Capítulo 13. Etica de la investigación científica.N. López Moratallab) NORMATIVA DE LA ACTIVIDAD CIENTIFICA De acuerdo con la naturaleza de la investigación científica, su orientación primaria al conocimiento de la verdad y su plena autonomía, se ha tratado de explicitar, en forma de unas normas que guíen la conducta de los investigadores -un código de los científicos-, los valores éticos que deben estar presentes en esta actividad. En 1942, Merton (4) formuló como, normas generales de la actividad científica, los cuatro principios siguientes: Universalismo.- La calidad de un trabajo científico debe ser juzgada exclusivamente en base al mérito científico y a su significación. Las supuestas verdades, sea cual sea su origen, han de ser sometidas a un criterio impersonal, sin que la aceptación o el rechazo de una afirmación dependa de las condiciones personales o sociales de quien la propone. En palabras de Pasteur, "el sabio tiene patria, la Ciencia no la tiene". "Los nacionalistas -señala Merton- pueden borrar los nombres de los científicos extranjeros de los libros históricos, pero sus formulaciones permanecen indispensables para la Ciencia y la Tecnología". Colaboración.- Es necesario que los investigadores compartan los conocimientos adquiridos con su propio trabajo con la comunidad científica, que tiene derecho a ese conocimiento. Los descubrimientos de la Ciencia constituyen una heredad común y el descubridor no tiene derechos especiales de uso y disposición, aunque sí tiene derecho al reconocimiento y estimación de la originalidad, y a que se le respete la propiedad intelectual. De hecho, el avance científico supone la colaboración de las generaciones del pasado y del presente. Desinterés o rectitud de intención.- Se ha atribuido siempre al investigador, como cualidades propias, la pasión por el conocimiento, la curiosidad y la preocupación altruista, y el reconocimiento del trabajo de los demás. El escepticismo organizado.- El trabajo debe ser siempre juzgado provisionalmente y aceptado sólo después de datos fehacientes y comprobados. Esta aceptación se refiere exclusivamente a aquellos interrogantes que pueden ser contestados con el método propio de las ciencias. Años más tarde, Cournard -en colaboración con Zuckerman y Meyer (5,6)- ha reformulado las normas de la Ciencia, refiriéndose explícitamente a la conducta del científico individual, de la siguiente forma: Integridad intelectual y objetividad.- La integridad intelectual es la primera obligación de los científicos. Deben evitar una indisciplinada introducción de los elementos subjetivos en sus percepciones. Deben impedir que su observación de los fenómenos y el análisis de esas observaciones queden penetrados de sus deseos o de sus aversiones. Dudar de la certeza.- Es necesario poner en duda lo que se asegura autoritariamente; es importante el respeto a las autoridades en la Ciencia, pero una actitud de predisposición a las cuestiones aceptadas por las autoridades establecidas en la Ciencia es uno de los primeros pasos en la generación de nuevos conocimientos. Reconocimiento del error.- Las formas más toscas de error pueden evitarse fácilmente. Sin embargo, otras más sutiles pueden ser más difíciles de percibir. El progreso en el conocimiento se ve favorecido por el reconocimiento y la admisión de los errores. Compromiso con la generosidad.- El objetivo del científico es extender los conocimientos e ir comprendiendo el universo, y no asegurar su ganancia personal o promover una particular ideología. Sociabilidad.- Debe respetar y apreciar su dependencia de la comunidad científica. Debe reconocer que el propio trabajo es una parte pequeña de la gran empresa de la Ciencia, y que está ligado a sus colegas en el esfuerzo común por promover e incrementar el cuerpo de conocimientos. Lógicamente, el investigador ha de desarrollar una serie de valores humanos para llevar a cabo su tarea. Entre las cualidades necesarias destacan la constancia, exactitud y minuciosidad, ser inasequible al desaliento y una cierta dosis de imaginación, unido a un temperamento crítico. La integridad profesional del investigador requiere, también, el hábito de aprovechar seriamente los medios disponibles y no caer en el consumismo. En la búsqueda de medios económicos para hacer frente al elevado costo, a veces innecesario, de algunas investigaciones, se puede empezar a hipotecar la libertad; a veces, simplemente, por un compromiso de publicación en un plazo fijo. Anterior Siguiente Indice
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