Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro  
  CURSO DE VERANO 2009  
  "ACERCAR EL PATRIMONIO. ESTELLA, ARTE Y CAMINO"  
Memoria, identidad e imagen de Estella en las artes plásticas de los siglos XIX y XX
D. José Javier Azanza López. Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro


Innumerables artistas de los siglos XIX y XX, escultores y pintores, fotógrafos y grabadores, han dejado testimonio a través de sus obras de la historia y personajes de la ciudad de Estella, de sus costumbres y tradiciones, de sus edificios monumentales, calles y plazas.
La huella de la memoria ha quedado plasmada en el recuerdo a acontecimientos y personajes históricos, entre los que no faltan la última Guerra Carlista, las visitas reales de Alfonso XIII, o la conmemoración del IX Centenario de los Fueros de la ciudad, en el monumento del escultor cascantino Manuel Clemente Ochoa. Otro escultor navarro, el roncalés Fructuoso Orduna, concibió en 1924 un monumento a fray Diego de Estella que finalmente no se llegó a ejecutar.

Manuel Clemente Ochoa. Monumento al IX Centenario de los Fueros


La identidad de la ciudad permanece viva en sus costumbres y tradiciones. Es el caso de las lavanderas estellesas, estampa típica de las primeras décadas del siglo XX a la vera del río Ega y motivo de inspiración para muchos pintores y fotógrafos, entre ellos Gustavo de Maeztu y el burgalés Eustasio Villanueva. O de las ferias y mercados, actividad estrechamente ligada a la ciudad desde sus orígenes, que tan bien han sabido plasmar los pinceles de Jesús Basiano y Eugenio Menaya o la cámara fotográfica de Nicolás Ardanaz. Seña de identidad resulta igualmente la figura del auroro, cuyo monumento se convierte en Estella en sentido homenaje a Adriano Juániz y a las propias raíces de la ciudad.

Gustavo de Maeztu. Puente de San Juan

Jesús Basiano. Mercado de Estella, 1950-55

La imagen de Estella se traduce en el paisaje de la ciudad y su entorno natural: las monumentales iglesias medievales de San Miguel y San Pedro de la Rúa, las estrechas y atrayentes callejas que conforman su caserío, las plazas y paseos que acogen la actividad humana; o la solemnidad de Montejurra que la domina y protege, el pausado curso del río Ega, y la vecindad de la sierra de Lóquiz, toda esta riqueza se ofrece a pintores y fotógrafos de que han sabido captar su visión personal de la ciudad. El paisaje estellés se plasma así en el matizado cromatismo de Jesús Basiano, en la fuerza expresiva de los apasionados empastes de Florentino Retana, y en la atmósfera de lejanía y silencio de Pedro Salaberri. En la luminosidad y síntesis postimpresionista de Fernando de Amárica, en la geometría cezanniana de Gaspar Montes Iturrioz, y en la abundancia de matices y sinfonía de atmósferas de Joaquín Ilundáin. En la pincelada fuerte y enérgica de Jesús Lasterra, en el lirismo refinado e intimista de Francisco Bengoa, y en la interpretación vigorosa y consistente de José María Ascunce. En el sentido cromático de Inocencio García Asarta, en el paisaje humanizado de Pedro Lozano de Sotés, y en el ambiente limpio y cristalino de César Muñoz Sola. En fin, Estella se nos aparece igualmente a través del objetivo de fotógrafos como José Ortiz-Echagüe, el Marqués de Santa María del Villar, Pedro Ledesma, Asenjo o la Sociedad Laurent y Cía, todos los cuales captaron con su cámara los monumentos y lugares de interés de la ciudad.

Florentino Retana. Estella desde la cruz de los castillos

Jesús Lasterra. Estella en invierno, 1963

Joaquín Ilundáin. Montejurra. 2004

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