Capítulo 5. El profesional de la Biología.L. Montuengab) APORTACIONES DEL BIOLOGO A pesar de ser una Ciencia joven, la Biología se ha mostrado capaz de una notable influencia en la configuración de la sociedad moderna. Su participación en la construcción de lo que se puede llamar "mentalidad colectiva" actual es más que decisiva. Esto no sólo es cierto si lo consideramos desde el punto de vista de una nueva profesión y disciplina científica que influye en la civilización y en la cultura en la que nace y se desarrolla; también el trabajo de cada biólogo en el entorno social -más concreto y reducido- en el que se mueve puede tener gran repercusión e influencia. Abordaremos ahora una cuestión que nos habíamos planteado al comienzo de este capítulo. ¿Qué es lo propio del trabajo del biólogo en la construcción del entramado social? Se podría afirmar que el profesional de la vida desarrolla y concreta su capacidad de configuración en dos direcciones, la determinada por sus conocimientos especiales del mundo natural y la que se manifiesta en su habilidad técnica para dominar los procesos biológicos. Los conociminetos que esta Ciencia aporta al patrimonio cultural son tan amplios, complejos y diversos como lo son su objeto, el mundo de los serers vivos, y los múltiples enfoques desde los que el objeto se aborda. Los biólogos estudiamos los organismos vivos desde su nivel molecular, celular o tisular, hasta el nivel de poblaciones, ecosistemas, y aun de toda la biosfera. Esto hace que el profesional de la biología sea uno de los más "versátiles" de los científicos experimentales. Pero la Biología no sólo aporta conocimientos a la sociedad. El biólogo tiene, además, un papel protagonista en la tarea de acercar a los hombres al mundo vivo, a lo que constituye su entorno natural. Por otro lado, su contribución a la comprensión de la condición humana es, asimismo, importante. La sociedad por último, debe recurrir al biólogo para garantizar que sus relaciones con la naturaleza discurran por cauces adecuados, de modo que su dominio sobre los seres vivos sea racional. A continuación desarrollaremos brevemente estas tres consecuencias peculiares del trabajo del biólogo. Nos fijaremos con mayor detalle en el modo en que éstas se concretan en la tarea docente, ya que es precisamente uno de los ámbitos donde la capacidad configuradora del biólogo se manifiesta más evidentemente. Conocimiento del mundo vivo: actitud contemplativa El biólogo es, en primer lugar, profesional del asombro y de la contemplación del mundo natural. Para él un ser vivo, además de material de trabajo y medio de subsistencia, constituye un verdadero tesoro, una obra de arte única que admira y le deleita. Muchos fenómenos naturales que no llaman en absoluto la atención al profano, que no ve en ellos más que algo trivial, o, algo curioso, para el biólogo constituyen auténticas "exhibiciones" llenas de significado, cargados de un mensaje profundo: se siente llamado a conocer, o al menos a adentrarse en el misterio de la vida. Un proceso cualquiera de fermentación, la muda o la metamorfosis de un insecto, la formación de un huevo, las diversas fases del ciclo vital de una planta, la esmerada elaboración de una tela de araña, o el ballet acuático que se observa a través del ocular al analizar microscópicamente una gota de agua de charca, son algunos de los prodigios que, día a día, van desarrollando en el profesional de la Biología una peculiar capacidad de admiración. Puede decirse que el biólogo se siente inclinado a la "contemplación" del mundo vivo. La Biología, facilita, además, a quienes la cultivan la frecuente experiencia de enfrentarse a situaciones complejas, en las que múltiples variables interaccionan dentro de un todo. El biólogo se acerca a la realidad consciente de que, con su propio método experimental, no será capaz de abarcar y controlar todos los factores que concurren en el fenómeno que está estudiando. De este modo, comprende más fácilmente la importancia de la unidad, del todo, que -en el mundo de lo vivo- no es la mera suma de las partes. Antes y después de abordar mediante el protocolo experimental un problema, un organismo, sabe situarse, "contemplar", la unidad de nivel superior en la que se enmarca el objeto de su estudio, y procura relacionar e integrar sus datos, buscando relaciones con otros problemas, organismos o procesos paralelos. En este sentido se puede afirmar que el biólogo, de algún modo, está más pertrechado que otros científicos frente al riesgo del cientifismo que -como se verá más adelante- aleja al científico del mundo real por efecto de la entronización del propio método y la desconfianza ante el conocimiento que cae fuera de sus fornteras. Esa actitud, cercana al mundo de la vida, da a la enseñanza de la Biología una gran capacidad formativa. En efecto, las realidades naturales ejercen un auténtico magisterio: "nada puede sustituir al contacto con la realidad... Lo universal es muy valioso pero no debe servir para alejar de lo local, para formar hombres que estén siempre en la generalización, "sino para formar hombres que comprendan mejor lo que les rodea". Es sintomático que la palabra utopía signifique lo que no está en ningún lugar, lo a-local" (8). Las salidas al campo son un magnífico instrumento con el que cuenta el profesor de Ciencias Naturales para comunicar y despertar el amor a lo inmediato y el deseo de conocerlo; la naturaleza es el principal laboratorio del biólogo, su libro más completo e interesante, el verdadero objeto de su trabajo. La actividad en el campo es auténtica tarea profesional. Habitualmente, la salida ha sido preparada a conciencia. Se ha profundizado en los conocimientos teóricos necesarios: las condiciones de la zona a estudiar, el tema que será objeto del trabajo, el itinerario más indicado... El lugar elegido no será el más agradable, el más placentero, o el mejor comunicado, sino el que más se ajusta a las necesidades del protocolo. En algunos trabajos la "excursión" lleva, semana tras semana, durante meses, a los mismos 20 metros cuadrados de bosque o a la misma charca, que acabamos conociendo palmo a palmo. La salida requiere con frecuencia buena dosis de reciedumbre, de resistencia y de buen humor, puesto que las condiciones climáticas no son siempre las deseadas y la toma de muestras puede necesitarse con periodicidad determinada. El rigor y la precisión en la recolección del material y de todos los datos observados son exigencias inherentes a este trabajo. Un error, un descuido, una concesión a la pereza pueden dar al traste con días de trabajo o pueden conducir a interpretaciones inexactas de los datos. Como en otras ciencias experimentales, el trabajo en el laboratorio es también ámbito del biólogo y las prácticas de laboratorio -con su exigencia de orden, limpieza, cuidado de los pequeños detalles, habilidad manual, constancia, etc.- es de gran potencial formativo. Al mismo tiempo, los seres vivos con la unidad de funciones que les caracteriza, la capacidad de homeostasis, adaptación, etc., y su manifiesta finalización hacia la conservación y transmisión de la vida..., ofrece al profesor que trata de darlos a conocer una excelente base para fomentar en los alumnos la mentalidad abierta hacia otros métodos de conocimiento distintos de los de la propia Ciencia. El profesor de Biología debe enseñar a integrar los datos, nociones e ideas que expone en su asignatura, con las que aprenden simultáneamente en materias muy distantes, procurando evitar a toda costa planteamientos que puedan llevar a los jóvenes alumnos a pensar que la realidad es distinta dependiendo de la ciencia que la estudie; o que la verdad está dividida en distintos compartimentos estancos incompatibles entre sí. Al contrario, debe facilitar a los estudiantes la incorporación de los datos que proporciona la Biología en la concepción armónica de la cultura, el hombre y el mundo que ordinariamente reciben en las materias humanísticas del plan de estudios. Los planteamientos reduccionistas, la pretensión de dar cuenta cabal de un ser vivo desde una exclusiva y parcial perspectiva, fomentan en los alumnos posturas escépticas ante la verdad, que a la larga, se demuestran muy nocivas -por erróneas- tanto a nivel personal como social. Tener capacidad para contemplar la realidad -la naturaleza viva- es el mejor antídoto, en una sociedad tecnificada y trepidante, frente al escepticismo. Esa mirada atenta al mundo de lo vivo no deja fuera al mismo hombre. Es cierto que la Biología no da -no puede dar- una imagen, ni una descripción global y plena de lo que es el hombre; pero la biología humana, el estudio de un cuerpo como el cuerpo del hombre ofrece el testimonio de que hay dimensiones humanas irreducibles a la mera materialidad. El hombre como tal se escapa a su método propio, que sólo es capaz de proporcionar datos parciales. La biología del hombre muestra asímismo el puesto preminente que por su propia naturaleza tiene el hombre entre el resto de los seres vivos. Ciertamente, este testimonio no es una afirmación positiva acerca del valor, ni del significado de lo propiamente humano, pero tiene en sí mismo capacidad de desmitificar ese conjunto de ideologías -ecologísmos en sentido amplio- donde el "señorío" propio del hombre se disuelve en una exaltación amorfa de la naturaleza que ha perdido la capacidad de distinguir una gramínea de un leopardo. Saber mostrar que la Biología no explica la "humanidad" del hombre, del mismo modo que la descripción fisico-química de un animal omite la "animalidad" del animal, es una gran tarea; la falta de capacidad de mirar al mundo y verlo en su totalidad, de darse cuenta de lo que encierra cada cosa, causa la desorientación tan ampliamente observable en nuestra cultura. Dominio y conservación de la naturaleza: actitud de respeto Puede afirmarse que el biólogo está capacitado profesionalmente -al conocer la dinámica de la naturaleza- para ser el "interlocutor" idóneo en las relaciones de los hombres con su entorno natural; sabe tratar a la naturaleza, conoce su lenguaje, sus secretos, sus caprichos, sus costumbres. Puede por ello, y debe, informar a sus conciudadanos sobre el modo más adecuado de establecer vínculos -por ejemplo de explotación- con el mundo de lo vivo. Gracias a su formación puede dar respuesta a los problemas que plantea mantener la utilización de un mundo vivo amenazado (9). Está preparado, ordinariamente, para proponer soluciones que eviten abusos o deterioros. Así le es propio, por ejemplo, la "evaluación del impacto ambiental", que es un protocolo dirigido a terminar la previsible incidencia sobre el entorno de programas, proyectos o iniciativas de diverso tipo: edificaciones, fábricas, experimentos de campo, procesos de tratamiento de residuos urbanos, repoblaciones, etc. En algunos países, esta evaluación es requisito administrativo imprescindible para autorizar esas iniciativas, y actualmente se está estudiando su implantación a nivel de la CEE. Por todo lo que hemos dicho, es lógico que el biólogo se haya constituido en el mayor divulgador de la actitud de respeto y conservación de la naturaleza. El debe ser ejemplo y guía de la responsabilidad por custodiar ese gran tesoro que cada hombre ha recibido que es el mundo vivo. La mentalidad de admiración, cuidado y contemplación de la naturaleza viva y el medio ambiente debe ser contagiada al resto de la sociedad, que comienza a descubrir en el biólogo el baluarte y la garantía para que el entorno natural siga siendo auténticamente un ámbito para una vida humana. Hacemos de nuevo mención de la tarea docente; esto no se debe sólo al reconocimiento de que un porcentaje muy alto de biólogos que se dedican a ella, sino al hecho de que como todo profesor forma inteligencias, engendra formas de pensar. Su función no se limita a "dar una clase", nadie le obliga -ni le autoriza su deber- a recortar el contenido de su trabajo, a trasmitir esos contenidos. Al profesor de Biología, de las ciencias de la naturaleza viva, le compete enseñar a comprender el mundo de la vida con la mirada de respeto del que sabe que lo ha recibido como don, y del que conoce que, de su conservación y perfeccionamiento, depende en una cierta medida que el mundo que habita y habitarán las generaciones que le sucedan pueda seguir siendo un mundo para el hombre. Las realidades que trata de dar a conocer no son artificios humanos, no son "máquinas" sin otro valor que el utilitario. En una sociedad de consumo en la que hasta los más sofisticados artefactos están pensados para "usar y tirar" tiene un especial valor formativo saber mostrar, y en su justo valor, una semilla o una hormiga... que el hombre no es capaz de fabricar. Anterior Siguiente Indice
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