Capítulo 8. Conocimiento Científico.Parte I: Fiabilidad de la CienciaN. López Moratallad) FACTORES PSICOLOGICOS EN EL DESARROLLO DE LAS CIENCIAS Y RELATIVISMO CIENTIFICO En los últimos años, y en gran medida como reacción al positivismo lógico del Círculo de Viena, han surgido planteamientos que intentan dar una explicación del método y del progreso de las ciencias en base a factores primordial o exclusivamente psicológicos. Una de las primeras y principales reacciones contra el positivismo fue protagonizada por N.R. Hanson que atacó uno de sus puntos débiles: la distinción tan drástica que hace entre la observación y la teoría, al afirmar que las observaciones no están impregnadas de ninguna interpretación teórica, sino que son datos sólidos ante los cuales se contrastan las teorías. Hanson atacó este punto argumentando que, por el contrario, las observaciones científicas están siempre interpretadas teóricamente, "cargadas de teoría". Otra objeción que formuló al positivismo lógico es que, al interpretar el razonamiento científico como contrastación de teorías previamente construidas, niega que haya ningún razonamiento que pueda dar lugar al desarrollo de una teoría. Hanson centra su atención en el descubrimiento y sostiene que, al igual que se da una lógica de la refutación, hay también una "lógica del descubrimiento". Hay efectivamente muchos elementos que juegan un papel crucial en la elaboraciónde una teoría. Como muestra la Historia de las Ciencias, los grandes avances científicos no han procedido simplemente de una acumulación de datos, o de la aparición de nuevos instrumentos, sino, más bien, de una intuición que está basada en la propia filosofía, en analogías, etc. Es más, a veces el mismo autor de una teoría no es capaz de explicar como llegó a fomularla. En la década de los sesenta, las ideas de Hanson fueron desarrolladas por Thomas Kuhn, de la Universidad de Princeton. Kuhn parte de la idea de que con la lógica del círculo de Viena se ha olvidado el papel fundamental que la intuición, la imaginación y, sobre todo, la capacidad de receptividad de las nuevas ideas, juegan en la "estructura de las revoluciones científicas" (como titula uno de sus libros). La Ciencia no sería un camino racional de aproximarse al conocimiento de la realidad, sino el resultado de los compromisos entre científicos que aceptan y comparten teorías, métodos, paradigmas. Lo que realmente cuenta no son los factores racionales, sino el contexto histórico y psicológico del científico. Por ello, divide el desarrollo de la Ciencia en dos tiempos: períodos de "Ciencia normal" o pacíficos, y violentas "revoluciones intelectuales". Durante los períodos de Ciencia normal los científicos se agrupan compartiendo unos mismos paradigmas, unos mismos planes de exploración que les permiten ir resolviendo el rompecabezas de datos e ignorando, en estos períodos, aquellos datos que se alejan, que no encajan. Pero la tranquilidad de estos períodos no dura; los datos que contradicen las explicaciones no se pueden ignorar indefinidamente ni tampoco se puede evitar que aparezcan novedades. En medio de fuertes polémicas se proponen entonces nuevos paradigmas, casi siempre "por hombres muy jóvenes o muy nuevos en ese campo"; comienza la lucha por mantener los viejos paradigmas, y esa lucha -según Kuhn- es lo esencial al proceso de la Ciencia; llega a afirmar que "la competencia entre paradigmas no es una batalla que se resuelva con pruebas"; la sumisión a un nuevo paradigma "es una experiencia de conversión que no puede ser forzada": la lógica y los experimentos no son suficientes sino que el soporte de esa conversión estaría en factores individuales, de estética o de la confianza que presenta como capacidad para resolver esas anomalías aparecidas, etc. El criterio, el fundamento, del cambio de una hipótesis o teoría por otra, no estaría, pues, en la evidencia, sino en una "decisión de un grupo de científicos", y, por tanto, los nuevos paradigmas no siempre han de suponer un mayor acercamiento a la realidad. Algunos han ido incluso más allá que Kuhn en esta línea. Así, por ejemplo, Feyerabend, filósofo vienés que ha trabajado en las universidades de California y Berkeley, afirma que no es cierto que existan ni siquiera esos períodos de "ciencia normal"; los científicos, dice, adoptan sus decisiones por motivos exclusivamente políticos, de propaganda, de poder, de edad, etc. No hay métodos racionales en las ciencias -según él- y las crisis se resuelven por sistemas de retórica, engaños, subterfugios o propaganda. Si así fuera, no cabría la posibilidad de comprender el conocimiento y progreso científico; los supuestos conocimientos científicos quedarían reducidos a los prejuicios de un grupo. Y así no hay forma de dar cuenta de la racionalidad ni del progreso de la Ciencia. Desde estas perspectivas el concepto de progreso de la Ciencia es absolutamente relativo; la adopción de una nueva teoría simplemente significaría que es psicológicamente más satisfactoria, pero no que sea más verdadera, más apta para dar una explicación de la realidad. Como muesta la Historia de las Ciencias, los prejuicios, los intereses personales, etc., desempeñan un papel, podríamos decir, en la rapidez con que una teoría es aceptada por la comunidad científica o por los obstáculos que se ponen a esa aceptación; forma parte de la Historia de las Ciencias, pero no forma parte intrínseca del método científico. Anterior Siguiente Indice
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