Facultadesfacultadesuniversidad
raya
Canon de Leonardo
Departamento de Humanidades Biomédicas
raya
 Centro de Documentación de BioéticaAnterior Siguiente Imprimir Enviar por correo 
raya
Producción propia - Documentos Gonzalo Herranz - Comentarios al código español de ética médica de 1990Documentos relacionados Disponible sólo como hipertexto 

Comentarios al Código de Ética y Deontología Médica

Artículo 23. El ejercicio de la Medicina es un servicio basado en el conocimiento científico, cuyo mantenimiento y actualización es un deber deontológico individual del médico; y un compromiso ético de todas las organizaciones y autoridades que intervienen en la regulación de la profesión.

1. El deber personal de estudio.

Consagra este artículo un deber perenne del médico, presente ya en el Juramento de Hipócrates ("Haré cuanto sepa y pueda en beneficio de mis pacientes"), y reiterado en el Código Internacional de ética médica ("El médico debe a su paciente... todos los recursos de su ciencia"). Ya se señaló (Artículo 21.1) cómo en la lex artis se incluye, además de la corrección del trabajo ejecutado, de la prudencia y la diligencia, un elemento de conocimiento: la ciencia debida, lo que la ciencia del momento tiene por adecuado. Se trata del conocimiento actualizado, que todo médico, honesto e intelectualmente capaz, debe tener, no de la ciencia del superdotado o la del investigador en la primera línea del avance científico.

Sólo teniendo esa ciencia debida, el médico podrá diagnosticar y tratar a sus enfermos con competencia aceptable, y librarse de cometer errores serios e irreversibles. Se realizan ahora esfuerzos para dar a esta noción, un tanto vaga e indefinida, una formulación precisa, cuantificable. Algunas asociaciones profesionales han expresado de modo preciso qué entrenamiento mínimo es necesario para poseer competencia profesional suficiente: no se limitan a decir que son necesarios tres o cinco años de residencia, sino cuántos pacientes y con qué diversidad ha debido atender, o cuántas intervenciones ha debido realizar el candidato, para acceder a tal título o diploma. Se garantiza así al público que los médicos que reciben tal título poseen los conocimientos, habilidades y actitudes esenciales para ofrecer cuidados de calidad acreditada.

El médico ha de ser un estudiante de por vida. El acelerado progreso de la Medicina hace que la mejor formación quede anticuada en el espacio de pocos años. Seguir de cerca el progreso exige mucha capacidad de trabajo y de iniciativa para planear el estudio y la educación permanente, pues las mismas obligaciones profesionales, los deberes familiares y sociales y el necesario descanso compiten con fuerza para apropiarse de las horas que hubieran podido dedicarse al estudio.

La falta de estudio conduce al estancamiento profesional y a la rutina y convierte al médico en un practicón. La carencia de curiosidad intelectual y del empeño por hacer las cosas lo mejor posible son, sin duda, la causa principal de la práctica pobre de calidad de no pocos médicos. El estudio es una grave obligación. Los enfermos tienen derecho a ser atendidos por médicos competentes, pues esperan recibir una atención basada en los conocimientos vigentes hoy, no en las nociones que valieron años atrás.

El artículo deja al médico total libertad sobre el modo de cumplir este deber. Conviene, sin embargo, hacer algunas sugerencias. Aunque sea bueno tener una curiosidad abierta, es mejor limitarse al estudio serio de lo que es más necesario. El médico ha de ser capaz de determinar sus áreas de ignorancia y de clasificarlas, pues algunas de ellas son tolerables (e incluso benéficas: las que se refieren a asuntos raros o exóticos), mientras que otras, por referirse a cuestiones ordinarias, no pueden ser disculpadas. Un médico general, por ejemplo, debe ser un profundo conocedor de las enfermedades frecuentes en la población que atiende, debe saber mucho y ser muy competente en, por ejemplo, el diagnóstico y tratamiento de la hipertensión o de las enfermedades respiratorias crónicas, en la atención domiciliaria de los pacientes geriátricos, en el manejo juicioso de los antibióticos y los psicofármacos, y en las medidas preventivas de uso general. En pocas palabras: ha de ser experto en las entidades clínicas que se le presentan habitualmente.

Cada médico debería descubrir el lugar, el tiempo y las circunstancias más favorables para el estudio. Ha de disponer de una biblioteca personal que, aunque reducida en dimensiones, sea viva y funcional. Cada año ha que comprar algunos libros y mantener la suscripción de alguna revista de calidad.

Ha de acudir también a cursos seleccionados de actualización, a programas hospitalarios de reciclaje. Se servirá también de materiales audiovisuales de educación continuada y de los contactos con colegas.

Un aspecto de la formación continuada del médico es el perfeccionamiento de su formación humana. Por tal no hay que entender la cultura enciclopédica y refinada, sino el conocimiento profundo del hombre, para mostrar hacia él, quienquiera que sea, una actitud cada vez más comprensiva y respetuosa de su dignidad. Los propios enfermos son el mejor tratado de humanidad, donde se puede aprender cuáles son las grandezas y las debilidades de nuestra raza. El humanismo del médico consiste en conocer y respetar a sus pacientes como personas: esa es la esencia de su formación humana.

2. La educación continuada, deber institucional.

La OMC está obligada a promover por todos los medios a su alcance la constante mejora del nivel científico de sus colegiados (artículo 3,3 de los EGOMC). El Código asigna ese deber también a las restantes organizaciones profesionales (Sociedades científicas, Hospitales, Facultades de Medicina) y a los organismos y autoridades que regulan la profesión. Son muy variados los medios que se pueden ofrecer: Congresos y cursos cortos; materiales de estudio y programas audiovisuales; sesiones bibliográficas o asistencia a programas de actualización. La Declaración de Luxemburgo del Comité Permanente de los Médicos de la Comunidad Europea establece, para garantizar la competencia profesional del médico contratado, que se le permita "perfeccionarse técnicamente y poner al día sus conocimientos, durante el tiempo de trabajo remunerado". Deben los directores de las instituciones sanitarias facilitar los necesarios permisos, fuera de las vacaciones reglamentarias, para proveer al mejoramiento profesional de los médicos.

Hay que tener en cuenta que, incluso económicamente, la educación continuada mejora el rendimiento asistencial. Educar a los médicos en estrategias diagnósticas, en farmacología clínica, en cirugía ambulatoria, por ejemplo, es mucho más eficaz que hostigarlos con una política de racionamiento de gastos o con amenazas administrativas.


Anterior  Siguiente  Indice del capítulo  Indice general  Indice analítico

Producción propia - Documentos Gonzalo Herranz - Comentarios al código español de ética médica de 1990Documentos relacionados Disponible sólo como hipertexto 
raya
Universidad de Navarra | Departamento de Humanidades Biomédicas | Centro de Documentación Anterior Siguiente Imprimir Enviar por correo
EspacioarribaEspacioIrunlarrea, 1. 31008 - Pamplona. España. Tf: +34 948 425600 Fax: +34 948 425630 Correo E: apardo@unav.es
Visitante númerodesde el 25-II-2002