Capítulo 16. La sexualidad humana.A. Ruiz Reteguib) LA SEXUALIDAD COMO DIMENSION DE DONACION La sexualidad como dimensión de donación peculiar Los abundantes y pormenorizados análisis y descripciones que la fenomenología nos ofrece sobre la sexualidad nos la muestran como una realidad extraordinariamente compleja, pero a la vez profundamente unitaria. No se trata de fenómenos dispersos, sino hondamente coherentes, pues son como la articulación de una dimensión de donación personal. La sexualidad podemos definirla, en un nivel todavía muy general, como aquella determinación de la persona humana en virtud de la cual la persona es capaz de una donación interpersonal específica. La sexualidad es, en efecto, una dimensión de donación, de donación peculiar. Esto nos da una primera advertencia de la importancia humana de la sexualidad, pues la donación no es un aspecto accesorio, secundario o derivado, sino el aspecto más propio de la persona en cuanto tal. Si la sexualidad es una dotación peculiar de la persona para donarse de un modo específico, es necesario considerar atentamente de qué modo la donación de la sexualidad está implicada en la donación que es propia del hombre en cuanto tal. Aunque esté vinculada con esa dimensión radical humana, no se identifica con ella, puesto que es una donación o cualidad de la persona que se ordena a una donación peculiar, característica. La peculiaridad de la donación mutua de que son capaces dos personas en virtud de su cualificación sexuada como varón y mujer es patente en general, y, evidentemente, distinta de la capacidad de donación que las personas tienen por su propia condición humana. Para una determinación articulada y precisa de la donación propia de la sexualidad se requiere una descripción, siquiera somera, de la donación personal propia de la misma condición humana. La donación como dimensión humana Los hombres, en cuanto tales, son capaces de donación mútua. Esta donación se expresa en todas las dimensiones horizontales o estratos componentes del ser humano, desde los más intelectuales hasta los gestos más corporales. Su núcleo está en la voluntad en cuanto que por esta potencia espiritual las personas son capaces de la afirmación del ser de la otra persona. El amor personal propio del hombre, en cuanto tal, se expresa nuclearmente en la afirmación gozosa del ser mismo de los demás: querer en la forma más pura del amor personal es amor de benevolencia, que es distinto del amor de dominio o del amor de concupiscencia. El amor de benevolencia es como el reflejo del Amor Creador, que afirma a la criatura humana por sí misma, y se vuelca sobre ella dándole a participar su propio bien. Por eso el amor de benevolencia, el amor bueno entre las personas no puede concebirse como una neutra afirmación de su existencia, sino que connota necesariamente una donación personal. Y por esa misma razón incluye las muestras de una unión personal en los aspectos o estratos corporales de la persona. El amor entre las personas tiene un ámbito, o un lenguaje propio, en el campo de las expresiones corporales, desde la mirada o la sonrisa, hasta las formas de unión física, por el contacto de los cuerpos, por la inclusión en el ámbito personal del hogar, etc. Hay una rica fenomenología que describe muy pormenorizadamente este lenguaje del cuerpo, en el que los gestos corporales adquieren un sentido que trasciende la pura significación mecánica y alcanza un nivel propiamente humano. Así, aun cuando la significación mecánica de una bofetada se identifica con la palmada amistosa, no identificamos su sentido. Las formas de amor interpersonal no pueden considerarse únicamente como un querer lo mejor para las personas, sino como un querer mejor a la misma persona. No sería amor bueno el que afirmara el ser de una persona en una situación de miseria, de hambre o de ignorancia: el amor que afirma a la persona implica amor a su verdad, a su cumplimiento: "Te quiero" no significa simplemente "íqué bueno que existas!", sino que implica el "te quiero feliz". En este sentido, el amor verdaderamente personal incluye el deseo de la plenitud de la persona querida y, en la medida en que esa plenitud puede considerarse como un universal -pues existe una peculiar "verdad del hombre" en universal-, querer mejor a una persona puede significar querer lo mejor para esa persona. Esta donación, la entrega de un médico a sus enfermos o de un maestro a sus discípulos, o más en general, la entrega de una persona a sus amigos, no está de suyo limitada más que por las posibilidades físicas de espacio y tiempo. Características de la donación sexuada La capacidad de donación que tienen los hombres en virtud de su condición sexuada se expresa en una forma de amor que es del todo peculiar. Esta peculiaridad no consiste en que se dirija a la persona en su singularidad, pues, como hemos visto, esto es propio del amor verdaderamente humano. Tampoco consiste esa peculiaridad en el mero hecho de que involucre la corporalidad. El amor específico de la sexualidad no puede expresarse exclusivamente afirmando que es un amor que incluye la singularidad personal y la corporalidad. Para caracterizar la forma de donacion humana expresada en el amor sexuado es necesario recurrir, en primer lugar, a una descripción de esa forma de amor tal como lo encontramos en el ámbito de la vida humana. En segundo lugar, será necesario un recurso a los fundamentos ontológicos y antropológicos de esa peculiar forma de amor, que podríamos denominar amor de enamoramiento o amor sexuado. Exclusividad.- La primera nota en la que se expresa el amor de enamoramiento es su peculiar carácter exclusivo. El fenómeno de los "celos", aunque pueda tener una dimensión patológica, hunde sus raíces en la propia naturaleza del amor sexuado. Ciertamente se habla, a veces, de celos cuando se refiere al sentimiento de un alumno que se duele porque su profesor dedica más atención a un condiscípulo, o cuando se refiere al artista que sufre porque otro ha conseguido captar el favor que el público le dispensaba. Pero en estos casos habría que hablar más propiamente de vanidad, y sólo figuradamente se trata de celos. Los celos en el amor sexuado apuntan a una propiedad que aparece íntimamente reclamada por ese amor que no pide solamente ser personal sino ser exclusivo. De ese modo, el amor sexuado entre dos personas aparece como una forma de donación en virtud de la cual una de las personas es exclusivamente de la otra, y querer con la forma de amor sexuado a una de ellas por parte de una tercera persona aparece como una intromisión injusta. Esto supone una distinción radical respecto del amor humano no sexuado. En efecto, aunque las exigencias del amor puedan originar un cierto límite al "número de amigos", de suyo, el amor humano no sexuado no impone exclusividad; más aun, reclama comunicación de amistad. Cualquier persona pretende, en cierto modo, que sus amigos, o, en general, las personas que quiere sean también queridas por sus amigos y sufre cuando advierte el desprecio o indiferencia de los demás hacia sus amigos. Por el contrario, el amor sexuado crea una especie de comunidad de amor que de suyo es reducida naturalmente a las dos personas de sexo contrario. Fecundidad.- La segunda nota es la referencia a la fecundidad. Sería, ciertamente, una visión reduccionista y funcionalista de la sexualidad, convertirla simplemente como un medio de reproducción. La sexualidad no es sólo un medio que pueda entenderse, y consecuentemente normarse, desde el fin. La sexualidad, como se va exponiendo en estas páginas, es una dimensión humana: su medida le viene no de su eficacia sino de la persona; su norma no es instrumental sino personal. No obstante, hay algo profundo que se expresa al decir que la sexualidad es un medio de reproducción, pues la dimensión humana de la sexualidad instituye una forma de entrega que se abre a la donación de la vida como una expansión de su dinámica propia. No se trata únicamente de que la condición sexuada de los cuerpos dé la capacidad e inscriba los instintos para realizar los actos que posibilitan el nacimiento de la nueva vida. La realidad es más profunda y afecta de modo más profundo a las propias personas que se entregan en su condición sexuada. El niño que nace no es advertido por sus padres como simple producto o consecuencia biológica de su cohabitación, sino verdadera y propiamente como fruto de su amor. Esta advertencia no se da exclusivamente a posteriori, sino que está presente desde el principio. El amor sexuado entre un hombre y una mujer lleva implícito el deseo, o al menos la perspectiva, de la fecundidad. Un amor que cerrase explícitamente esa perspectiva sería un amor incompleto. El amor de enamoramiento alcanza su plena dimensión cuando incluye también explícitamente la apertura a la donación de la vida. El sufrimiento de un matrimonio estéril es una muestra de que, a pesar de las dificultades biológicas o físicas corporales, el amor humano es ámbito de generación de la nueva vida. Las experiencias de esta realidad podrían multiplicarse, pero baste recordar las frases con que a veces se designa a la persona objeto de este peculiar amor: "te quiero", "quiero que seas la madre/padre de mis hijos", que es como decir: "te quiero" es lo mismo que decir "contigo me entrego para engendrar vida". Sexualidad y corporalidad La corporalidad como condición de posibilidad de la fecundidad.- La apertura a la transmisión de la vida supone, como su condición biológica, una determinada dotación corporal. Podríamos decir que así como la existencia del músculo risorio es condición de posibilidad para la sonrisa humana, así también la dotación orgánica de los órganos dispuestos para la reproducción son la condición de posibilidad material para la fecundidad del amor sexuado. Pero explicar la naturaleza profunda de la fecundidad humana en simple término de fisiología sería tan grotesco como tratar de explicar el profundo significado de la sonrisa en un rostro humano en simples términos de contracción del músculo risorio. Ciertamente, la descripción científica de la fecundidad humana es mucho más compleja e interesante que la elemental descripción de un movimiento muscular, pero eso no es más que una posibilidad de equívoco respecto de la cual hay que estar prevenidos. La cuestión es, pues, determinar el significado humano de la unión coporal propia del cuerpo sexuado y abierta a la generación. Este significado humano lo encontramos en que, como hemos dicho, la donación personal se hace fecunda a través de la mediación de la corporalidad, que es condición de posibilidad, del mismo modo que la alegría del alma se expresa en el rostro personal a través de la mediación material del músculo adecuado. Prioridad de significado de la fecundidad.- La sexualidad humana implica la fecundidad, y esta fecundidad del amor humano es la que da sentido a la existencia de la sexualidad corporal. La compleja constitución de la sexualidad del cuerpo humano sólo se entiende adecuadamente desde la perspectiva de la donación amorosa propia de la condición sexuada de la persona humana, y no al revés. Los fenómenos corporales reciben su significación propia humana desde la dimensión de la donación. Aquí se requiere de nuevo una advertencia respecto del cientifismo que es justamente la explicación de todos los fenómenos desde el punto de vista de la corporalidad considerada, además, en su simple dimensión material cuantificable. La perspectiva cientifista tiende a ver la sexualidad desde la materialidad; tiende, dirían los filósofos, a concebir la formalidad como añadida o mera consecuencia de la materia, y, por tanto, a entender los significados como secundarios o derivados, es decir, la sexualidad sería una realidad, en última instancia, corporal, y todo significado habría que deducirlo de los componentes o procesos fisiológicos. Significado propio de los gestos corporales: La donación humana sexual no es exclusivamente asunto corporal, pero su apertura a la transmisión de la vida incluye particularmente al cuerpo como condición de posibilidad para su cumplimiento. La expresión corporal no es asunto exclusivo del amor sexuado, pero éste requiere expresiones corporales propias y características. Las expresiones del amor sexuado en la corporalidad reciben su significación no simplemente del hecho de ser manifestación de la donación personal, ni tampoco de ser expresión del amor personal singular, sino de ser la expresión cumplida de la donación personal fecunda. Justamente por esto las muestras corporales del afecto personal sexuado adquieren su significación propia en relación con la unión corporal propia de la generación. Los gestos corporales de afecto propiamente sexuado son siempre parte, camino, ordenación a la unión corporal fecunda. La dotación del cuerpo humano sexuado en orden a la fecundidad es muy compleja y no se reduce a los órganos corporales inmediatamente dispuestos para la generación: el cuerpo humano no es sexuado exclusivamente por su genitalidad. La amplitud del dimorfismo sexual es sólo una muestra de la tenacidad con que la sexualidad se inscribe en el cuerpo humano. Esta amplitud de la caracterización sexual del cuerpo origina una gran amplitud en las posibilidades de gestos específicamente sexuales que son expresión y vehículo del afecto sexuado. Pero toda esta variadísima gama de gestos afectivos propiamente sexuados solo alcanzan su significación desde la perspestiva de la unión corporal plena. Los gestos corporales sexuados -las caricias o besos propios de la condición sexuada- son describibles en su acontecer mecánico como hechos concretos y cerrados, pero así no se puede obtener la significación humana. La única significación que tienen la reciben de la unión corporal completa, son o su simulación o su incoación. La posible interrupción se debe a su extensión material, no a su significación que es unitaria y única. El sexto mandamiento en su formulación antigua, "no fornicar", estaba plenamente expresado y tenía la misma amplitud material queen la nueva formulación, "no cometerás actos impuros". Dimensiones humanas afectadas La sexualidad humana podría describirse como una dimensión de donación humana caracterizada por su fecundidad. La sexualidad es una dimensión humana de donación fecunda. Esto hace que en la dimensión humana de la sexualidad, la corporalidad tenga una importancia peculiar y en cierto modo principal: la corporalidad humana está implicada en la sexualidad de una forma determinante. Esto no quiere decir que la sexualidad sea una cualidad exclusiva del cuerpo como el peso o la estatura. La sexualidad es una dimensión propiamente humana que afecta a todos los estratos del ser y que se halla vinculada al ser mismo de la persona en cuanto tal: desde la inteligencia y la voluntad, que son determinadas por aspectos peculiares en su conocer y en su amor, hasta las dimensiones más propiamente corporales. Lo decisivo es que todas las determinaciones que la sexualidad inscribe en la persona humana tienen, directa o indirectamente, referencia a la corporalidad, y más explícitamente a la donación corporal fecunda; o, dicho de otro modo, la sexualidad es una peculiar dimensión de la persona humana justamente en cuanto persona, que existe de modo corporal y fecundo. Conectamos así de nuevo con la sexualidad como medio de reproducción, pero ahora alcanzaremos más implicaciones de esta realidad. La sexualidad está tan fuertemente inscrita en la corporalidad porque la sexualidad es principio de pluralidad. Anterior Siguiente Indice
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