Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro  
  MAYO 2006  

APOSTOLADO DEL PINTOR FRANCISCO PALACIOS

Javier Azanza López
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Al noroeste de Navarra, a lo largo de un término muy quebrado dominado por montes de mediana altura y surcado por multitud de pequeñas corrientes fluviales, se extiende el Valle de Basaburúa, integrado por un total de once pequeñas localidades además del caserío de Aizaroz. Es Basaburúa territorio de yacimientos prehistóricos y sectores dolménicos, enclave de antiguas ferrerías y fábricas de armas, punto de partida de indianos en busca de fortuna y escenario de célebres batallas. Y ha sido también afortunado y celoso depositario de un conjunto pictórico salido de los pinceles de un discípulo del gran Diego Velázquez: el Apostolado de la parroquia de San Pedro de Arrarás, obra de Francisco Palacios.
Fue Francisco Palacios un pintor madrileño nacido en una fecha indeterminada entre 1622 y 1625 que, según nos cuenta Palomino, mostró especial disposición para el género del retrato, pese a que su escasa producción conocida hasta el momento nos lo muestra como un pintor de bodegones y escenas religiosas. En sus bodegones, pintados directamente del natural tal y como recomendaba su maestro Velázquez, emplea una pincelada ligera y vaporosa a base de toques sueltos que salpican el lienzo, en tanto que en sus temas religiosos se muestra más convencional. En los últimos años la figura de Palacios ha adquirido actualidad debido a la atribución hecha a este pintor por Alfonso Pérez Sánchez del famoso lienzo de la Academia de San Fernando El Sueño del Caballero, tradicionalmente considerado de Antonio Pereda debido a la similitud del concepto y atributos con sus cuadros de “vanitas”.
Son muy pocos los lienzos que a día de hoy se conocen de Francisco Palacios, atribuciones incluidas. Por este motivo adquiere mayor realce si cabe la serie del Apostolado conservada en la parroquia de San Pedro de Arrarás y que contribuye a aumentar de manera considerable el catálogo de obras del pintor. El Apostolado realizado por Francisco Palacios se representa conforme a los ideales de la Contrarreforma. Los Apóstoles aparecen de medio cuerpo, ceñidos con túnica y manto, en posición de tres cuartos recortados sobre un fondo oscuro del que surgen poderosas las figuras. Propone el pintor madrileño una representación individual confiriendo a cada imagen una pretendida ilusión de retrato y llegando a alcanzar expresiones llenas de carácter interior y reposado gestualismo. Muestran los lienzos una cuidada iluminación procedente de un foco de luz que incide fundamentalmente en los rostros, pero sin descuidar otros elementos como son manos e indumentaria.
Al igual que sucede en muchos de estos conjuntos, es muy posible que se completase con un lienzo del Salvador, que no se ha conservado; a ello nos induce el hecho de que seis de los Apóstoles giran su cuerpo hacia la izquierda y los seis restantes hacia la derecha, flanqueando a uno y otro lado la figura de Cristo. Todos ellos se identifican, además de por sus símbolos, por el nombre que incorporan en la parte superior del lienzo y en el ángulo hacia el cual se giran, excepto en los casos de Santiago el Menor y de Santo Tomás en los que el nombre aparece a sus espaldas. Algunos incorporan también el Libro de los Evangelios como refrendo de su labor evangelizadora.


San Judas Tadeo. Francisco Palacios (2º tercio siglo XVII)

Entre los Apóstoles que se giran hacia la izquierda, y que por lo tanto en una hipotética reconstrucción se encontrarían situados a la derecha del Salvador, figura San Pedro, que sin duda debía escoltar la imagen de Cristo; ya señalaba a este respecto Francisco Pacheco, partiendo de la autoridad de Juan Molano, que “pide el buen orden de las cosas que Pedro, Príncipe del Senado apostólico, tenga el lado derecho del Señor”. De hecho, la plasmación iconográfica se ajusta en gran medida a la propuesta por el pintor y tratadista andaluz maestro de Velázquez, quien a su vez tomó sus fuentes de inspiración de De Historia SS. Imaginum del ya citado Molano y del Flos Sanctorum de Pedro de Ribadeneyra. No aparece representado como el más viejo de los apóstoles, sino que muestra una edad intermedia entre Pablo, más joven, y su hermano Andrés, de mayor edad. La expresión del rostro, de cuidadas facciones, denota el buen hacer de Palacios. Tiene la frente despejada y cabellos espesos pero no largos a ambos lados, barba corta y redonda, cejas casi despobladas y nariz corva y algo remachada; eleva su mirada de ojos empañados a lo alto, en actitud de contrición tras haber negado a Cristo e implorando el perdón de su pecado. Viste túnica azul y manto anaranjado o de color ocre. De su mano derecha cuelgan las simbólicas llaves del Reino de los Cielos, una de oro y otra de plata, unidas ambas por un cordón, símbolo de su poder de atar y desatar, de perdonar los pecados y excomulgar, que Cristo concediera al Príncipe de los apóstoles, según relata el pasaje evangélico de San Mateo; dichas llaves están juntas porque el poder de abrir y el de cerrar es uno solo.



San Pedro. Francisco Palacios (2º tercio siglo XVII)

El de Judas Tadeo, hermano de Santiago el Menor, es uno de los lienzos más logrados de cuantos configuran el Apostolado de Francisco Palacios. Aunque su atributo más frecuente es una maza, instrumento de su martirio a garrotazos ante una estatua de Diana, en ocasiones es reemplazada por una espada, hacha, alabarda e incluso por una escuadra de arquitecto; así lo apreciamos por ejemplo los Apostolados de Gerad Seghers, Anthon Van Dyck o del taller de Murillo, y así ocurre en la presente ocasión. Casi semioculto por el manto, sostiene en su mano izquierda el libro de los Evangelios como testimonio de su predicación de la doctrina cristiana en Siria y Mesopotamia junto a San Simón. La expresión del rostro, de cuidadas facciones y mirada entornada hacia lo alto, denota el buen hacer de Palacios.

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