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Época de Barbastro y Logroño
Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás nació
en Barbastro (Huesca, España) el 9 de enero de 1902. Su familia
entronca, por ambas ramas, con la tradición cultural y cristiana
de España, así como con la personalidad y las tradiciones
de Aragón. Recibió de sus padres -José Escrivá
y Corzán y María de los Dolores Albás y Blanc-
un claro ejemplo de fe y de piedad recias y sinceras. En Barbastro
fue bautizado y allí completó su iniciación
cristiana. Fue alumno del Colegio de los PP. Escolapios de Barbastro,
donde cursó la enseñanza primaria y comenzó
los estudios de Bachillerato, que terminó en el Instituto
Nacional de Logroño, donde se había trasladado la
familia en 1915.
José
Escrivá y Dolores Albás tuvieron una primera hija,
Carmen, nacida en 1899, a la que siguió Josemaría
y luego otras tres hermanas. Los inicios de la década de
1910 constituyeron un periodo de prueba para la familia, marcado
por el fallecimiento de las tres hijas menores y un fuerte revés
económico que provocó la marcha desde Aragón
a la cercana Rioja. Todo ello dejó huella en Josemaría,
pero no agrió su carácter. Siguió siendo un
joven espontáneo y abierto, que proseguía con aplicación
sus estudios. A la edad de 16 años, al contemplar, en un
día de un crudo invierno, las huellas dejadas por un carmelita
descalzo al caminar por las calles nevadas de Logroño, sintió
como un aldabonazo en lo más profundo de su alma.
Comenzó entonces a sentir que Dios quería algo de
él, pero no sabía lo que era. En esa tesitura decidió
abandonar los proyectos profesionales que había venido considerando
-estudiar Arquitectura-, para hacerse sacerdote, persuadido de que
así podría ser instrumento plenamente disponible para
el cumplimiento del querer de Dios. Siguió un largo periodo
de fe y de oración intensas, pidiendo a Dios que le manifestara
ese querer que había barruntado, pero sin alcanzar todavía
a percibir del todo. ¡Señor, que vea! ¡Señor,
que sea! !Señora, que sea! fueron durante años jaculatorias,
repetidas de continuo, bien expresivas de su vida de oración
y de su firme determinación de poner por obra lo que Dios
quisiera.
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