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Capítulo 9. Conocimiento científico.

Parte II: Sentido y límites

N. López Moratalla y A. Ruiz Retegui

b) FILOSOFISMO

El cientifismo, el empeño de explicar toda la realidad sólo desde el método científico, es de suyo tan falso y ridículo como el empeño de entender y explicar los fenómenos materiales por razonamientos filosóficos; un ejemplo divertido lo pone Manzoni en su novela "Los novios" cuando Don Ferrante razona filosóficamente que no puede haber contagio en la peste. El párrafo es largo, pero merece la pena transcribirlo. "Dice, pues, que, al correr los primeros rumores de peste, don Ferrante fue uno de los más resueltos en negarla, y que sostuvo constantemente, hasta el final, esa opinión; no ya con alborotos, como el vulgo; sino con razonamientos, de los cuales al menos nadie dirá que les faltaba concatenación. "In rerum natura" -decía-, no hay sino dos géneros de cosas: sustancias y accidentes; si yo pruebo que el contagio no puede ser ni lo uno ni lo otro, habré probado que no existe, que es una quimera. Veamos pues: las sustancias son, o espirituales o materiales. Que el contagio sea una sustancia espiritual, es un disparate que nadie querría sostener; de modo que es inútil hablar de ello. Las sustancias materiales son, o simples o compuestas. Ahora bien, el contagio no es una sustancia simple; y se demuestra con cuatro palabras. No es sustancia aérea, porque, si fuese tal, en vez de pasar de un cuerpo a otro, volaría al punto de su esfera. No es ácuea, porque mojaría, y sería secada por los vientos. No es ignea, porque ardería. No es térrea; porque sería visible. Sustancia compuesta, tampoco, porque en todo caso debería ser sensible a la vista y al tacto; y este contagio, ¿quién lo ha visto?, ¿quién lo ha tocado? Queda por ver si puede ser accidente. Pero aún más, nos dicen estos señores doctores que se comunica de un cuerpo a otro; pues éste es su Aguiles, éste el pretexto para hacer tantas prescripciones inútiles. Ahora bien, suponiéndolo accidente, vendría a ser un accidente transportado: dos palabras que se dan de bofetadas, no habiendo, en toda la filosofía, cosa más clara, más cristalina que ésta: que un accidente no puede pasar de un sujeto a otro."

"His fretus, es decir, sobre tan buenos fundamentos, no tomó ninguna precaución contra la peste, se metió en la cama, para morir, como un héroe de Metastasio, tomándola con las estrellas. ¿Y aquella famosa biblioteca suya? Puede que ande dispersa por los puestos de viejo"...

En realidad esto no es sólo un asunto de ficción: se presentó de una manera muy aguda en las discusiones entre Galileo y los aristotélicos y se presenta ahora de manera igualmente aguda. Aunque el peligro próximo sea el cientifismo, no estamos en modo alguno exentos del peligro del filosofismo. Lógicamente ya no tiene el cariz cómico del razonamiento de Don Ferrante, pero sí se presenta, se plantea, bajo la forma terrible del imperio de las ideologías. Ocurre cuando se intenta forzar la interpretación de unos datos para hacerlos pasar como apoyo de unas ideas, o para atacar otras.

Muy brevemente dos ejemplos -de signo contrario- de la pretensión de dar fundamento científico con teorizaciones biologistas a postulados ideológicos acerca del viejo tema sobre la posibilidad o imposibilidad de igualdad entre los hombres. La exigencia de igualdad absoluta -hasta en lo material o biológico- lleva a Lisenko, un joven agrónomo ruso, a defender sin pruebas una teoría evolutiva "por ser la única compatible con el materialismo dialéctico", frente a las leyes de Mendel que serían falsas por metafísicas; la Academia de Ciencias Agrícolas decide seguir la "ciencia proletaria" frente a la "ciencia burguesa" que conoce las bases biológicas de las diferencias individuales de los miembros de una especie y junto al abandono de la investigación genética se llevan al desastre las cosechas. Por el contrario, para los integrantes de la "Nueva Derecha" francesa las desigualdades que se producen por la diversidad biológica serían un bien, mientras que sería un mal todo aquello que llevara a una homogeneización. Cofundida la diferencia biológica con la desigualdad social, toda agresión, abuso de poder, etc., quedaría justificada: es el "orden del picoteo" del animal.


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