DERECHOS HUMANOS: precedentes intelectuales

Tradición jurídico-romana

El cuerpo de derecho civil romano (Corpus iuris civilis) pone un segundo pilar para la arquitectónica de los derechos del hombre y del ciudadano. El derecho civil romano que nos ha llegado por la recopilación de Justiniano en el siglo VI en lo que conocemos como Corpus iuris civilis, estaba formado por cinco libros (las Instituciones de Justiniano, el Digesto –el cuerpo más extenso–, Código y Novelas o nuevas leyes) y en él encontramos una primera versión práctica de los antecedentes de los derechos humanos por dos motivos: primero, porque en él encontramos la neta distinción entre el derecho dirigido a personas o sobre cosas, marcando una neta distinción en los derechos aplicables y debidos a cada uno de esos ámbitos, lo cual señala una clara incomunicación entre cosa y persona destacando la dignidad propia de ésta última. Además, se da una detallada definición del ciudadano, sus obligaciones y derechos en los distintos ámbitos regulables. O, finalmente, en la determinación del hombre como sui iuris, para el que “la justicia” significa la acción de darle lo que le corresponde de suyo “suum cuique tribuere”.

También se encuentra en él la distinción (que retoman los teólogos medievales, como San Isidoro de Sevilla y la legislación canónica) entre derecho civil, natural y de gentes. Por derecho natural, según Ulpiano, retomando la formulación ciceroniana, entendemos el derecho que la naturaleza enseña a todos los seres animados; o según Paulo, los principios apropiados a la naturaleza del hombre, e inmutables apropiados a lo justo y lo bueno. El derecho de gentes (ius gentium) es común o compartido por distintos pueblos (romanos y extranjeros, según Gayo). Ambos son distintos del derecho civil que es el propio de cada pueblo (como en este caso el romano) que detallan lo debido en cada circunstancia de las relaciones de justicia para con las cosas y para con otras personas: la apropiación de la res nullius, los derechos sobre cosas comunes (agua, ríos, orillas…), las obligaciones en las compraventas, testamentos; las obligaciones de los distintos oficios...

Sin embargo, en este legado de Roma a la tradición europea no se encuentran las notas de “universalidad” y máxima extensión, puesto que la justicia romana reconoce la dignidad personal limitada al cives, al ciudadano, aunque por influencia del estoicismo comienza a plantear la realidad de un “derecho natural”, ni teorizó ni buscó dicha universalidad, puesto que dicha dignidad y derechos son exclusivos de unos pocos, los ciudadanos, dejando fuera a siervos y esclavos. La esclavitud, pese a que no sería “natural”, se encuentra introducida por el derecho de gentes.

La gran aportación del derecho romano reside en que más allá de su aplicación durante la efectiva ocupación política romana –que tuvo unas fechas muy concretas para su consolidación y luego decaimiento–, forjó una identidad común y las directrices de convivencia: las leyes y derechos de propiedad, apropiación, compraventa, préstamos… La moderna ciencia jurídica tiene su fuente en la propuesta del cuerpo de derecho civil que es compendiado y comentado desde el siglo XI. Las glosas y comentarios al Corpus iuris civilis, crearon un contexto de reflexión sobre la realidad jurídica y su aplicación a las comunidades que habitaron durante trece siglos, la transición del mundo antiguo al moderno.

 

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Universidad de Navarra
Textos: Idoya Zorroza
Fotografías y diseño: María Calonge e Inmaculada Pérez

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