
tenemos ya la información de cómo va a ser el nuevo
organismo: su sexo, sus características físicas,
todo: los planos completos. A partir de ese momento esa
información se ira convirtiendo rápidamente en
realidad por dos procesos: la división celular y la
especialización de las células.
§ El zigoto empieza dividiéndose en
células que a su vez vuelven a dividirse. Así el
embrión va creciendo: primero consta una sola célula,
que se divide en dos, y luego en 4, 8, 16, etc. En cada
división se hace una copia del ADN presente al inicio
(fotocopias de los planos), para que cada célula tenga la
información de cómo es todo el individuo. Millones de
divisiones después, tendremos un organismo desarrollado
compuesto de millones de células que tienen todas ellas toda
la información, la misma contenida en el zigoto.
§ Conforme aumenta el número de células estas
van especializándose y adquiriendo diferentes
funciones. En las primeras etapas de la vida del embrión las
células que lo constituyen no tienen unas
características concretas, están poco especializadas,
pero por eso mismo tienen mucha potencialidad: son capaces de
transformarse en cualquier tipo celular, o incluso -en las
primeras etapas- de dar lugar a un nuevo organismo. En el organismo
adulto, sin embargo, las células ya tienen funciones bien
definidas y pierden potencialidad. Esta especialización o
diferenciación celular, viene determinada por el uso del
ADN: cada célula utiliza sólo la parte del ADN que
corresponde a su función. De modo que, aunque cada
célula tenga toda la información, no la utiliza toda,
sino sólo la parte que le corresponde.
§ Una precisión sobre las células
reproductoras, óvulos y espermatozoides. Son una
excepción a lo dicho hasta ahora, porque su material
genético, su ADN, no es igual al del resto de las
células del organismo: tienen la mitad de moléculas
de ADN, para que al fusionarse con las aportadas por la otra
célula reproductora den lugar a una dotación
genética completa; y, además, cada célula
reproductora de un mismo organismo recibe una mitad diferente del
ADN característico de ese individuo. Ese es el origen de la
diversidad en la reproducción sexual y la razón por
la cual cualquier embrión producido por fecundación
es una incógnita: hasta que crezca no conoceremos sus
características.

Teniendo todo esto en cuenta, cualquier célula del
organismo adulto (células somáticas, no
reproductoras) puede servir teóricamente para obtener un
nuevo ser vivo de las mismas características, ya que tiene
en su ADN la información de cómo es y como se
desarrolla ese determinado organismo. Se trataría de tomar
una célula cualquiera, exceptuando las células
reproductoras que tienen una dotación incompleta, y
conseguir que esa información se exprese, se ponga en
funcionamiento y nos produzca otro ser. Clonar consistiría
por tanto en reprogramar una célula somática para
que empiece el programa embrionario. Una vez comenzado su
desarrollo se implantaría en un útero, ya que de
momento no es posible que los embriones lleguen a término
fuera de un útero.
Además, disponemos de tecnología adecuada, tanto
para conseguir que las células vivan y crezcan fuera del
cuerpo, mediante las llamadas técnicas de cultivo celular,
como para implantar con éxito embriones generados in
vitro, por las técnicas de manipulación de
embriones.

Sin embargo, pronto se comprobó que no es en absoluto
fácil conseguir un nuevo ser a partir de una célula
cualquiera del organismo adulto. La clonación, por el
contrario, presentaba dificultades aparentemente
insuperables. Las células de distintos tipos que constituyen
el ser vivo pueden vivir y crecer en cultivo, pero es muy
difícil que den lugar a un nuevo individuo: se limitan a
dividirse y producir más células especializadas como
ellas. Aunque tienen la información de cómo hacer el
ser vivo, la especialización ha hecho que “pierdan
memoria”: sólo recuerdan la parte de
información que usan habitualmente, y no pueden
reprogramarse y empezar de cero a producir un nuevo ser. O al menos
esto se pensaba hasta que se publicó la existencia de
Dolly.

Dolly ha sido el primer animal clonado, es decir, generado a
partir de una célula diferenciada o somática, sin que
hubiese fecundación. Esa célula procedía de un
cultivo de células obtenidas a partir de la ubre de la oveja
que se quería clonar. Como hemos dicho antes, las
células de un determinado tejido cuando se mantienen vivas
fuera del cuerpo -en cultivo-, no dan espontáneamente
embriones, sino más células diferenciadas como ellas:
no “recuerdan” cómo se lleva a cabo el programa
embrionario.
Para lograr que una de esas células “recuperase la
memoria” y diera lugar a un nuevo ser, se recurrió a
una técnica denominada transferencia nuclear : se
tomó el núcleo de esa célula, que es la parte
que contiene el ADN y por tanto la información, y se
fusionó con el citoplasma de un óvulo procedente de
otra oveja, al que previamente se había eliminado el
núcleo. Se utilizó un óvulo porque es una
célula equipada para el desarrollo embrionario, y su
citoplasma (el contenido que rodea al núcleo) vendría
a ser de algún modo el entorno adecuado para que el
núcleo de la célula adulta se reprogramara. Y, en
efecto, así fue: esa célula se transformó en
un embrión unicelular y comenzó el sofisticado
programa embrionario, de manera idéntica al que se obtiene
por la fusión de un óvulo y un espermatozoide. Tras
unos días de crecimiento in vitro el embrión
se implantó en una madre de alquiler y 148 días
después nació Dolly, una oveja genéticamente
idéntica a la de partida.

El proceso de obtención de Dolly fue muy costoso, y en la
actualidad no se ha mejorado mucho. Dolly fue el único
resultado positivo de 277 intentos, a partir de los cuales se
consiguieron 29 embriones, muchos de estos no llegaron a
desarrollarse y otros murieron al poco de nacer.
Con todo, Dolly fue un logro científico muy importante.
Demostró que hay más de un modo de obtener nuevos
animales. Por un lado tendríamos la reproducción
natural, que es sexual y que produce diversidad; y, por otro, la
clonación: una reproducción artificial, asexual, y
que da lugar a individuos idénticos.
Desde el punto de vista técnico, los animales clonados
también han presentado problemas: además de presentar
un porcentaje mayor de malformaciones, padecen con frecuencia un
síndrome que se manifiesta en que su tamaño es mayor
de lo normal, y que tiene consecuencias negativas para su salud y
desarrollo.
¿Cuales son las posibles aplicaciones de la
clonación en animales?:
§ La clonación nos permitiría contar con
muchas copias idénticas de animales que nos interesan
por diversos motivos: por sus características naturales
(producción de leche, salud, longevidad...) o por
características que hemos introducido nosotros gracias a las
nuevas tecnologías de manipulación genética.
En los últimos años se ha presenciado un desarrollo
espectacular de técnicas que permiten manipular
genéticamente animales y plantas. Son los organismos
llamados "transgénicos": plantas y animales a los que se a
alterado su información genética, su ADN, sus planos,
generalmente introduciendo determinados genes que los hacen
más productivos. El caso de Dolly es un ejemplo. La oveja
del Roslin Institute era parte de un ambicioso programa de la
empresa PPL Therapeutics que tenía como objeto obtener a
gran escala animales modificados genéticamente que
produjeran en su leche proteínas humanas de interés
terapéutico. El proceso de obtención de animales
transgénicos es complejo y da lugar a pocos individuos, al
menos si se considera desde el punto de vista de la
producción a gran escala. La clonación
permitiría contar con un gran número de los animales
más adecuados. Otra aplicación es la posibilidad de
contar con muchas copias de animales modificados
genéticamente para que sus órganos no produzcan
rechazo al ser transplantados al hombre (xenotranplantes).
§ La clonación permitiría además
ampliar las posibilidades de manipulación
genética. Las células en cultivo de las que se
parte en la clonación son un material muy adecuado para
introducir o eliminar determinados genes y se ampliarían
mucho las posibles modificaciones genéticas que las
técnicas actuales no permiten.
§ El disponer de copias idénticas de determinados
animales sería muy útil para la
investigación. Concretamente para conocer con
más precisión cómo afecta la variabilidad
genética entre individuos o la presencia de determinadas
mutaciones al desarrollo de ciertas enfermedades.
Junto con sus innegables ventajas, la clonación animal
presenta también para algunos objeciones
éticas. Las principales se refieren al impacto
medioambiental que tendrían los animales clonados y a la
propia supervivencia de la especie. La diversidad que proporciona
la reproducción sexual es una ventaja desde el punto de
vista biológico, ya que supone para la especie en su
conjunto el contar con individuos variados que puedan adaptarse a
las condiciones también diversas del entorno. De hecho,
sólo las especies más primitivas tienen modos de
reproducción que no dan lugar a individuos diversos sino a
muchas copias idénticas a los progenitores, son los llamados
modos de reproducción asexual: gemación
bipartición, etc...Por eso existe el temor de que se
empobrezca el patrimonio genético de las especies por la
manipulación del hombre y que eso tenga consecuencias
irreversibles en el ecosistema. Sin embargo, ese peligro no parece
inevitable, si se ponen las medidas adecuadas para que se respete
la biodiversidad y la riqueza natural. La propia complejidad de la
clonación asegura que los animales clonados no se
producirían indiscriminadamente, sino que estarían
limitados a fines de producción ganadera o
terapéutica, y serían necesariamente un número
relativamente limitado (además de que siempre serían
capaces de reproducirse a su vez sexualmente).
La publicación de la existencia de Dolly levantó
inmediatamente un debate sobre la posibilidad de clonar personas.
La proximidad biológica hace pensar que la clonación
humana sería posible desde un punto de vista técnico,
aunque haya factores limitantes (principalmente el número de
óvulos necesarios: hicieron falta más de 400 para
conseguir a Dolly). El debate, por tanto, se sitúa en un
contexto ético, no en si es posible llevarla a cabo, sino en
si es conveniente, si debe aprobarse
Son muchas las consideraciones éticas que pueden hacerse
en torno a la clonación humana. Una aproximación
sería considerar el fin de la clonación : si
es obtener un nuevo ser desarrollado (clonación con fines
reproductivos) o un embrión que será destruido para
proporcionar células o tejidos (clonación humana con
fines terapéuticos).
Existe entre la comunidad científica una actitud bastante
generalizada de rechazo hacia la clonación humana con fines
reproductivos, aunque sólo sea por consideraciones
prácticas: bajo porcentaje de éxitos, alto
número de óvulos requerido, posibilidad de
alteraciones o enfermedades en los clones... Estas objeciones, que
se centran en las consecuencias negativas, no parecen tener
suficiente fundamento, y con frecuencia se oye a investigadores
afirmar que si hubiese un motivo realmente importante para clonar
seres humanos no verían inconvenientes en que se hiciera.
Los argumentos con un fundamento de tipo antropológico, y
por tanto más sólido, podrían resumirse del
siguiente modo:
La clonación, incluso si no conllevara la muerte de
embriones y tuviese un 100% de éxito dando lugar a un ser
humano sin fallos, supone un atentado a la persona así
generada, que sufriría una manipulación
difícil de superar:
§ El clonado sería seleccionado positivamente por
otros, que han decidido cuál va a ser su dotación
genética y sus características biológicas.
§ El clonado sería generado con un fin: emular a
alguien cuyas características interesan por algún
motivo: un hijo fallecido al que se pretende sustituir, un genio
cuyas habilidades interesa mantener, etc. Las consecuencias
psicológicas de esa presión serían
imprevisibles.
§ El clonado carecería de las relaciones elementales
de familia: no tendría en absoluto padre, ni propiamente
hablando madre: tendría un hermando gemelo mayor, una madre
ovular (¿citoplásmica?) y una madre de alquiler.
Se puede formular positivamente lo expuesto diciendo que,
cualquier ser humano tiene derecho a que:
§ Ningún tercero decida su componente
genético.
§ Ser querido por sí mismo y no para conseguir un
fin, como emular o reemplazar a alguien (planteamiento que supone,
además, un desconocimiento total de cómo son los
seres humanos).
§ Tener un padre y una madre de los que procede,
también biológicamente y que son responsables de
él.
Dicho de otro modo: la clonación reproductiva atenta a la
libertad del clon, fija sus condiciones biológicas
según el criterio de otros, y en ese sentido es un ejemplo
difícilmente superable de manipulación del hombre por
la técnica (manejada por terceros).
En el campo de la aplicación terapéutica de los
embriones se encuentra el verdadero debate que zarandea actualmente
la opinión pública y a la comunidad
científica. Para describir con detalle en qué
consistirían esas posibles aplicaciones hay que hacer
referencia a algunos descubrimientos o avances recientes, que no
están directamente relacionados con la clonación.
Concretamente:
§ La posibilidad de curar enfermedades llevando a cabo
transplantes no con órganos completos, sino con
células, mediante la llamada terapia celular. Esto
parece una buena alternativa para determinadas enfermedades que son
el resultado de el mal funcionamiento de una población bien
definida de células. Consistiría en reemplazar las
células enfermas por otras sanas, sin necesidad de
transplantar el órgano entero.
La posibilidad de obtener células madre
embrionarias. En el año 1998 dos grupos de Estados
Unidos publicaron la obtención de células madre
embrionarias a partir de embriones humanos que procedían de
la fecundación in vitro. Esos embriones estaban en la
fase llamada de blastocisto. Los blatocistos son embriones de 5-6
días y que tienen un aspecto esférico con una cavidad
interna. Se diferencian en ellos lo que es propiamente el
embrión (un grupo de células llamado masa celular
interna), de las células que darán lugar a la
placenta (llamadas trofoblasto). Los “logros” de estos
grupos fueron de tipo técnico: tomaron masas celulares
internas de varios blastocistos (destruyéndolos en el
proceso) y las pusieron en cultivo. Consiguieron por un lado que
esas células, llamadas células madre embrionarias,
viviesen y se dividieran activamente en cultivo; y por otro
lograron una especialización dirigida de esas
células: tratándolas con diferentes factores
consiguieron que dieran lugar a células tipo piel
(ectodermo), tipo tubo digestivo (endodermo) o tipo músculo
(mesodermo).

¿En qué consiste entonces la propuesta de
clonación humana con fines terapéuticos?
Consistiría en combinar la técnica de
clonación con la de obtención de células madre
embrionarias, para curar a adultos que tuviesen una enfermedad
que pudiera resolverse mediante transplante celular. Esto se
haría de la siguiente manera:
1. Mediante la técnica empleada en Dolly se
generaría un embrión a partir de células
diferenciadas de la persona que se quiere curar.
2. El embrión obtenido por clonación se
destruiría a los 6 días para obtener a partir de
él células madre embrionarias.
3. Esas células se especializarían hacia el tipo
celular necesario para curar a la persona en cuestión.
4. Se implantarían esas células para curar a la
persona.
Al proceder de un embrión idéntico a la persona de
partida, las células no provocarían rechazo al ser
implantadas y además la posibilidad de mantener congelados
los cultivos celulares proporcionaría una fuente casi
ilimitada de tejidos. Hay que indicar que desde el punto de vista
técnico este proceso es aún una mera posibilidad y
haría falta mucha investigación para ponerlo en
marcha: no se han conseguido todavía tipos celulares bien
definidos a partir de células madre embrionarias y hay pocas
evidencias de que de hecho puedan curar enfermedades.

¿Y las implicaciones éticas de este
procedimiento? En este caso no hay manipulación del nuevo
ser humano, como sucede en la clonación con fines
reproductivos, por la sencilla razón de que ese
embrión nunca llegará a término porque
será destruido para ser fuente de tejidos. Ese mismo
embrión implantado en el útero de una mujer
daría lugar a un niño, porque el proceso de
clonación es idéntico sean cuales sean sus fines
(reproductivos o terapéuticos). Salta a la vista que el
término “terapéutico” aplicado a este
proceso es equívoco: es terapéutico para un ser
humano, pero a costa de la vida de otro. La ilicitud de este tipo
de clonación se basa en el derecho a la vida que exige la
dignidad de todo ser humano, independientemente de su grado de
desarrollo. Nadie tiene derecho a la salud a cualquier precio, y
menos si el precio es otra vida humana.
Existen alternativas a la clonación humana con fines
terapéuticos que no presentan objeciones éticas tan
serias. La más interesante es la posibilidad de conseguir
células madre de origen no embrionario.
§ En el cuerpo humano existen células madre de
adulto que son precursoras de otros tipos celulares:
células menos especializadas que podrían dar lugar a
varios tipos de células. En los últimos años
se ha descubierto que estas células son mucho más
versátiles de lo que se pensaba. Si se ponen en cultivo y se
tratan con diversos factores puede hacerse que se diferencien hacia
tipos celulares muy diferentes de aquellos a los que habitualmente
dan lugar en el cuerpo. Por ejemplo, a partir de células de
médula ósea se han conseguido células de
músculo, hueso, células nerviosas, hepatocitos,
etc...Las células madre se encuentran en el adulto en la
médula ósea, el sistema nervioso y órganos
diversos.
§ También pueden obtenerse células madre
del cordón umbilical y de la placenta del recién
nacido. Como ya hemos indicado, placenta y cordón
umbilical proceden del embrión y sus células tampoco
provocarían rechazo.

Utilizar esas células para auto-transplantes no
presentaría ningún inconveniente ético, ya que
no habría una nueva vida implicada. Otras posibilidades
serían la modificación genética de
células madre procedentes de otras personas para que no
provocaran rechazo, o la existencia de bancos de células a
los que se pudiera acudir para buscar células compatibles
con la persona que las va a recibir.
En definitiva: hay muchas vías terapéuticas que
van haciéndose posibles por el desarrollo de la ciencia y
que no vulneran el respeto debido a la vida humana en todas las
fases de su desarrollo. Es deber de todos defender la vida humana y
fomentar que se canalicen los esfuerzos de la investigación
hacia lo que son verdaderos avances.
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