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Canon de Leonardo
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Capítulo 6. Derechos y deberes respecto de la verdad.

F. Ponz

d) LA COMUNICACION DE LA VERDAD

Salvados los casos en que es lícito u obligado ocultarla, la verdad es un bien que se ha de procurar difundir. Esto sucede, particularmente, con la adquisición de saberes que pueden reportar beneficios a los demás hombres.

La posesión de una verdad, en efecto, supone siempre más luz en el entendimiento y un bien para la persona, y es razonable que se desee participar ese bien poseído, que se quiera extender a otros el gozo interior que proporciona ese hallazgo. A esto ha de añadirse el deber que nace de un sentido elemental de solidaridad con los demás hombres, de fraternidad humana. Dar a conocer la verdad resulta así, en muchos casos, un deber.

El difundir o transmitir la verdad no es lo mismo que tratar de imponerla, pretender que se acepte sin más, exigir a los demás, simplemente por su manifestación, el grado de certeza que uno mismo ha alcanzado sobre ella. Consiste más bien en exponerla a la contemplación de los otros, con su debida justificación, de manera que pueda ser captada con certeza. No se trata de imponer una conclusión, sino de llevar a un común convencimiento, a una libre aceptación.

Este es el modo de proceder con los resultados de la investigación científica; se debe informar de ellos y someterlos a examen y discusión en diversos foros académicos y en las publicaciones especializadas, aportando honradamente todos los datos necesarios para que otros puedan reproducir lo que uno mismo ha hecho. Así se consigue un mayor criticismo en las interpretaciones y se contribuye al desarrollo de la Ciencia. Todos somos beneficiarios de los conocimientos conseguidos por los demás, por lo que es justo que se entregue al servicio de la sociedad, al progreso del saber humano, aquello que uno ha logrado descubrir. Esto no se opone al legítimo derecho de propiedad intelectual, ni al derecho de patente cuando se trata de algo que puede reportar beneficios económicos.

Toda la actividad docente, por otra parte, es difusión de la verdad, es procurar que el alumno contemple y acepte las verdades que se exponen o, incluso, ayudarle para que sea él mismo quien las descubra. Hay que poner la máxima veracidad y desplegar la mejor didáctica para obtener una fecunda transmisión de saberes mediante las tareas de enseñanza.

La difusión de la verdad se hace tanto más un deber necesario cuanto más bien pueden producir al hombre, y en este sentido son más valiosos los bienes del espíritu que los simplemente materiales. Por este motivo, se comprende la importancia que tiene dar a conocer las verdades de mayor trascendencia, de las que dependen los fundamentos de la convivencia social y el destino eterno del hombre, como sucede con las verdades que se derivan de la dignidad de la persona humana y con la verdad religiosa que se refiere a las relaciones del hombre con el Creador. Difundir estas verdades luminosas y salvadoras no supone fanatismo: constituye por lo contrario un generoso ofrecimiento de lo que se sabe causa un bien, puesto por obra no con obcecación violenta o intolerante, sino mediante su declaración e iluminación progresiva hasta que puedan ser admitidas libremente.


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