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Capítulo 1. La Ciencia y la fundamentación de la Etica.

Parte I: La dignidad de la persona

A. Ruiz Retegui

a) EL PROBLEMA ETICO DE LA CIENCIA

La irrupción de la Bioética

La Ciencia biológica ha alcanzado una popularidad que no es frecuente en el caso de las ciencias positivas, ni aun en este tiempo de ilustración consumada, en que es característica la divulgación en grandes medios de los logros de las ciencias especializadas.

La razón de esta popularidad no es sólo el logro de ciertos descubrimientos en su ámbito propio. Ciertamente en los últimos años, las ciencias biológicas han conseguido metas espectaculares, especialmente en el ámbito de la Biología molecular. Pero estos descubrimientos raramente han traspasado los límites de las publicaciones especializadas o de la alta divulgación. La popularidad de la Biología no se debe tanto a los descubrimientos en la investigación avanzada, cuanto a la aplicación práctica de algunas técnicas que en sí mismas son bien dominadas desde hace décadas, pero que desde hace pocos lustros se han aplicado al hombre.

La referida popularidad no es, pues, estrictamente debida al desarrollo científico, sino más bien a la audacia con que ha sido usada para intervenir en la vida humana. Esto hace, por una parte, que los investigadores más cualificados sientan un cierto malestar ante esa difusión de técnicas biológicas y ante ese estar en primeros planos de la actualidad bajo un aspecto que no es propiamente el más valiosamente científico; y, por otro lado, hace que la popularidad de la Biología sea una popularidad que la problematiza: no se trata sólo de una popularidad de la Biología, sino, simultáneamente, una popularidad de Etica como problematización de las actividades de los biólogos. Las publicaciones de Bioética se ha multiplicado casi inabarcablemente, sobre todo en el ámbito de los países más influidos por los avances de la técnica, es decir, en los países anglosajones. Puede decirse que la explosión de investigaciones y publicaciones sobre Bioética son un suceso epocal, que acoge y expresa una de las características más propiamente peculiares de este tiempo nuestro calificado, un poco confusamente post-moderno, es decir, situado más allá -o "de vuelta"- de los sueños modernos de edificar, desde el racionalismo científico, un mundo plenamente adecuado a la humanidad del hombre. El fenómeno del post-modernismo nace del desencanto del proyecto de la modernidad, cuya pretensión se ha mostrado fallida. La Bioética es una de las realidades culturales propias de la post-modernidad.

Los precedentes en la Física

En realidad, esta crisis de la razón cientifista como configuradora del mundo, tiene una especie de preanuncio en la historia de los investigadores atómicos: de la idílica confianza y prestigio de la Física cuántica atómica y nuclear de los años veinte y treinta de nuestro siglo se pasó a una profunda crisis tras el descubrimiento de la fisión nuclear, en 1939, y especialmente tras la explosión, el 6 de agosto de 1945, de un artefacto sobre la ciudad de Hiroshima (1). Aun hubo un cierto momento de vacilación con los programas "Atomos para la paz" y similares. Pero, a finales de los sesenta y durante los años setenta, el prestigio de la Física nuclear y las tecnologías nacidas de ella se fue al traste. Se tomó entonces conciencia bruscamente que esas tecnologías, no sólo no garantizaban una segura humanización del mundo, sino que constituían una grave amenaza para el ámbito de la existencia humana. Se pasó a considerar la tecnología nuclear, de progreso cargado de bendiciones futuras, a una ciencia maldita que ni aun con fuertes precauciones podía ser admitida.

El movimiento ideológico paralelo fue el ecologismo, la defensa del medio natural amenazado por la tecnología dura y salvaje. Repetidamente se advirtió que la naturaleza, el "mundo humano", era frágil y podía ser quebrantado por la técnica humana (2). Por supuesto, estamos muy lejos aún de haber conseguido situarnos adecuadamente para dar una respuesta a este problema que se haga conveniente cargo de todos sus términos. Casi se puede decir que el rechazo limpio y neto de aquellas técnicas es una muestra de que no se sabía tratar con ellas y que por eso lo mejor era un rechazo apasionado y tajante, es decir, no racional. El problema no era "entendido" y por eso se ha hecho materia de tratamiento ideologizado, lleno de pasión.

Peculiaridades éticas de la Biología

Pero sin haber tenido tiempo ni resortes intelectuales apropiados para afrontar ese problema, se nos ha echado encima otro problema del mismo tipo, pero más sutil y más difícil de afrontar e incluso de situar en sus términos precisos. Es el problema de la manipulación biológica del hombre.

La cuestión no se presenta tan virulenta como la de la tecnología nuclear, sus efectos no son tan directamente catastróficos como los de las explosiones o accidentes nucleares. Sin embargo, su manera de afectar a la persona, la hace aun más incisiva y compleja. En efecto, las catástrofes nucleares tienen la novedad del terrible alcance destructor, pero, en cierto modo, llega a cada persona "desde fuera" como las armas destructivas convencionales. Las afecciones radiactivas hacen más odiosas sus consecuencias, pero no cambian estrictamente su condición de "ataque violento" al hombre. Por el contrario es la humanidad del hombre, su nacimiento, e incluso su identidad personal son las que, en virtud de la nuevas tecnologías biológicas, son directamente afectadas. Si las posibilidades de desatar energías cósmicas podían poner en peligro la supervivencia de la humanidad, en el caso de la tecnología nuclear, ahora ya no es la humanidad en general sino la humanidad concreta de la persona la que es puesta en juego, con las tecnologías biológicas.

Así ha surgido la cuestión de si el mundo, dominado por el hombre hasta esa medida, es más humano o, por el contrario, revierte contra el mismo hombre. El gran interrogante es si el proyecto de dominio humano del mundo no se ha convertido en un dominio de la Ciencia sobre el mismo hombre.


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