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Departamento de Humanidades Biomédicas
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Capítulo 3. La ética del trabajo.

A. Ruiz Retegui

a) INTRODUCCION

Ambitos de significación del término "trabajo"

La palabra trabajo -o sus equivalentes- tiene un origen remoto, pero su ámbito de significación ha experimentado variaciones importantes a lo largo de la historia. Por eso no resulta muy útil hacer análisis etimológicos. Aún hoy, lo significado con esa palabra es tan variado que no parece pertinente tratar de establecer una definición precisa. Esto supone una cierta dificultad, pero a la vez exige realizar una reflexión sobre la realidad, que es de gran interés.

La razón que nos impulsa a evitar tomar como punto de partida una definición exacta del trabajo, es que el trabajo se ha convertido en los últimos siglos en la referencia fundamental para el entendimiento de la articulación social y consiguientemente, de modo especial a partir de Marx, para la actividad política. Como la actividad política es la más amenazada por la embestida ideológica, el trabajo mismo resulta muy frecuentemente entendido desde una perspectiva ideológica. En nuestro mundo cultural el trabajo viene a ser una realidad frecuentemente nombrada, pero escasamente observada en su verdadera realidad y en su amplitud de significación humana.

Por eso nos proponemos explícitamente dirigir nuestra atención al trabajo para captarlo lo más fielmente posible. Es muy probable que las consideraciones nuestras, precisamente por pretender alcanzar con fidelidad la amplia realidad del trabajo, concluyan en una exposición orgánica no perfectamente estructurada. Esto no es una limitación que deba inquietarnos, pues la unidad de las consideraciones que se hacen en el pensamiento no debe buscarse tanto en la mera coherencia interna de la construcción intelectual cuanto en la coherencia con la realidad que se trata de entender.

Desde un punto de vista más bien descriptivo, puede afirmarse -manteniéndonos en un nivel muy general- que las múltiples significaciones de la palabra trabajo coinciden todas en tener que ver con la acción humana. El lenguaje ordinario denomina "trabajo" a cierto tipo de acciones humanas, no a todas. También se designa con esa palabra al resultado de las acciones que reciben esa denominación (por ejemplo, cuando se dice que un ensayo es "un buen trabajo", o que hay que entregar "un trabajo sobre la termodinámica de la evolución). Así mismo se llama trabajo al objeto de esas acciones humanas (por ejemplo, cuando decimos que nos hemos propuestos "un trabajo para el fin de semana").

No cualquier actividad humana es denominada trabajo: hay acciones humanas que no se denominan así. La delimitación entre estos dos tipos amplios de acciones no es fácil, y requiere consideraciones más detalladas.

La amplitud de tipos de acción que son denominadas trabajo nos remite a cuestiones importantes y fundamentales de antropología de la acción humana y de la configuración social. Las formas de actividad propiamente humana son muy variadas y, en su fundamento, muestran las diversas características de la condición humana (1).

Por su condición de ser corporal vivo, el hombre ha de realizar actividades en las que atiende al "metabolismo de la vida": come, se lava, se protege del medio, etc. Correspondientes a este ámbito de la actividad humana hay algunas acciones que se denominan trabajo y otras no: comer es una acción humana que no es calificada como trabajo, pero preparar la comida a veces sí.

Para realizar esas actividades el hombre cuenta con razón y manos que vienen a sustituir la deficiencia que tiene el hombre respecto a los animales en lo que se refiere a la dotación instintiva. Por su razón y sus manos el hombre no sólo realiza esas acciones de un modo libre, no estrictamente predeterminado, sino que es capaz de usar instrumentos en cuanto tales, y por tanto, es capaz también de idearlos y construirlos. Este "hacer instrumentos" o "fabricar cosas" es considerado también trabajo, algunas veces, quizá la mayoría.

Aunque la denominación de trabajo sea común a los dos tipos de actividades que hemos referido hasta ahora, hay que reconocer que existe una diferencia importante: aunque, en principio, la acción de fabricar instrumentos vaya en ayuda del metabolismo de la vida, no está totalmente determinada por las exigencias de ese proceso ni se sume completamente en él. El metabolismo de la vida es proceso, mientras que esos productos fabricados como instrumentos permanecen estables al lado del proceso de la vida al que ayudan. Esos objetos estables, expresión permanente de la racionalidad libre que los ha creado, configuran un "mundo" estable, constituido por objetos, cosas permanentes.

La diferencia entre los dos tipos de actividades que hemos considerado se manifiesta patente, pues el "trabajo", por ejemplo, de un cocinero, o de un encargado de limpieza, o incluso de un médico, no deja nada tras de sí: es actividad que se sume completamente en el proceso vital, y por tanto, son actividades que nunca se acaban como no se acaba el proceso de la vida. Quienes realizan esos trabajos no pueden mostrar su "obra". Por el contrario, quienes fabrican cosas que duran, sí pueden mostrar lo que han hecho: un arquitecto o un escritor, al poder mostrar una obra estable, alcanzan en su actividad una dimensión que no aparecía en el caso anterior.

Aún encontramos un tercer tipo de actividades que también se denominan trabajo, aunque aparecen muy distantes de las anteriores. Son las actividades que se derivan no simplemente del carácter metabólico-corporal de la vida del hombre, sino de su carácter plural. En efecto, la condición plural no es accidental para el hombre, y su vida no es simplemente vida "junto a" otros hombres, sino en el sentido profundo, que hemos visto en el capítulo anterior, es verdaderamente "convivencia". La condición plural es fundamento de actividades específicas y variadas, algunas de las cuales se denominan a veces trabajo. Así las actividades ordenadas a la propia organización de la pluralidad humana, que no está como en los animales "sociales" -abejas, etc.- predeterminada por la naturaleza, y requiere la actividad inteligente y libre del hombre, suelen ser denominadas trabajo. Trabajo son en este sentido la actividad propia de políticos, gobernantes, economistas, juristas, etc. Hay también otras actividades humanas que sin ordenarse a la organización de la pluralidad tienen en la pluralidad humana su razón de ser como son las múltiples formas de actividades educativas. Trabajo en este sentido es la actividad del maestro, y la del discípulo. Sin embargo, la actividad de los padres que educan a sus hijos no suele denominarse trabajo. Algunas actividades humanas que nacen directamente de la pluralidad, como pasear y conversar con los amigos, participar en juegos colectivos, etc. no se denominan en principio trabajo.

Sentido social del trabajo: la profesión

En el párrafo anterior hemos subrayado las expresiones a veces, algunas veces, suele, en principio, porque manifiestan que las consideraciones realizadas en un nivel de reflexión que podríamos denominar individual o esencial abstracto, se muestran insuficientes cuando las comparamos con la consideración que de ellas se hace en la convivencia entre los hombres tal como se expresa en el lenguaje ordinario.

En efecto, la actividad humana de conversar con los amigos no es considerada trabajo generalmente, pero la amistosa charla del maestro con el discípulo que acude a consultarle o con sus colegas, sí suele ser considerada trabajo en el ámbito correspondiente. Sólo una visión muy restringida y productivista de la universidad podría conducir a menospreciar los momentos de comunicación directa y amistosa. Por supuesto que esas conversaciones pueden hacerse banales y, en ese sentido, constituir una "pérdida de tiempo", pero ¿quién en un ambiente universitario podría negar el calificativo de trabajo a la actividad que se desarrolla en una conversación de seminario?

Análogamente jugar al ajedrez o al fútbol no será considerado trabajo si quien lo realiza lo hace por puro esparcimiento, pero sí es considerado trabajo si el que lo realiza, lo tiene como profesión.

Como profesión. He aquí una palabra estrechamente vinculada con nuestra noción de trabajo: profesión. Incluso puede afirmarse que el trabajo se determina en su significación propia cuando se le califica como trabajo profesional.

Parece que al formar nuestra noción de trabajo no tenemos ante la mirada sólo el individuo humano con sus facultades operativas, sino que implícitamente alcanzamos a la persona como inscrita en la pluralidad, en la sociedad humana.

Concebir el trabajo como profesión, calificarlo como trabajo profesional, quiere decir que la actividad humana denominada trabajo no se considera sólo desde su raíz, en las facultades operativas del hombre, sino desde el contexto social. Una actividad humana, lo podemos afirmar, es considerada trabajo profesional cuando se ejercita, y en cuanto se ejercita, formando parte del contexto social, es decir, en cuanto se inscribe en el conjunto de funciones de la sociedad, a través de las cuales la misma sociedad se autoconstituye se automantiene, se autodesarrolla.

La misma actividad, considerada desde el punto de vista de la persona individual, transformarse de ser un mero esparcimiento, o incluso una pérdida de tiempo, a ser un trabajo reconocido, profesado ante los demás cuando, por ejemplo, es aceptado por algún núcleo social, y consecuentemente, remunerado.

En la sociedad en que vivimos no es pues el trabajo el que produce los medios para vivir. No hay una relación inmediata y directa entre la actividad que se realiza y esos medios. La relación está mediada por la función de la sociedad en su conjunto, que acoge la actividad de cada uno, y, como conjunto, produce los bienes que reparte en forma de salario. Por esto, podría afirmarse que, en cierto modo, recibir un sueldo es lo que en nuestra sociedad eleva una actividad a la categoría de trabajo profesional. Esa inversión de causalidades está en la base misma de gran parte de los conflictos personales y sociales en torno al "mundo del trabajo".

En esta perspectiva en que nos movemos, puede ser trabajo no hacer casi nada: la denominación de trabajo no se da a una actividad atendiendo a su propia naturaleza intrínseca, ni siquiera el tener de suyo una finalidad distinta de la propia actividad. "Tener trabajo" no nos dice casi nada sobre la cualidad intrínseca de la actividad de la persona, sino más bien de su integración dentro del conjunto social.

Ciertamente si se absolutiza el carácter de profesión del trabajo, el trabajo mismo resulta totalmente funcionalizado en el conjunto de la sociedad y en consecuencia la persona misma queda, en ese aspecto, absorbida por la colectividad. Pero aquí se está señalando un aspecto importante que no puede ignorarse si se trata de atender a la realidad.

La perspectiva colectivista es fuertemente reduccionista, pero también es inadecuado tratar la cuestión del trabajo desde una perspectiva esencialista, es decir, desde la pura esencia metafísica del hombre, que inevitablemente considera al hombre en universal y, por tanto, como uno. Si queremos hacer justicia a la realidad del trabajo es necesario una atenta consideración de la pluralidad humana, como peculiarísima pluralidad de "seres únicos", es decir, de personas absolutamente dignas, que constituyen cada una de ellas, un todo de sentido.

La noción de trabajo, lo mismo que la expresión bíblica "dominad el mundo" no remite únicamente a la persona individual y a sus potencias activas.

El significado humano del trabajo

Encontrar una significación o sentido a algo quiere decir situarlo en una relación intrínseca con una "fuente de sentido". Cuando alguna realidad se considera como significativa por sí misma, las demás adquieren su significación por su conexión con ella. Esa conexión puede ser de diverso tipo: de unión intrínseca, de finalidad, de perfección, etc.

Así por ejemplo, cuando lo que se considera significativo por sí mismo es el dinero (en cuanto permite hacer lo que se quiere: lo cual quiere decir que lo significativo por sí mismo en el fondo es lo que quiera proponerse la libertad incondicionada, no el dinero), cualquier actividad adquiere significación, está suficientemente justificada, cuando se consigue mostrar su conexión con el dinero. Mientras esa conexión no se ha alcanzado, las significaciones parciales siguen reclamando un "para qué".

La fuente de significación auténtica ha de ser algo que tenga la cualidad de ser valioso por sí mismo y no en función de otra cosa, es decir, no ha de ser un "valor relativo a otra cosa" sino un "valor no relativo", "un valor absoluto". El único bien absoluto que hay en el mundo creado por Dios es la persona humana en cuanto tal. En cuanto tal, es decir, como tal persona humana y no como mero medio para hacer otras cosas, o como capaz de entender o de producir obras de arte.

Entender cabalmente una realidad es, pues, ponerla en conexión con lo humano en cuanto tal. En estas páginas trataremos de encontrar la relación que el trabajo del hombre tiene, no con la producción de bienes de consumo, o con la conservación del medio ambiente, o con el mantenimiento de las democracias liberales, sino con la propia humanidad del hombre. ¿Cómo es esta relación? ¿Existe de verdad? ¿Es una relación necesaria? Aún si el hombre tuviera todas sus necesidades cubiertas ¿tendría que trabajar? ¿Qué significa entonces el trabajo? Si parece que en todas las actividades que se denominan trabajo el significado inmediato se toma de lo que se causa fuera de la misma persona ¿cómo es afectada la persona?

Adelantando, de un modo muy general aún, lo que veremos más adelante podemos decir que el núcleo del problema sobre la cuestión humana del trabajo radica en establecer de un modo teóricamente claro -y que pueda orientar la práctica concreta- la relación entre la dimensión productiva de la actividad y la dimensión inmanente o de afectación al hombre.


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