Paciente y maestro
Es bien conocida en Medicina la máxima que dice que ‘no hay enfermedades, sino enfermos’. Pues bien, poco se puede añadir a esta frase, salvo la propia experiencia. Cada día me he ido dando cuenta de que la teoría no siempre se cumple, que cada caso es único y que por tanto, de cada paciente se puede aprender mucho. Y especialmente los estudiantes de Medicina, que todavía no tenemos la destreza suficiente y cada paciente es un auténtico reto para nosotros.
Hacer que los pacientes sean conscientes de su papel como ‘formadores’ de futuros médicos ayuda a que se presten a colaborar en la enseñanza, siempre de forma libre y voluntaria y agradeciéndoles su labor. Además, escuchando sus preguntas, sus quejas y lamentos, siendo atentos a cómo llevan su enfermedad, se aprende la Medicina que no es susceptible de ser plasmada en un libro, la Medicina ‘más humana’.
Uno de los días que pasé en el área de ecocardiografía tuve la oportunidad de ser yo mismo quien realizara la prueba, previo aviso y permiso del paciente, que acudía para control evolutivo. El paciente, mientras le iba realizando la ecografía, bajo la supervisión del residente a cargo, me contó que después de tantos ecocardiogramas, él mismo se había vuelto un ‘experto’ en su corazón. Tanto es así que para adquirir el plano apical de cuatro cámaras, y al ver que yo tenía cierta dificultad, el paciente me tomó la mano con la que manejaba el transductor y me dijo ‘donde mejor se me ve es aquí’. Yo no pude sino reírme y agradecerle su ayuda.


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