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Capítulo 7. Ciencia y vida humana en la sociedad tecnológica.

A. Llano

La discusión de las cuestiones acerca del sentido y del alcance y los límites de las ciencias experimentales debe ser una tarea interdisciplinar, en la que han de participar cultivadores de diversas especialidades. Parece que el filósofo representaría la parte más débil en este diálogo, en la medida en que en la actual sociología del conocimiento, en la actual situación fáctica del saber científico, no es la Filosofía la más prestigiada. Pero entre los científicos y técnicos se extiende cada vez más la convicción de que ellos también se tienen que ocupar de la cuestión relativa al "deber ser" de la Ciencia. Y a este interrogante no se puede responder sin acudir de algún modo a la Filosofía.

A comienzos del siglo pasado, Kant dijo que la "Filosofía en sentido mundano" -no la Filosofía que se enseña, sino la que se vive- plantea cuatro preguntas fundamentales: ¿Qué puedo conocer? A esta pregunta contesta la Teoría del conocimiento. ¿Qué me cabe esperar? A este interrogante responde la Filosofía de la religión. ¿Qué debo hacer? Cuestión a la que intenta responder la Etica. Y, finalmente, ¿Qué es el hombre? Esta última pregunta englobaría las otras cuatro, y contestarla sería cometido de la Antropología.

Estas cuatro preguntas tienen mucho que ver con la cuestión que nos planteamos, aunque específicamente sea la tercera la que más nos afecta. De modo al menos implícito, todos los científicos se plantean este tipo de cuestiones. Como testimonio de ello es interesante el libro titulado "El Reto de la Racionalidad: la Ciencia y la Tecnología frente a la Cultura", que recoge las actas, comentadas por Ladriére, de un simposium realizado por la UNESCO en 1974, sobre el tema "Ciencia, Etica y Estética". En uno de los pasajes de las actas se dice lo siguiente: "Después de la segunda guerra mundial, pero especialmente desde hace una docena de años, la ambivalencia -si es buena o mala, hasta qué punto es positiva o negativa- de la Ciencia y la Técnica, se ha radicalizado hasta el punto de conducir a un verdadero replanteamiento de todo el proyecto histórico de la Ciencias y la Técnica. La utilización de la energía atómica con fines destructivos, con la que terminó la segunda guerra mundial, tuvo un efecto verdaderamente traumático sobre los científicos, la opinión pública y los responsables políticos. Apareció entonces, con toda claridad, que la Ciencia podía no ser beneficiosa en absoluto, que hasta podía conducir a catástrofes. Desde entonces, esta constatación se ha reforzado continuamente. El potencial de destrucción nuclear se ha reforzado sin cesar, creando un peligro permanente para la supervivencia de gran parte de la especie humana. Las investigaciones biológicas han alcanzado un estadio, en el que se puede comenzar a temer un límite fatal. Existe el peligro de producir, sin haberlo deseado, bacterias ultrarresistentes, que no se podrían combatir con ninguna sustancia antibiótica conocida. El desarrollo de la Medicina científica, y en particular de la Medicina preventiva, ha acumulado, es decir, ha hecho en gran parte inoperantes los mecanismos de la selección natural, y, por otro lado, un crecimiento regular de la tasa de anomalías genéticas en la especie humana. Finalmente, el desarrollo intensivo de las aplicaciones científicas y algunas tecnológicas, en particular de la Química, comprometen el equilibrio ecológico, hasta el punto de crear un grave problema en las relaciones entre el hombre y el medio ambiente".

Desde 1974, en que se produjo ese diálogo entre científicos y filósofos, hasta hoy, el problema se ha agudizado aun más y constituye la clave espiritual o cultural del momento presente. En una sociedad configurada por la Ciencia y la Técnica, se plantea, ni más ni menos, cuál es el sentido humano de la Ciencia y la Técnica; se plantea la orientación básica, el "deber ser" de la Ciencia y la Técnica.

No hay duda de que el progreso técnico -surgido de los descubrimientos científicos- ha ayudado y está ayudando al hombre a resolver problemas tan graves como el de la nutrición, el de la energía, la lucha contra las enfermedades, etc. Como consecuencia de la técnica, las condiciones de la vida humana sobre la tierra han experimentado un cambio extraordinario y han ido mejorando sucesivamente.

Pero, a la vez, la Técnica ha sido utilizada en muchas ocasiones sin control, independientemente de sus posibles consecuencias peligrosas, poniéndola al servicio ciego de determinados intereses económicos o políticos. Y, así, han ido surgiendo una serie de amenazas para el hombre, que es hoy día víctima de un gran temor, como si estuviese amenazado por lo que él mismo ha creado, por los resultados de su propio trabajo y por el uso que puede hacer de ellos. Se habla ahora de "los terrores del año 2000".


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