INSTITUTO EMPRESA Y HUMANISMO

Universidad de Navarra

Discurso de Clausura

 
Discurso de Gustavo Campos, en nombre de todos los alumnos
 

Amigas y amigos,
He recibido el honor de hacer uso de la palabra en este significativo acto, para manifestar ante ustedes algunas ideas – y pienso también que algunos sentimientos- en el marco de la finalización de una etapa que con seguridad tiene un profundo significado para los aquí presentes.

Ciertamente, el honor de dirigirme ante tan distinguido auditorio no me es propio, sino que se debe al voto de confianza de mis compañeros, a quienes agradezco muy sinceramente.

Sean las primeras palabras para agradecer también a la Universidad de Navarra, y en particular, a su Instituto Empresa y Humanismo dirigido por el profesor Rafael Alvira, la calidez humana y la formación académica que hemos recibido han sido de excelencia; y por intermedio suyo profesor, agradecemos también al cuerpo académico que nos acompañó en este proceso con particular cercanía y preocupación. Con especial aprecio, agradecemos a María José Pallarés y al personal de la Universidad, que nos brindaron en todo momento su atención y ayuda.

Todos ustedes encarnan una gran institución.

Una de las razones por las cuales esta ceremonia posee una solemnidad que la distingue, es el lugar en donde ocurre. El gran pensador venezolano, Don Andrés Bello, no dudaba en calificar a la universidad como una de las más importantes instituciones de la sociedad, cuando por allá en 1.842 inauguraba la Universidad de Chile. Corrían sólo tres décadas desde las independencias americanas, cuando este visionario intelectual lideraba el avance de su sociedad por un camino que el Viejo Continente llevaba siglos recorriendo.

Esa Universidad de la que hablaba Bello, también se manifiesta aquí y ahora, cuando nos brinda oportunidades como ésta en las cuales se reúnen académicos, estudiantes, funcionarios, familias y amigos.

Hasta el día de hoy, la Universidad como institución proyecta su quehacer en las sociedades de una manera magistral lo que la sitúa como uno de los referentes más influyentes de la sociedad contemporánea. El desarrollo del conocimiento y de la ciencia ha encontrado en sus aulas el espacio necesario para desplegarse al servicio del hombre.

Lamentablemente, sería un error pensar que la Universidad ocupa hoy un lugar central en la vida y los intereses de cada uno de los ciudadanos; pues con seguridad sabemos, que las cátedras universitarias no son de interés masivo, como tampoco lo son las bibliotecas.

Pese a esa indeferencia social que recibe su quehacer, la Universidad sigue avocada a los más distintos ámbitos de estudio, desde los más diversos enfoques y matices. Y continúa formando a los líderes de las distintas naciones.

Además, es innegable que son muy pocas las instituciones que poseen la capacidad de convocatoria y generación de un ambiente abierto y respetuoso para el intercambio de ideas, como la universidad. Estas virtudes toman particular relevancia en tiempos donde el diálogo parece tan necesario como escaso.

 

Esta referencia a la Universidad puede ayudarnos a dimensionar la importancia de la etapa que hoy finalizamos. Pese a que las sociedades actuales cuentan con un número cada vez mayor de profesionales universitarios y de estudiantes de post-grado, seguimos siendo una élite, particularmente en Latinoamérica.

Esta posición privilegiada implica ciertamente una responsabilidad, la cual es enfrentar nuestras propias realidades y contextos poniendo a disposición de la sociedad nuestros conocimientos y nuestras capacidades.

 

Más allá de la formalidad del grado académico, nuestro entorno puede con justicia tener expectativas respecto a nosotros. Las sociedades, y especialmente las menos desarrolladas ciertamente necesitan personas que piensen los problemas y los desafíos de hoy y del futuro; pero con mucha más urgencia, necesitan hombres y mujeres de acción. Que no sólo denuncien y describan los problemas sino que sean parte de la soluciones.

Ese es el desafío, esa es la responsabilidad que asumimos hoy.

Pero he dicho al comenzar, y disculpen ustedes por abusar de vuestra atención, que junto con algunas ideas me parece importante manifestar también algunos sentimientos. Y lo hago con la confianza de que la Universidad, y particularmente esta Universidad que hoy nos acoge, es un espacio para el desarrollo del conocimiento y también del espíritu.

Cada uno de los que hoy finalizan esta etapa, llegó hasta acá con un historia distinta. Historias que hace casi seis meses comenzaron a constituirse en una historia común dentro de nuestras propias diferencias.

No se puede desconocer que hemos sido privilegiados con la posibilidad de hacer un alto en nuestra vida cotidiana para reflexionar y sumergirnos en algunos de los temas que inquietan al intelecto y espíritu humano desde siempre.

En algún momento escuchamos que este programa se había concebido pensando en estudiantes con una experiencia profesional significativa y que la juventud de este grupo era particularmente notoria. Sin embargo, estoy seguro que tanto la experiencia humana como la académica que hemos vivido tendrán profundo impacto en nuestra forma de ver la vida, sin importar la edad ni la trayectoria profesional.

Cuando llega la hora de partir, llevamos con nosotros aquellas largas conversaciones junto a un café, las polémicas discusiones sobre temas tan diversos como la pena de muerte, los derechos humanos y las estadísticas del fútbol mundial. Cómo olvidar las intervenciones basadas Jenofonte y la mirada sistémica de vida.

Atesoramos con especial emoción aquellos momentos de estudio y reflexión personal, y estoy seguro que más de alguna vez, vivimos con intensidad la alegría, la nostalgia y el silencio.

Casi sin darnos cuenta, en este medio año, hemos sido testigos del transcurrir de la vida, en hechos tan diversos como el nacimiento de amistades sinceras; o la manifestación de la fuerza de la tierra, que a la distancia nos recordó el lugar del hombre en el universo.

Hemos concurrido a la expresión del milagro de la vida al conocer bellas familias ya conformadas y ver a otras que se preparan para recibir a un nuevo integrante. Hemos recibido difíciles noticias, que nos hicieron sentir la distancia, y esas ganas de volver, hoy dan paso a esa inesperada sensación de tristeza al partir de regreso.

Tengo la convicción, amigas y amigos, de que estás experiencias y a aquellas guardadas en cada uno de nosotros, son parte importante de nuestra formación. Tienen la cualidad y valor de ser únicas e irrepetibles, igual que cada uno de nosotros.

Éxito para los desafíos que vienen.

Un hasta siempre a Navarra, ya veremos si es un lugar al que se vuelve.

Muchas gracias