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diciembre 2011

 

Damián Cabrera, socio director de Cibeles Advisors

 

“Aunque estamos en continua evolución, la diplomacia corporativa ya es una realidad”

 

Cabrera ha remarcado que el lobbying no puede hacerse con fines espurios y que siempre se ha de practicar con respeto a la verdad

 

“Las corporaciones no son átomos inconexos de la sociedad, se relacionan entre sí y también con los gobiernos constituyéndose en una diplomacia privada”, ha sostenido Damián Cabrera en su encuentro con los alumnos del Máster en Comunicación Política y Corporativa (MCPC). Cabrera, que dirige la agencia de asuntos públicos Cibeles Advisors ha aclarado que “el lobbying no deja de ser una manifestación de las relaciones públicas”.

 

 

Durante su encuentro con los alumnos, Damián Cabrera ha explicado que el lobbying, “que tiene un origen más europeo que norteamericano, aunque ellos han sabido hacer bandera del tema mejor que nosotros”, tiene por objetivo construir y mantener relaciones con los gobiernos para influir en los procesos legislativos y regulatorios. Cabrera ha hecho especial hincapié en que esta influencia “nunca puede ser hecha con fines espurios”, y que siempre ha de procederse con respeto a la verdad.

En cuanto a su desarrollo en nuestra sociedad actualmente, el director de Cibeles Advisors ha apuntado que se va a ir conformando la figura del “embajador de la empresa privada, algo que ya se está viendo en las grandes corporaciones y que nos está orientando hacia una diplomacia corporativa”. Así, Cabrera ha desgranado cuáles son la tipología de las acciones y la metodología del lobbying, su actividad con el cliente y su interacción con las autoridades.

En opinión de Damián Cabrera, la clave del lobbying está en la capacidad de influencia, entendida ésta como la “sabiduría especial para resolver problemas complejos con soluciones sencillas, y provocar cambios en las pautas de conducta, en los entornos que nos rodean y en nuestra cultura”.

Cabrera ha concluido el coloquio señalando cuáles cree que son las seis principales palancas de influencia. En primer lugar, la motivación personal, la capacidad para vencer la resistencia y la desgana para hacer deseable lo indeseable. En segundo lugar, la capacidad personal, esto es, la capacidad para superar los propios límites. La tercera palanca sería la motivación social: cómo utilizando la presión del grupo se puede convencer a los mejores y convertirse en líderes de opinión. En cuarto lugar y relacionado con la anterior, la capacidad social: la capacidad de hacerse fuerte con la suma. La quinta palanca señalada por el director de Cibeles Advisors la constituye la motivación estructural, premiando la originalidad y castigando sólo lo necesario. Y la sexta y última palanca, ha concluido Cabrera, es la capacidad estructural, entendida esta como la capacidad para cambiar el ambiente, a través de la persuasión y el “poder invisible del buen ambiente” para impulsar nuevos comportamientos.

 

 

 

 

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