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Vida [breve biografía]

por José Luis Illanes, Director del Instituto Histórico San Josemaría Escrivá de Balaguer

Vida [breve biografía]

1902-1936

Época de Barbastro y Logroño

Zaragoza: ordenación sacerdotal

Madrid: la fundación del Opus Dei

 

1936-1975

La Guerra Civil y la época de Burgos

El desarrollo del Opus Dei en España

 

1946-1975

La expansión internacional y la aprobación pontíficia

La formación de los fieles del Opus Dei

Los años del Concilio Vaticano II

Las catequesis por diversos países

Muerte. Canonización

Madrid: la fundación del Opus Dei

Completada la Licenciatura en Derecho, el deseo de continuar esos estudios hasta la obtención del Doctorado -reservado entonces a la Universidad de Madrid, que tenía la condición de Universidad Central- le llevaron, unido a otros factores, a trasladarse, junto con su familia, a la capital de España. En la primavera de 1927 se instaló en Madrid, en donde desarrolló una incansable labor sacerdotal de atención a pobres y desvalidos de los barrios extremos, y en especial a los incurables y moribundos de los hospitales de Madrid. Se hizo cargo de la capellanía del Patronato de Enfermos, labor asistencial de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón. La preparación de miles de niños para la primera Confesión y la primera Comunión y los recorridos por las barriadas populares de una Madrid en plena expansión, con los problemas sociales consiguientes, le ocuparon muchas horas en una intensa dedicación al ejercicio del ministerio. La necesidad de allegar fondos para sostener a su familia -en situación económica muy precaria-, le llevó a ser profesor en una Academia universitaria, especializada en los estudios jurídicos. Todo ello, unido a una oración, mortificación y penitencia perseverantes, hizo que aquellos años constituyeran una verdadera "prehistoria" del Opus Dei, es decir, un periodo de profundización espiritual que le preparaba para acoger lo que Dios se disponía a manifestarle.

El 2 de octubre de 1928, durante unos ejercicios espirituales, el Señor le mostró con claridad lo que hasta ese momento había solo barruntado. Nació así el Opus Dei, como realidad marcada a fuego en el alma de un joven sacerdote que dedicó desde entonces a ese fin todas sus energías. En un primer momento, la natural humildad y una cierta prevención ante el proliferar de fundaciones, le llevó a preguntarse si no existiría ya una institución que realizara los ideales que Dios le había mostrado. No obstante, desde el mismo 2 de octubre, comenzó a buscar quienes pudieran entenderlo. Pronto percibió sin embargo que no había nada que correspondiera a lo que Dios deseaba de él. Movido siempre por el Señor, el 14 de febrero de 1930 comprendió que debía extender el apostolado que Dios le había dado a entender también entre las mujeres.

Se abría así en la Iglesia un nuevo camino, dirigido a promover, entre personas de todas las clases sociales, la búsqueda de la santidad y el ejercicio del apostolado, mediante la santificación del trabajo ordinario, en medio del mundo y sin cambiar de estado. Fue también en 1930 cuando, el comentario incidental de una de las personas con las que hablaba (¿cómo va esa obra de Dios?) le llevó a pensar que ese podría ser el nombre de la empresa apostólica que estaba llamado a promover. La expresión "Obra de Dios" ponía de manifiesto, de una parte, su profunda convicción de estar cumpliendo un querer divino, a la par que expresaba muy bien su contenido: vida ordinaria, trabajo profesional, convertido, por la oración y la entrega personales, en obra de Dios, en Opus Dei, trabajo hecho cara a Dios y en servicio de todos los hombres.

El núcleo del mensaje transmitido por el Fundador del Opus Dei fue, sin duda, el anuncio de la llamada universal a la santidad en el ejercicio del trabajo profesional ordinario. Treinta años antes del Concilio Vaticano II, hablando de la plenitud de la vida cristiana, formulaba con sobrenatural audacia este juicio: "Tienes obligación de santificarte. -Tú también. -¿Quién piensa que ésta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos? A todos, sin excepción, dijo el Señor: "Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto"" (Camino, n. 291). La llamada universal a la santidad en el propio trabajo no supone -lo repitió muchas veces- una disminución de las exigencias y de los horizontes que evoca, en la conciencia cristiana, el vocablo "santidad". Al contrario, implica recordar a todos y a cada uno de los hijos e hijas de la Iglesia que a todos ellos, estén donde estén, sea cuales sean sus cualidades, les está dirigidas las palabras del Evangelio, la invitación a seguir a Cristo que deriva del Bautismo. La plenitud de vida cristiana habrá de alcanzarla, por tanto, el fiel corriente en el lugar y condición que tiene en la sociedad terrena, haciendo de su trabajo ordinario -a imitación de la vida oculta de Cristo- ocasión de santidad y de servicio a Dios y a sus hermanos.

Ese fue el mensaje que, desde el 2 de octubre de 1928, difundió el Fundador del Opus Dei y el que fue atrayendo a su alrededor un grupo de personas, pequeño en los primeros momentos, pero destinado a crecer. Mientras tanto el contexto social en que desarrollaba la vida de San Josemaría experimentaba cambios y tensiones. La situación económica familiar siguió siendo difícil. También cambiaron sus encargos pastorales. En 1931 dejó el Patronato de Enfermos y asumió la función, primero de capellán y después, en 1934, la de rector del Patronato de Santa Isabel. Allí, en la sacristía de Santa Isabel, después de un oración personal especialmente viva, puso por escrito lo que fue una de sus primeras obras: unos comentarios a los misterios del Rosario, que, con algunos retoques, fueron publicados, en 1934, con el titulo de Santo Rosario. Desde muy pronto (1930) recogió en algunos cuadernos conclusiones o retazos de su oración personal, con experiencias surgidas de su labor apostólica. Reuniendo algunos de esos apuntes íntimos, compuso en 1932 un colección de pensamientos o puntos de meditación a los que puso por título Consideraciones espirituales; publicados a multicopista y posteriormente (1934) a imprenta, constituyeron un apoyo eficaz para su apostolado y el de quienes le seguían. Revisados y completados con otros, esos puntos de meditación dieron lugar a una de sus obras más conocidas: Camino, que, publicada por primera vez en 1939, ha sido traducida a numerosos idiomas, alcanzado una tirada que supera los cuatro millones y medio de ejemplares.

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