Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro  
  RECORRIENDO NUESTRO PATRIMONIO  

JUAN DE GOYENECHE Y EL TRIUNFO DE LOS NAVARROS EN LA MONARQUIA HISPÁNICA DEL SIGLO XVIII

El pasado día 26 la Fundación Caja Navarra presentó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando la exposición “Juan de Goyeneche y el triunfo de los navarros en la monarquía hispánica del siglo XVIII”, que se podrá visitar hasta el 27 de noviembre próximo. Posteriormente se exhibirá en la iglesia de las Agustinas Recoletas de Pamplona, entre el 12 de diciembre de 2005 y el 30 de enero de 2006.
El interés de esta muestra, la primera sobre un tema con piezas de patrimonio artístico realizada en la capital de España por una institución navarra, nos lleva a realizar una breve síntesis sobre los contenidos de la misma. Los comisarios de la exposición han sido los profesores García Gaínza y Fernández Gracia y la coordinadora la profesora Andueza, los tres pertenecientes a la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro.

La exposición trata de mostrar a través de imágenes artísticas, obras significativas y documentos la brillantez de un periodo, los años finales del siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII, en que los hombres originarios del reino de Navarra, alcanzaron un inusitado protagonismo en la vida política, social, económica y cultural, bajo la monarquía borbónica. Un fenómeno puesto de relieve por Julio Caro Baroja y bautizado con acierto como “La hora Navarra”.

Frontal napolitano (1665).
Convento de Agustinas Recoletas de Pamplona

Con la llegada de los Borbones sólo Navarra conservó su identidad política, junto con Castilla. Las instituciones del reino, el Consejo Real y los tribunales continuaron funcionando, lo mismo que el gobierno local. Se convocaron sus Cortes Generales en diez ocasiones durante el XVIII, y una Diputación del Reino funcionó ininterrumpidamente el resto del siglo. Una red de aduanas y una moneda propia hacían patente su singularidad. Todo esto no debe entenderse como una casualidad conservadora. Hubiera sido imposible sin un largo proceso previo. Los navarros habían defendido su Derecho y reelaborado su Historia como fundamentos de su identidad en España. Ahora pudieron presentarlos en la Novíssima Recopilación (1735) y en los Anales del Reyno (1684-1715). Y se habían adaptado bien a la nueva Monarquía española. Ni sus instituciones ni su funcionamiento eran, en verdad, las del reino medieval. “La singularidad de la Navarra del XVIII -como escribe A. Floristán- es la del éxito de su transformación paulatina, y no la defensa de una estructura arcaizante”.

En este contexto, destaca la figura de don Juan de Goyeneche (1656-1737), una de las personalidades más relevantes e innovadoras de los reinados de Carlos II y Felipe V. Este baztanés nacido en Arizcun (Navarra) y formado en el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús de Madrid, llegó a ser gracias a su habilidad y tesón administrador secretario de Carlos II y tesorero de su esposa doña Mariana de Neoburgo. Partidario de la causa borbónica, apoyó con sus empresas a Felipe V en la Guerra de Sucesión y continuó mereciendo la confianza regia al ejercer como tesorero de las reinas María Luisa de Orleans e Isabel de Farnesio. De burócrata pasó a ser hombre de negocios, asentista y arrendador de rentas reales. Compaginó estas actividades con empresas industriales como la fundación y construcción de Nuevo Baztán fruto de su mentalidad preilustrada, cuya edificación encargó a José Benito de Churriguera.

Retrato de Juan de Goyeneche
por Miguel Jacinto Meléndez


No obstante, el retrato de Juan de Goyeneche nos lo muestra como un intelectual, en su biblioteca, y con el Teatro Crítico del Padre Feijoo en la mano cuya edición había patrocinado al igual que La Mística Ciudad de Dios de la Madre Ágreda o las obras de Antonio Solís. Faceta representativa de su condición de intelectual fue su amor a la Historia, disciplina que cultivó desde su juventud, con la publicación en 1683 de la Ejecutoría de Nobleza. Antigüedad y Blasones del Baztán. Reunía tertulias en su casa de Nuevo Baztán a las que, según escribe el Padre Feijoo, acudían los ingenios de la época. Goyeneche se dedicó también a empresas editoriales y publicó en su casa La Gaceta de Madrid, el primer periódico publicado en España. El palacio Goyeneche que él construyó, en la actualidad Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, constituye el ámbito propio para esta muestra.

Don Juan de Goyeneche perteneció a la Real Congregación de San Fermín de los Navarros, una agrupación de naturales que integró a todos los navarros residentes en la Corte, con el fin de rendir culto al santo patrono y ejercer la beneficencia. Fue fundada el 7 de julio de 1683, en el reinado de Carlos II, quien se asentó como Prefecto de la Real Congregación en 1684; a partir de él todos los reyes de España ostentarán este título. La Real Congregación tuvo su primera sede en el convento de mínimos de la Victoria, pasó luego al convento de trinitarios de la calle Atocha hasta que contó con capilla propia e independiente en la Casa y jardín que habían sido del Conde de Monterrey, en el Prado de San Jerónimo. La finca fue adquirida por los congregantes en 1744 y acto seguido remodelada la antigua galería para transformarla en capilla que se adornó con suntuosos retablos y esculturas hasta convertirse en una de las más ricas de la corte. Una de sus obras artísticas más destacadas es el Niño del Dolor, legado testamentario de la reina Mariana de Neoburgo.

Niño del Dolor, atribuido a Alonso Cano.
Real Congregación de San Fermín de los Navarros

La Real Congregación atravesó un período de esplendor en la primera mitad del siglo XVIII en la que coincidieron como congregantes ilustres nobles, prelados e importantes hombres dedicados a los negocios, las finanzas o la cultura. Se contaban entre ellos Juan de Goyeneche, sus hijos el Marqués de Belzunce y el Conde de Saceda, Miguel Gastón de Iriarte, Juan Bautista Yturralde, Gerónimo de Uztariz, Juan Antonio de Aldecoa o Juan Antonio Pérez de Arellano, entre otros muchos. Las relaciones y los contactos que se fraguaron entre sus miembros en el seno de la Real Congregación tendrían consecuencias del mayor interés tanto desde el punto de vista religioso como económico o artístico. Importantes fueron los encargos artísticos de los congregantes a escultores como Roque Solano, Luis Salvador Carmona o Pascual de Mena con destino a la capilla madrileña o las que hicieron para enviar como legados a su tierra de origen.
Otras congregaciones de naturales de Madrid han desaparecido en la actualidad, sin embargo, la Real Congregación de San Fermín de los Navarros, convertida en una reliquia histórica, continúa cumpliendo los fines para los que fue fundada.

Retrato de Juan Bautista Yturralde, marqués de Murillo,
por Antonio González Ruiz

Ya, en el territorio del reino navarro, el conjunto de circunstancias favorables, ya referidas, propiciaron el desarrollo de la arquitectura, las artes figurativas y suntuarias. Junto a las instituciones públicas y la Iglesia, destacaron, en el patrocinio de las artes, personajes que se enriquecieron y ascendieron socialmente, prestando sus servicios a la dinastía borbónica en la administración, la milicia o la Iglesia. La formación de sustanciosos patrimonios, especialmente en Madrid e Indias, revirtió en mayor o menor medida en diversos lugares del Reino de Navarra.

Lazo de la Virgen del Sagrario (siglo XVIII).
Catedral de Pamplona

Los cascos urbanos de muchos pueblos se transformaron con la construcción de enormes casas y palacios, inimaginables sin fortunas amasadas allende las fronteras navarras. Maestros navarros perfeccionaron su actividad en la Corte de Madrid y algunos no volverían a la tierra que les vio nacer, como ocurrió al pintor Antonio González Ruiz, que llegó a ser Director de la Real Academia de Bellas Artes.
Destacados proyectos y obras de talleres autóctonos de Pamplona, Tudela y Estella, con aportes foráneos de piezas, constituyen uno de las capítulos más interesantes del patrimonio de la Navarra del Siglo de las Luces, destacando por su importancia la arquitectura civil y el género escultórico de los retablos. La evolución de las tipologías y modelos artísticos estuvo directamente relacionada con la importación de modelos, trazas, proyectos y obras, que llegaron con frecuencia desde diferentes puntos como Roma, Indias, Madrid, Zaragoza y otros destacados focos peninsulares. Todo aquel conjunto de piezas salidas de afamados artistas constituyeron un revulsivo en el Barroco imperante de corte tradicional, que dominaba la producción artística, íntimamente relacionada con las corporaciones gremiales, dando entrada a un arte europeo y, en algunos casos, exótico.

La exposición cuenta con un catálogo de 416 páginas editado por la Fundacion Caja Navarra, que incorpora varios estudios preliminares y unas fichas catalográficas realizadas por profesores universitarios y especialistas de las universidades de Navarra, Complutense de Madrid, Alcalá, País Vasco, Nacional Autónoma de México, CSIC, así como de distintos archivos y museos y de las Reales Academias de Bellas Artes y de la Historia.


María Concepción García Gaínza
Ricardo Fernández Gracia
Comisarios de la Exposición

Pilar Andueza Unanua
Coordinadora

 Universidad de Navarra
 Dirección de contacto: cpatrimonio@unav.es  |  2007