Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro  
  CONFERENCIA  
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La Real Congregación de San Fermín de los Navarros en su CCCXXX aniversario
Dña. Pilar Andueza Unanua
Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

En la Villa y Corte de Madrid, transformada en el prototipo de ciudad conventual barroca, nació el 7 de julio de 1683 la Real Congregación de San Fermín de los Navarros, reinando Carlos II, quien se convirtió en prefecto perpetuo. Además de parroquias y numerosos cenobios masculinos y femeninos, fueron muchos los hospitales, cofradías y congregaciones que proliferaron por entonces, bien de tipo general o bien gremial, así como de los naturales de otros países o de otras zonas de la Península Ibérica. Se trataba de una institución de carácter religioso, benéfico y asistencial que reunía a los navarros que vivían fundamentalmente en la Villa y Corte, pero también en Indias. Quedarían unidos bajo un elemento común, la devoción a san Fermín, el amor a su tierra de origen, el reino de Navarra, así como el deseo de contribuir benéficamente con los navarros que se encontraran en apuros.

Un año después se aprobaban sus constituciones que serían reeditadas en el siglo XVIII. La institución, encabezada por un prefecto, estaría gobernada por una Junta particular.


Grabado de San Fermín, obra de Juan F. Leonardo, publicado en las Constituciones de 1684


El periodo de mayor esplendor lo alcanzó la institución durante el Siglo de las Luces, coincidiendo con lo que Julio Caro Baroja denominó “hora navarra del XVIII”, momento en el que muchos de los congregantes lograron una magnífica posición económica y social al convertirse en relevantes hombres de negocios y acceder a altos cargos del gobierno y del ejército, de la mano de la nueva dinastía borbónica, como pago a su incondicional apoyo en la guerra de Sucesión. Entre los hombres más destacados se encontraron Juan de Goyeneche, sus hijos y sus sobrinos, Juan Bautista Iturralde, Miguel Gastón de Iriarte, Jerónimo de Uztáriz y otros muchos apellidos como los Lavaqui, Aldecoa, Jáuregui, Arizcun, Iturbierta, Mendinueta, etc., muchos de ellos procedentes del valle de Baztan. De hecho, el marqués de Saltillo afirmaría en relación con este fenómeno: “a comienzos del siglo XVIII Madrid estaba dominado por navarros, y más propiamente oriundos de Baztán”.

La primera sede de la congregación radicó en la capilla de la Soledad del convento de la Victoria de los padres mínimos de San Francisco de Paula, situado en la carrera de San Jerónimo, cerca de la Puerta del Sol. Allí se veneraba la reliquia de la cabeza de san Fermín, y allí era costumbre que acudieran los navarros residentes en Madrid en las festividades del 7 de julio y del 25 de septiembre para honrar a su patrón. La presencia de la congregación allí fue efímera y en 1685 se buscó otra sede que se halló en el convento de los Trinitarios de la calle Atocha. En su nuevo altar los navarros colocaron una talla del santo realizada en 1686 por el escultor navarro Roque Solano, también congregante, a quien algún tiempo después se le encargó asimismo una imagen de san Francisco Javier.

Allí permanecieron hasta 1744, momento en el que sus miembros, deseosos de tener una sede propia, adquirieron la casa y jardines que los herederos del conde de Monterrey tenía entre el Prado de San Jerónimo y la calle del Turco. Allí adecuaron como capilla una galería de la mano de José de Almelda, convirtiéndose en uno de los conjuntos más suntuosos del barroco madrileño, al ser dotada de un extraordinario conjunto de retablos realizados por el mazonero Domingo Martínez de Arribas que acogieron numerosos bultos salidos de las gubias de Luis Salvador Carmona y patrocinados por diversos congregantes devotos. La congregación también se nutrió con otras obras como el Niño del Dolor, atribuido a Alonso Cano, un lienzo de San Fermín de Jiménez Donoso o los dos patronos de Navarra del pintor novohispano Juan Correa.


San Fermín, obra de Ximénez Donoso, conservado en la Real Congregación de San Fermín de los Navarros



El azaroso siglo XIX fue una época de decadencia para la congregación que vio descender su actividad y envejecer sus instalaciones. La construcción del Banco de España en el solar colindante y una magnífica oferta económica de aquella institución bancaria fue aprovechada por su junta rectora para vender las instalaciones en 1885 mientras se buscaba un solar adecuado donde levantar la nueva sede de la congregación. El lugar se halló en el barrio de Chamberí, concretamente en el paseo del Cisne, hoy paseo de Eduardo Dato. Allí se construyó una iglesia siguiendo el proyecto de Carlos Velasco y Eugenio Jiménez Corera, que optaron por un lenguaje historicista de cuño neomedievalista, donde fusionaron elementos neomudéjares y neogóticos, muy asociados a la restauración alfonsina. Consagrado solemnemente el 6 de julio de 1890, el templo acogió todos los retablos y esculturas procedentes de su anterior sede, junto con los ajuares litúrgicos. En 1936, al estallar la guerra civil, la iglesia fue transformada en cuartel por los milicianos y todo su patrimonio artístico fue aniquilado. Finalizada la contienda, la congregación se esforzó por devolver al templo su dignidad. Retornaron los franciscanos y poco a poco fue repuesto el exorno, presidido por un retablo instalado en 1961 con una escultura de san Fermín realizada por Fructuoso Orduna.


Retablo mayor, diseñado por José Yárnoz Larrosa,
presidido por una escultura de San Fermín, obra de Fructuoso Orduna



El año 1995 el conjunto de San Fermín de los Navarros fue declarado Bien de Interés Cultural del Patrimonio Histórico Español.

Hoy, 330 años después de su fundación, la congregación sigue viva y fiel a sus principios fundacionales como una institución cristiana, benéfica y asistencial.

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